Cruzando la frontera – km 28.330

Tras un trámite sencillo que duró dos días, conseguí mi visa en Etiopía para ingresar a Sudán. Ingresé por Gallabat, un pequeño poblado que se encuentra en la ruta principal de quienes atraviesan África. Casi todos los que viajan desde Nairobi hasta El Cairo, o viceversa, toman este recorrido, es decir, desde Etiopía a Sudán, y así evitan los conflictos del sur del país, o la otra ruta que en vano tomé hacia Eritrea.

Apenas crucé la frontera, me indicaron que la visa no era el único requisito para ingresar al país, que debía registrarme y, por supuesto, pagar un importante valor. La visa de Sudán equivale a dos visas de cualquier otro país africano, ¡pero parece que esto no les alcanza!

Pedalear por Sudán no es fácil. Desde las montañas de Etiopía fui descendiendo hasta una gran planicie que se extiende hasta la frontera con Egipto. Hacía mucho calor, ¡y todo lo que no es desierto es un semidesierto!

La gente del interior es respetuosa e indiferente. Cuando llegaba a algún poblado, nadie se me acercaba; asimismo era muy difícil comunicarse, por ello, cada vez que necesitaba alguna información, agua o comida debía dirigirme hacia algún grupo. De esta manera, las posibilidades de entendernos eran mayores.

La comida típica en el interior es un plato de porotos que, según sus costumbres, trituran con una botella; luego le ponen un poco de queso, un huevo duro, sal y aceite, y también se lo acompaña con carne. Otros vendían leche que tenían en grandes cacerolas.

Khartoum, la capital

Cuando llegué a Khartoum tuve problemas para encontrar alojamiento. No tenía datos sobre la ciudad y no conocía ningún hotel para hospedarme. Me dirigí al centro y lo recorrí durante más de dos horas. Allí visité al menos 10 hoteles, pero todos estaban completos, en ninguno de ellos había lugar. Me pareció, después pude confirmarlo, que se trataba de una forma de discriminación.

Finalmente conocí a Midhat, un tipo distinto que tenía como hobbie el ciclismo y que comenzaba a trabajar con grupos de turistas, organizando excursiones o recibiendo grupos de Europa. Debido a los problemas con mi carpa y mi mala suerte para conseguir un hotel disponible, Midhat me prestó su carpa y me indicó un camping que estaba sobre el río Nilo.

Khartoum tiene una población de más de 3 millones de habitantes, y casi todos son musulmanes. Si bien no se debe juzgar a toda una población por determinados acontecimientos, a veces ellos suelen dar una pauta de cómo es la misma.

De los pocos días que me quedé, recuerdo varios momentos en los que me sentí muy molesto. Una mañana me encontraba tomando una foto en una de las calles principales, cuando recibí un fuerte golpe en el brazo. Un hombre comenzó a gritarme que no podía sacar fotos; yo no reaccioné. Pero en seguida se acercó mucha gente y algunos intercedieron por mí: se armó una enorme discusión y unos pocos le decían al hombre que me había pegado que me dejase tranquilo. Inmediatamente me aconsejaron que me fuera, como si hubiese cometido un crimen, y aunque me sentía libre de toda culpa no lo dudé. Entonces, como quien se esconde por estar en infracción, me zambullí en el amontonamiento de gente y desaparecí.

Otro día no muy feliz fue el que pasé haciendo trámites para el departamento de migraciones, porque a pesar de que tenía mis papeles al día, me informaron que debía registrarme nuevamente para documentar mi estadía en la capital, con el fin de poder dejar, posteriormente, el país.

En Sudán el turismo casi no existe, para cualquier cosa hay mucha burocracia y poca información. Para comprobarlo, bastó conocer a un inglés que viajaba para una editorial, con el fin de levantar información y escribir la primera guía de viajes del país.

En muchos momentos me sentí solo y perdido. La gente es rara. Ante una consulta mucha gente me contestaba descortésmente: “No hablo inglés. Pero casi siempre encontré a alguien que me diese una mano, aunque antes de decirme: “Hola”, me preguntaban de qué nacionalidad era. Y, a veces, …la suerte de ser argentino me favorecía. Enseguida se echaban una sonrisa y me decían “Maradona!!!”

Al promediar mi estadía en Khartoum, fui comprendiendo su idiosincrasia. Midhat me explicó que para andar por la ciudad libremente, tomando fotos o filmando, es mejor portar un permiso. Ciertamente me dijo: “Muchas cosas para el turista son desgastantes, pero el no portar cualquier permiso puede darte un problema”.

Para información turística

Midhat Mahir (GlobTours) – Organización de Turismo Sudanés
Elsayed Abdul Rahman St. 17/4 H West Ground Floor – Khartoum
00 249 11 798 111 / Mobile 012253484
E-Mail: globtours_sudan@yahoo.com

Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo