Km 28.660

Deje Aswan tras varios días de estadía, pero enseguida tuve que regresar. Tras 15 km pedaleados en dirección norte, la policía me detuvo y me llevo de regreso a la ciudad, a pesar de que nada malo había hecho.

Luego me explicaron que desde la masacre de Luxor en 1997, a los turistas se les tiene prohibido movilizarse por sus propios medios o sin custodia policial por determinadas zonas del país. La masacre aconteció en noviembre de ese año cuando seis guerrilleros islámicos disfrazados de policías encerraron a casi cien turistas que bajaban de sus micros para visitar el templo de Luxor, y los acribillaron a tiros.

Por esta razón, convencer a la policía para poder pedalear en soledad este trecho hasta Luxor, fue tan cansador como la propia pedaleada. Y aunque pude hacerlo, la resolución adoptada desde 1997 complicó en parte mi recorrido por Egipto.

En mi primera noche de ruta, llegué a Kom Ombo, un pueblo, no tan pequeño, donde existe un importante templo. Estaba muy cansado y pretendía hospedarme rápidamente en alguno de sus hoteles. Pero no pude, y acabé durmiendo en la calle, justamente en un banco al lado de una garita de la policía. Real, aunque increíble para nosotros, pero los hoteles de Kom Ombo, como los de muchos otros lugares no tan relevantes del país, no pueden hospedar turistas. La ley se los prohibe.

Todo era muy extraño, cada vez que me dirigía a un hotel en el interior, me daba la sensación de que todo estaba teñido por las diferencias de raza y de religión.

Estamos llenos, estamos llenos!!, me gritaban haciéndome gestos con sus manos para que me fuese. Pero tras varias experiencias repetidas supe por medio de un recepcionista que para un hotel en el interior, hospedar a un turista sería motivo de un gran problema.

Claro, la cuestión es que el paso por Kom Ombo está pensado para el turismo internacional como una visita de unas pocas horas para luego seguir rumbo a los puntos más próximos para hacer noche (Luxor al norte o Aswan al sur). Pero ni que a todos los que visitamos Egipto nos alcanzase con una parada breve. ¿Y que hay sobre todo aquello que existe por detrás de estos templos, en las ciudadelas?

Todavía recuerdo aquel hombre que me atendió en su bar no tan cerca del templo y me cocinó lo que su menú no ofrecía, o aquel otro que por más humilde que era, me insistió hasta que le acepté un té con un dulce local.

Así es Egipto desde 1997, la gente en el interior esta aislada y no tiene casi ningún contacto con extranjeros. Ahora entiendo aquel chico de no más de 10 años cuando a la salida de Aswan me acertó con una piedra en la espalda. Mi camino hacia Luxor siempre fue bordeando el río Nilo, entre una vegetación verde tupida y el gran desierto. Su gente me pareció súper amable, era pintoresco verlos cabalgando sus mulas, cargadas y a paso muy lento.

Atravesé decenas de pueblos, muchos de ellos no figuran en el mapa, y a pesar de su sencillez me parecieron los más bonitos. También visité Idfu e Isna, dos ciudades con importantes templos, que también forman parte del circuito turístico, aunque tampoco, se puede pernoctar. Por ello cuando de noche llegue a Isna le pedí a la policía que me acompañe a uno de sus hoteles y pidan por mí. Y fue buena idea. Los del hotel me trataron muy bien y al fin pude dormir en una cama.

Luxor – Km 28.940

Luxor al igual que Aswan, es una de las paradas obligatorias para los cruceros que recorren el río Nilo y también para los que por tierra transitan el largo del país. La ciudad yace sobre la margen este del Nilo y se encuentra a 600 km sur del Cairo.

Tebas, era su nombre original y para los sacerdotes del lugar era el sitio de la creación. En el Reino Nuevo (1539 – 1075 a.C) fue la capital de Egipto; mucho más tarde fue renombrada como Al-Oqsor, o Luxor, que significa la ciudad de los palacios.  En el centro de la ciudad se encuentra El Templo de Luxor, construido principalmente por Amenofis III y Ramsés II; y dedicado al Dios único: Amón Ra.

El Dios Amón era un Dios secundario, una deidad de Tebas y era asociado al aire, pero a partir del Reino Nuevo, se asocia con la divinidad solar Ra, y pasó a llamarse Amón-Ra, siendo el Dios principal del mundo egipcio. Según la idea de la Teogamia, este Dios se reencarnaba en cada uno de los faraones, en el momento de ser engendrados, legitimando así sucesión.

A tres kilómetros del Templo de Luxor, se encuentra el Templo de Karnak, conocido como Iput-Isut, el lugar más imponente. Su construcción fue realizada por Faraones de varias dinastías a lo largo de más de 13 siglos y también fue dedicado al Dios Amón Ra.

Continuando con mi recorrido turístico me dirigí en una felucca al otro lado del Nilo, pero antes tuve que lidiar con sus vendedores, la gran mayoría de naturaleza comercialmente invasiva.

Así es Luxor y así es su gente; no importa la clase de visitante que camine por sus avenidas o en sus callejuelas, el detenerse para curiosear provoca el acoso insaciable de quien busca vender un papiro, una artesanía o un paseo en carroza.

Necrópolis de Tebas

En el lado oeste del Nilo, en el acantilado Deir El Bahri, se encuentra el Templo de la Reina Hatchepsut, la única mujer que gobernó Egipto como Faraona, tras la muerte del Rey Tutmosis II. Este lado del río, estaba reservado para los muertos, aquí enterraban a los altos mandatarios, sacerdotes y oficiales militares en lugares apartados, mientras que a las Reinas se las ubicaba en un valle, “Biban El Harim” que significa el Valle de las Reinas. Allí, la tumba más famosa es la de Nefertari, esposa de Ramsés II, pero también se han encontrado mas de 80 tumbas, entre ellas las de varias princesas de las dinastías XVIII, XIX y XX; y los hijos pequeños de algunas de ellas, así como a cuatro hijos de Ramsés III.

A 1,5 km, en el pie de la montaña de Gourna se encuentra el Valle de los Reyes, donde existen mas de 60 tumbas de Faraones, entre ellas, la de Tutankamón, Ramsés III, Amenofis II y Tutmosis III. De acuerdo con la tradición, cada Faraón llevaba consigo sus riquezas y objetos de los que haría uso en su viaje a la eternidad.

Pero lo extraordinario en las tumbas, son los dibujos que existen sobre las paredes y techos y en las capillas de ofrendas; sus colores bien conservados hacen que estas pinturas parezcan intactas frente al paso de mas de 3000 años.

El circuito turístico del lado oeste del Nilo culmina con los Colosos de Memnón, dos estatuas de 20 mts de Amenofis III; los únicos restos del templo funerario a este Faraón, también de la dinastía XVIII.

Finalmente en el atardecer, concluí mis cuentas con Ahmed, un taxista diligente, le pagué y regresé a mi hotel. Estaba cansado. Claro, me había enfrentado a beduinos con ametralladoras, a policías civiles y a los no civiles; todos pero en distintas escalas eran los responsables de vigilar el área. Fue fastidioso, porque a cada uno que me acercaba, me insistía hasta mi cansancio en fotografiar lo que a ellos les parecía atractivo, para luego pedirme algunos pounds.

Trencitos que van y vienen para abordar los monumentos, centenas de turistas que invaden a cada uno de ellos e interminables tickets a pagar ocultan el verdadero encanto de este lugar lleno de historia. Es una pena que esta sea la única forma de conocer Egipto, parecería que el interior del país y su gente no cuenta, pero la resolución adoptada desde 1997 nos obliga a conformarnos que así sea.

Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo