Camino a Atenas – Km 52.046

El ferry que me tomé en Italia me dejó en Patrás, según me explicaron una ciudad que sirve como punto de arribo al país y sin muchas cosas para ver. Y como era fin de semana desembarqué con la idea de trabajar y vender mis fotos o mis muñequitas en la vía pública; pero no pude porque sus calles principales estaban vacías, hacía frío y llovía de ratos.

Por ello sobre la tarde cuando el tiempo mejoró, encaré la ruta hacia Atenas. Pero varias veces tuve que detenerme y esperar que la lluvia me deje avanzar. Cuando en la noche llegué a Marathias, una pequeña población sobre el mar, me hospedé en un hotel donde sus dueños y sus clientes me compraron tantas muñequitas como esperaba vender aquel domingo, entonces debido al mal tiempo me instalé allí durante tres días, donde trabajé un poco para la web. Y la verdad que me trataron como a un gran invitado, especialmente a la hora de comer.

Nuevamente en ruta, acampé cerca de Galaxidi, y al día siguiente, tras una breve visita en Itea, me dirigí a Delphi, el lugar donde los antiguos pensaban que era el centro de la Tierra. Delphi era célebre por ser una de las moradas de Apolo y desde finales del siglo VIII a.C. empezaron a acudir fieles a rendirle culto y a consultar el oráculo. Según me explicaron, sus ruinas están consideradas entre las más importantes del país, pero al no haberlas visitado con un guía no pude disfrutar de toda su historia ni sus grandes obras, y por momentos todo me pareció un rejunte de piedras con un par de columnas, por lo que encima te cobran 9 euros para entrar.

Recuerdo a los chicos italianos que les pregunté al respecto antes de comprar el ticket, y me convencieron diciéndome: “Es bellísimo!!!”

Así es el turismo en Europa, mucha gente viaja y visita sola ruinas, monumentos, iglesias o palacios. Y luego son muy pocos los que realmente pueden hacer un comentario sobre el lugar. Obviamente al no haber estudiado arte o historia, la mayoría de la gente apenas se lleva unas cuantas fotos como recuerdo, al mejor estilo japonés.

Me cuesta aceptarlo, si las ruinas, los monumentos o galerías son patrimonio nacional por los que están orgullosos de su historia, sus entradas deberían ser simbólicas, o al menos que por ese precio incluyan algún tipo de servicio, como una grabación informativa en el idioma correspondiente o un servicio de guía sin costo. En casi todos los países de Europa, los ingresos para cada uno de estos lugares rondan los 10 euros.

Nuevamente en ruta, mi camino a la capital, fue más difícil de lo que esperaba, porque durante casi 30 km, pedaleé cuesta arriba, hasta Aráhova, un pequeño pueblo con su mayoría de sus construcciones de piedra situado a los 1400 mts de altitud. Y su gente no me pareció nada servicial, me resultó muy difícil encontrar un lugar para comer, porque a la gente del lugar no les gustaba que les preguntase en inglés.

Pero finalmente, tras otros dos días de ruta, y mucho viento en contra, llegué a Atenas.

Atenas

Atenas es una ciudad gigante, según me explicaron lleva habitada 7.000 años. Y a mi llegada me sorprendí porque creía que iba a encontrarme con una ciudad vieja, y fue todo lo contrario, porque la capital del país tiene grandes avenidas, sus edificios públicos todos restaurados y muchos lugares verdes que embellecen la ciudad.

Como era fin de semana, aproveché para ir a Monasteraki, uno de sus principales mercados, para juntar un poco de dinero realizando alguna de mis ventas. Pero allí tuve algunos problemas, porque enseguida que expuse mi bicicleta con el mapa y algunas de mis fotos, los vendedores que estaban vecinos a mí, pese a que yo no bloqueaba sus vidrieras, me echaron del lugar. Era obvio mi bicicleta llamaba mucho la atención y mucha gente se detenía para conversar conmigo. Por ello tuve que correrme 5 veces y discutir con todos los que me echaban. Finalmente me ubiqué en un lugar abierto, y aunque no fue lo mismo, realicé varias ventas.

Durante la semana contacté a Nova, la televisión a cable cuyos dueños son Sudafricanos y quienes ya me habían sponsoreado en algunos países de África. Y como tenía el contacto que traía desde Kenia, lo llamé, y a través de su gente de marketing bastaron pocos días para conseguir su apoyo al proyecto.

