Colombia
Km 133.765

Regresé a Colombia vía Puerto de Santander, que se separa de Venezuela por medio del Puente Internacional Unión. Allí no hay control migratorio por ello cuando pasé por Cúcuta, (60 km de Puerto Santander) tuve que regresar a Venezuela para que me sellen la salida del país y el ingreso a Colombia.

A partir de allí, la ruta comienza a subir, desde los 320 msnm hasta los 3.300 msnm en tan solo 130 km. Allá arriba, en el páramo de Berlín la temperatura puede llegar a -5ºC y porque los diminutos cuartos para dormir cuestan el equivalente a dos platos de comida, la opción de descansar en una cama es casi una obligación.

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Páramo de Berlín

Para los viajeros en bicicleta Colombia puede llegar a ser el paraíso o el infierno. Los Andes Colombianos que cruzan el país de suroeste a noreste se dividen en tres ramales conocidos como las cordilleras Occidental, Central y Oriental, que a su vez dan lugar
a numerosos valles, cañones, mesetas y un sistema fluvial cuyos principales ríos son el Cauca y el Magdalena. Ésta es la zona más poblada y económicamente más activa del país.

Camino a Bucaramanga la ruta desciende 50 km de forma desquiciada. Debido a las obras y la cantidad de camiones la ruta se vuelve peligrosa para los que bajan, y seguramente un verdadero martirio para los que suben. No se la recomendaría a nadie.

En la ciudad capital del departamento de Santander me recibió Duque uno de esos colombianos que tienen pasión por recibir viajeros de bicicleta y que sueña con salir a la ruta por largo tiempo. Profesor de arte y pintor, en aquellos días Duque también recibía a otro ciclo-viajero argentino que pedaleaba hacia Alaska, Andrés Fluxa.

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En casa de Duque con amigos

“Antes de realizar este viaje hice otros dos viajes para experimentar, el primero de 3 días y el otro de 15, pero fue un desastre. Era todo improvisado, me faltaban cosas, sobraban otras y no disfruté para nada. Después abandoné la idea de viajar en bicicleta por dos o tres años. Pero en el 2012 sentí que necesitaba un cambio en mi vida, estaba aburrido. Sentía que el mundo estaba ahí afuera, que había aventura y que yo me la estaba perdiendo. El proyecto inicial fue pedalear Argentina, desde Ushuaia hasta la Quiaca pero a partir de diferentes encuentros con viajeros y luego de superar unas crisis que tuve al principio por Río Gallegos y Calafate con mucho viento de frente, me fui acomodando y ganando confianza. Así surgió la idea de continuar hasta Alaska, por ello desde la Quiaca regresé a mi ciudad, Cañada de Gómez, me organicé un poco, renové el pasaporte, saqué la visa de EE.UU. y partí hacia la aventura. Tenía un presupuesto de 10 o 12 USD por día, pero en Argentina aumentó el dólar, el gobierno colocó un impuesto del 35 % a las extracciones y perdí parte de la entrada fija que tenía. Entonces mi presupuesto cayó a 5 USD por día, pero comencé a vender fotos postales en el camino y por suerte me va bien. Mi técnica para vender postales ha sido casi siempre en la ruta, a quienes se me acercan preguntándome por el viaje. También paraba en restaurantes caros, donde veo autos bonitos estacionados, me acerco a las mesas o intercepto a la gente en la entrada. En la ruta uno está solo, traspirado demostrando sacrificio, empeño y esfuerzo. La bicicleta es mágica, para todo, para conseguir alojamiento, para hacer amistades y para vender postales. Hoy llevo un año y siete meses desde que partí de Ushuaia y ya no sé si mi destino será Alaska”.

Durante una semana compartí ruta con Andrés, pedaleamos la interminable subida del cañón de Chicamocha, acampamos en el medio del campo o donde pudimos para cubrirnos del frío. También compartimos lugares de venta en Villa de Leyva y en Bogotá, donde creo que Andrés entendió que no hay mejor lugar para vender que en las ciudades los fines de semana. Allí las plazas se llenan de gente que apoya historias loables y las ventas se multiplican.

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Con Andrés en Villa de Leyva

Tras varios días de venta Andrés consiguió el dinero del pasaje a Panamá y un buen ahorro para arrancar con Centroamérica. El día de su partida me llamó desde el aeropuerto de Bogotá preocupadísimo porque por no tener pasaje de salida de ese país no lo dejaban embarcar. Siendo yo un profesional en el tema, salté de la cama y tuve que salir a un internet para comprarle en tiempo record un pasaje de avión de Panamá a Costa Rica. El trámite es bien sencillo, a través de expedia.com uno puede comprar un pasaje y cancelar la compra dentro de 24 hs, sin costo alguno. Ese es el secreto para lidiar con las compañías aéreas que no simpatizan con los viajeros.

Durante nuestra estadía en Bogotá nos recibió Camilo Rey, un ciclo-activista que ama todo lo que tenga que ver con la bicicleta. Jugador de bikepolo y de gran corazón siempre está dispuesto a dar una mano a aquellos que llegan pedaleando. Camilo, junto con la gente de Impact Hub y diferentes grupos de ciclismo urbano organizó una charla donde hice una presentación del viaje. “Bogotá es una ciudad que se caracteriza por sus procesos entorno al uso y fomento de la bicicleta”, me explicaba Camilo. Es la ciudad con la red de ciclovías más grande de América latina, ya supera los 400 km”.

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Charla en Bogotá

En Colombia, 14ochomiles, es una cadena de tiendas que se especializan en artículos de camping e indumentaria para actividades al aire libre, allí me recibieron Pablo y Héctor, que al conocer mi viaje no dudaron ni un minuto en brindarme una tienda de campaña y la indumentaria que necesitaba.

De Bogotá la ruta siguió hacia Medellín, con más bajadas que subidas, con mucho tráfico, y algunas lluvias. En el camino dormí en hoteles baratos, acampé y también les golpeé la puerta los bomberos de Villeta que me prestaron una cama.

En la ciudad de Medellín me recibió Carlos Carvajal, un referente en el cicloturismo de Colombia, que viajó durante casi dos años en bicicleta por casi todo Sudamérica. Carlitos es una de esas personas que recibe a cuanto ciclo-viajero se le cruce. Él junto a otro amigo, Diego Duque supieron organizar una charla acerca de mi viaje. Allí el paisa, como es conocido el oriundo de Medellín, dijo presente a la hora de darme una fuerza para que siga camino.

Me llamó la atención la cantidad de estudiantes colombianos que conocí y que estaban por viajar para estudiar en Argentina, o que ya habían estado allí. Según Manuel, mi compañero de piso licenciado en Ciencia Política, la UBA (Universidad de Buenos Aires) está considerada como la tercera mejor universidad de América Latina, después de la UNAM (México) y la USP (Universidad de San Pablo, Brasil). “En Colombia el costo de la Universidad depende de tu nivel socio económico” me dijo “mientras que en la UNAL (Universidad Nacional de Colombia) yo pagaba el equivalente a 500 USD por semestre tenía un compañero que pagaba 100 USD. Daniel, su amigo, graduado como traductor inglés/francés/español me dijo: “hacer la maestría en lenguas extranjeras y literaturas comparadas en Colombia cuesta 2.500 USD por semestre, pero dentro de los programas de movilidad estudiantil en México la misma maestría cuesta l.000 USD y en Buenos Aires 250 USD. La semana que viene viajo para Argentina y estaré allí dos años y medio”

De Medellín yo también volé para Buenos Aires, en mi caso solo para hacer un break, descansar, recuperar peso y visitar la familia y amigos. También junto a la gente de Halawa estuve en la Expo bici promocionando mi documental. En mi regreso a Colombia aproveché las fiestas de fin de año para vender en las calles de Medellín, y así juntar el dinero que necesitaba para volar y recorrer las Antillas, mi próximo destino.

Colombia no es el país de narcos y de violencia que la mayoría de las veces la prensa internacional tanto desea mostrar. Yo no vi esa parte, no es esa la imagen que me queda de este país. Lo que si me queda son amigos, el colombiano es un tipo amigable, hospitalario y generoso. El colombiano es buena onda, es buena gente.

Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo