Bordeando el Mar Amarillo –  Km 78.890

Cuando crucé la frontera desde Vietnam era el final de la tarde, por ello, ni bien se me acercó un curioso para saber de donde venía, le pregunté por un hotel barato. Y me sorprendió, porque no solo me llevó hasta una pensión, sino que me la pagó.

Al día siguiente comencé mi pedaleada por el sur de China hacia el norte, bordeando el mar Amarillo, tenía mucha expectativa, estaba contento y curioso, porque a pesar de que habían pasado 20 años de la nueva política de reforma y abertura, permitiendo la entrada a turistas, China todavía permanece bajo un aura de misterio.

 Interior de China

Aquel mediodía paré en una taberna para descansar y comer algo; recuerdo que había solo un grupo de personas presentes y que esperaban ser servidos. Enseguida me ofrecieron una porción de fruta y me llamaron a sentarme con ellos. Y pese a que no nos entendíamos, acepté. En la mesa sirvieron de todo: sopa, vegetales, carne de vaca, de cerdo, pescado y pollo, y todo acompañado con arroz. Por mi parte, yo ordené una cazuela de pescado, aunque según la costumbre china, a la gente no se le sirve un plato, sino que los platos son colocados en el centro de la mesa de donde se sirven todos, utilizando un pequeño bols. Aquella tarde cuando dejé el lugar los chinos no me dejaron pagar y hasta me compraron bebida para el camino y fruta.

02 - During lunch
En el interior

La gente en el sur de China nunca dejó de sorprenderme. Me parecieron educados y serviciales, y pese a que no hablamos el mismo idioma, con mucha paciencia y mediante dibujos siempre supieron explicarme el camino a seguir. Nada fácil, porque a diferencia de otros países asiaticos, en China no se puede pedalear por la autopista, y por ello encontrar la ruta secundaria era un acertijo. Las indicaciones en inglés casi no existen. Siempre me moví con mapas regionales en Chino y con una lista de frases para subsistir: “¿Me puede indicar un hotel barato? ¿Donde puedo comer una sopa de noddle?, ¿Cual es la salida de la ciudad en dirección tal?”.

Según me explicaron, la caligrafía chinesa se remonta a la Dinastía Shang (siglo XVI – XI a.C.) cuando se escribían símbolos en huesos, para adivinación o para representar palabras. “La belleza de la caligrafía es dificil de apreciar para quien no percibe chino”, me decía Li, “pero antiguamente la caligrafía chinesa era una prestigiosa forma de arte, comparable con la pintura o la poesía”. En la actualidad para leer un periódico es necesario saber por lo menos 3.000 carácteres y una persona instruída deberá conocer por encima de 5.000.

La lengua oficial de China es el Mandarin, pero existen 5 versiones regionales completamente distintas, asosiadas a un fuerte sentido de cultura y tradición. La paradoja es que los chinos de diferentes regiones del país no pueden comprenderse mediante el habla, pero si pueden llegar a hacerlo mediante la escritura.

Mi viaje por el sur del país me llevó a través de Qinzhou, Zhanjiang, Beidou y Zhuhai. Pedaleé casi 1000 km durante más de dos semanas, por la ruta nacional y rutas secundarias, crucé ríos en balsas, me empapé bajo la lluvia y como tantas otras veces me perdí.

04 - En la balsa
Pablo Garcia en China

Pero el premio fue llegar a Hong Kong.

Hong Kong

Hong Kong es una región autónoma dentro de China, que surgió gracias al fluido comercio entre Oriente y Occidente a partir del siglo XVI, bajo el dominio de los británicos que ocuparon el territorio hasta 1997. Hoy Hong Kong es una ciudad cosmopolita y frenética que vibra día y noche.

06 - Hong Kong

Según me explicaba Hipólito, a inicio del siglo XIX cuando China intentó acabar con el lucrativo comercio de Opio promovido por los británicos, éstos respondieron con el bloqueo de los puertos chinos asegurándose en 1841 la isla de Hong Kong como su propio enclave comercial. De esta manera, el área hasta entonces habitada por campesinos y pescadores se desenvolvió rápidamente, y después de la Segunda Guerra Mundial el comercio se reestableció y la industria se disparó. En los últimos años de dominio británico Hong Kong se convirtió en uno de los principales centros financieros de todo el mundo.

Cuando llegué a Hong Kong conocí a Hipólito, un argentino de Beluchi, Catamarca que gerencia el restaurante Argentino: “La Pampa”. Y bastó una cena para hacerme amigo y para que Hipólito que lleva 9 años en la ciudad me invitase a pasar el resto de mi estadía en su casa. Allí nunca faltaron las empanadas o las milanesas, Hipólito me recibió como a un hermano y mi estadía en Hong Kong fue de primera. Recorrí los barrios de Central, Wan Chai y Cause Bay y también visité Stanley, Kowloon y la isla de Lantau, pero a pesar de todos los lugares y la gente que conocí, lo mas lindo fue ver la primera serie del Mundial con los argentinos residentes, era como estar en casa.

Con Hipolito y Iuri
08 - Macau

También visité Macau, donde primero Susana y luego Iuri supieron cuidar de mi. Macau también es un estado autónomo dentro de China, pero de origen portugués, una ciudad vieja que mezcla su arquitectura colonial con el lujo de hoteles y decenas de casinos. Un lugar que merece la pena conocer.

Camino a Shangai

Camino a Shanghai atravesé las provincia china de Guandong y al igual que en el sur del país no tuve problemas. Pero luego la ruta me llevó a través de las provincias de Fujian y Zhejiang, donde el recibimiento de la gente no fue el mismo, y por ello en más de una ocasión encontrar un lugar para dormir era un dolor de cabeza. Según me explicaron, en China, existe una ley en la que extranjeros no pueden hospedarse en alojamientos baratos, “populares”, obligando al turista a hacerlo en hoteles de mejor categoría. En el sur del país nadie cumple esta ley, pero en el centro a nadie le importa el extranjero, ni siquiera si el hotel es la única opción de la ciudad. Hubo noches que pasé más de una hora para encontrar quien hacía vista gorda. Una noche mientras tomaba baño en la única pensión de un pueblo vino la policía a golpearme la puerta. Había sido la dueña del hotel que la había llamado. Pero como no nos entendíamos, llamé a un amigo a quien le explicaron que debía dejar el hotel. ¿Hacia donde? No lo sabían, ni siquiera les importaba. Y no hubo forma de convencerlos, les explicamos del viaje, les mostré artículos de prensa, pero nada, la poli no aflojó. “Maldición” dije una y otra vez, aquel día había pedaleado 110 km, estaba cansado y ya eran las 9 de la noche. Finalmente bajé con mi bicicleta y todo mi equipaje los 3 pisos por la escalera y pedaleé a la siguiente ciudad, 30 km más. Pero fui afortunado, porque antes de llegar encontré un buen lugar para acampar, algo no común en el este de China. Eran las 11 de la noche y yo solo pensaba en comer y acostarme. Estaba destruido.

También recuerdo otro día que mientras pedaleaba avisté al costado de la ruta un grupo de campesinas trabajando y por ello me detuve para hacer unas tomas de video. Pero enseguida vino un hombre y a los gritos me ordenó irme, tirándole un golpe a la cámara, que afortunadamente pude esquivar. Luego me rodearon otras personas, algunas para intimidarme y otras que curioseaban. Y aunque me asusté un poco no lo demostré, pero lentamente comencé a guardar mis cosas mientras increpaba al hombre. El hombre era agresivo y por ello no lo dudé, terminé de guardar todo y me fui, maldiciéndolo.

09 - En ruta
10 - En ruta

Pedalear los 1300 km hasta Ningbo me llevó tres semanas, atravesé las ciudades de Shenzhen, Shantou, Xiamen, Quanzhou, Fuzhou y Wenzhou. Ninguna es menor a los 6 o 7 millones de habitantes y todas tienen una zona portuaria interminable. Entre las ciudades solo hay zonas industriales, poblaciones menores o campos inundados para las plantaciones de arroz, y por ello ningún lugar para acampar. A excepción de pocos lugares, en el litoral sur de China no es habitual encontrar circuitos turísticos o turistas. Según me explicaron, dada la escasa oportunidad de trabajo en la zona rural, decenas de millones de personas se han mudado para el este, en búsqueda de mejores condiciones de vida; provocando una explosión demográfica y su consecuente demanda energética. Hoy en día China es el segundo país mayor contaminante del planeta, después de EE.UU, y en muchos lugares existe una atmósfera prácticamente irrespirable.

Camino a Shangai conocí a Renan un francés que me hospedó en Fuzhou y que lleva más de un año viviendo allí; y también a Helena y Cristina, una rusa y una polaca que vivían en Xiamen. Lo curioso fue como todos coincidieron que vivir en China es muy fácil. “El ser extranjero nos diferencia de los demás y por ello tenemos ciertas ventajas”, me decía Renan. Me contaban que debido a la influencia que ellos imponen en los jóvenes, en su tiempo libre trabajan como modelos para marcas de ropa o frecuentan bares que les pagan solo por asistir a ellos un par de horas, y donde también tienen los tragos gratis. Días mas tarde en Shangai fui testigo de ello, porque Rodolfo me llevó a un bar donde teníamos los tres primeros tragos gratis, el motivo me dijo: “porque somos extranjeros”.

La religión en China

Mi última parada fue la isla de Putuoshan, donde llegué de barco desde Ningbo. Allí se encuentra el Monte Mutuo, uno de los 4 montes sagrados en el Budismo Chino, que es la principal religión en el país, aunque según me explicaron la mayoría de sus seguidores, siguen el budismo más como una filosofía que como una religión.

Isla de Putuoshan

Durante mi recorrido en china también me comentaron acerca de Budai, el Buda sonriente o el Buda gordo. Budai fue un monje budista que vivió hace más de 1000 años, un hombre afectuoso, piadoso y de buen carácter, por ello se le llegó a considerar “simbólicamente” como Maitreya, el Buda venidero. Así Budai, de grande barriga y radiante sonrisa terminó convirtiéndose en una deidad que propicia felicidad y abundancia. Es por ello que en la actualidad, su imagen decora numerosos templos, restaurantes y amuletos alrededor del mundo.

12 -Templo BudistaPero también el Taoísmo es otra religión predominante en China, que nace en el siglo IV a.C. como un sistema filosófico, para convertirse luego en un movimiento religioso. Según me explicaron los fundamentos del Taoísmo se basan en la existencia de tres fuerzas: una pasiva, otra activa y una tercera, conciliadora. Las dos primeras se oponen y complementan simultáneamente entre sí, es decir que son interdependientes de manera absoluta y funcionan como una unidad. El Yin (blanco) es la fuerza pasiva, sutil, el principio femenino, la tierra, la oscuridad. El Yang (negro) es la fuerza activa, concreta, el principio masculino, el cielo, la luz. La tercera fuerza es el Tao, o fuerza superior que las contiene, según la filosofía china tradicional es el principio generador de todas las cosas. El símbolo del Tao es el taijitu. Según me explicaron el objetivo del Tao es enseñar al hombre a integrarse en la naturaleza, enseñarle a fluir, a integrarse en sí mismo en concordancia y armonía.

Las otras dos religiones dominantes en China son el confucianismo y la religión tradicional china que, en muchos casos, son practicadas conjuntamente y en una forma de armonía religiosa.

De todas maneras durante casi 2 meses que estuve en el país, fueron muy pocos los chinos que me parecieron “religiosos” si los comparo con la gente de los otros países asiáticos que ya visité. Sino, más bien me parecieron “capitalistas” que interesados en el conocimiento o práctica de la religión.

Shanghai

Y finalmente llegué a Shanghai, la ciudad más grande y más dinámica del país, que tiene una población que supera los 15 millones de habitantes. Aunque fue solo a partir de 1990 cuando el área de Pudong fue declarada zona económica especial que la ciudad relució. Según me explicaron, desde entonces las inversiones surgieron de forma frenética y fueron construidas autopistas, puentes, túneles, centros comerciales y hoteles de lujo. Así, debido a su reciente explosión y desenvolvimiento económico e industrial Shangai se convirtió en una de las ciudades de mayor crecimiento del mundo.

Y allí mi estadía fue de primera, gracias a que me recibieron personas como Fabián, Rodolfo y Manfred, dos argentinos y un italiano que llegaron a Shangai en búsqueda de aventuras y que tomaron la gran metrópoli como su segunda casa. Con ellos recorrí el Bund, el área de Pudong, el Templo de Jing´an y Nanjing Lu, entre otras cosas, pero tambien visité la Expo Shanghai y el stand Argentino, donde conocí a la gente de la Secretaría de Cultura y nada menos que a la Sra Presidenta, Cristina Fernández de Kirchner. Y hubo promesas, veremos si se cumplen…

Shangai
Pablo Garcia - Vuelta al mundo en bicicleta