Con Luis y NikoTambién contacté la Embajada Argentina, donde su Cónsul y su gente me trataron muy bien. A través de ellos llegué a Luis, un argentino que viajó mucho, amante del tango y que vive desde hace 7 años en Atenas. Luis tiene una academia de baile y hace poco abrió “El Bandoneón” un restaurante fino, con show de tango y donde los domingos se arma Milonga. Y fue en una de sus milongas donde Luis organizó una rifa y vendió tantos números como presentes había para recaudar algo de dinero para mi viaje. Y fue muy gracioso, porque Él cortó el baile y yo entré con la bici al medio de la pista y me presentó como una persona muy importante. Luis se portó de 10.

También a través de la Embajada llegué al Señor Lemos, otro argentino que vive en Atenas desde hace mucho y quien trabaja como importador de varios productos. Él también contribuyó con el proyecto. Pero lo mejor que uno de sus productos es el dulce de leche San Ignacio, y comerme en Atenas un kilo de dulce de leche a cucharadas fue una de mis mayores placeres.

Durante mi estadía en Atenas visité tres periódicos y me hicieron una entrevista para la televisión, y que mala suerte, en un descuido mientras estaba en el Restaurante Argentino me robaron la cámara de fotos. Había dejado 5 minutos la bici con todo su equipaje en la puerta, y algún cabrón me abrió uno de mis bolsos y me robó la cámara.

5- La AcropolisMis últimos días en Atenas sirvieron para buscar y comprar una nueva cámara de fotos, e también entre un caótico tránsito debido a las diferentes protestas que contaba la ciudad hice un poco de turismo, así visité los jardines nacionales (lo que más me gustó), la parte antigua de la ciudad: Plaka, el Templo de Zeus y también la Acrópolis, que fue construida como parte del proyecto urbanístico a mediados del siglo V a.C.

Todavía recuerdo aquel griego cuando se enfureció conmigo porque al acercarse a mi bicicleta le pregunté si hablaba inglés. Tras unos minutos de charla, al saber que era argentino me dijo: “No me gusta hablar inglés, y no me gusta que sólo podamos comunicarnos en este idioma. Estos americanos e ingleses nos quieren imponer todo, su modelo de política y también de comercio; parece que no se acuerdan que cuando ellos vivían todavía en cavernas, nosotros ya éramos personas civilizadas, porque ya teníamos un concepto de ciudad y ya nos sentábamos en la mesa y comíamos con cubiertos”.

También pasé por la embajada a saludar y agradecer por todo, y que episodio me tocó vivir allí. Porque el Embajador, Raul Ricardes pidió que lo esperase ya que deseaba conocerme. Por ello lo esperé media hora y luego me hizo pasar. En principio me pareció muy amable; aunque en vez de preguntarme cosas sobre mi viaje me contó sobre sus viajes. Por ello, en aquel momento me vino a la mente el consejo de uno de los argentinos que conocí en Atenas: “cuando tengas la posibilidad de estar frente a un embajador, no tengas vergüenza, y pedile una contribución para tu proyecto, total el “no” ya lo tenés” Y así lo hice, lo llamé a contribuir; pero el embajador se puso muy nervioso y me mostró su billetera vacía y me dijo de la manera más diplomática: “Si, como no, una contribución puedo hacer, pero debo pasar por el banco y mañana te pasas por aquí, pero primero llámame”.

Pero luego ya no me atendió más, pese a que lo llamé 4 veces; y el último día me lo crucé momentáneamente en la puerta de la embajada y no me saludó, haciéndose el que no me vio. Según me explicaron, estaba muy nervioso, porque ya se regresaba a Argentina para trabajar en el Ministerio. Hubiese preferido que me diga: “muchacho, me gusta lo que haces, pero aquí, cada dos por tres, tengo a alguien que me pide plata por uno o por otro motivo, y no puedo ayudar a todos”. Así hubiese sido más sincero.

Y la Cónsul, tuvo que poner la cara, pero “siempre es así” me dijo Niko que vive en Atenas desde hace muchos años, “es ella la que siempre pone la cara”.

Pero aprendí la lección, nunca más me voy a exponer tanto, es mejor utilizar la embajada para pedir contactos de empresas que pedirle plata a los embajadores.

Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo