Corea del Sur – Km 83.365

Llegué a Corea de barco desde Japón, y al desembarcar enseguida noté una gran diferencia con su país vecino, ya que el orden y la limpieza no eran cualidades tan distinguidas como de donde venía. Más bien me pareció que estaba regresando a China.

Tras una noche de viaje el barco me dejó en Busan, la segunda ciudad más grande del país, que luego confirmé que es la más bonita, ya que por estar situada sobre el mar tiene
playas y una costanera que la diferencian. Durante mi estadía en Busan me recibió Mat y pese a los días de lluvia aproveché para vender mis fotos y souvenirs con el fin de recaudar dinero para seguir viaje; y no iba mal hasta que llegó la policía y me ordenó dejar el lugar.

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Mi estadía en Corea se prolongó durante 3 semanas, corría el mes de agosto de 2010 y la época de lluvia no me perdonó. Casi todos los días de mi estadía llovió, pero a diferencia de Japón tuve la suerte de ser recibido por extranjeros en todas las ciudades que visité. Las distancias entre las ciudades principales no superaban los 150 o 160 km, por ello cada día que llovía prefería mojarme pedaleando y no acampando, porque cuando empezaba a llover, llovía por días.

Camino a la capital, recorrí el interior del país, por una zona montañosa, atravesando bosques, ríos y las principales ciudades.

En su mayoría las personas que me recibieron eran de los EE.UU. y vinieron a Corea del Sur para enseñar inglés. “Trabajo nunca nos falta” me decía Garret, “Corea es uno de los países de Asia, donde la demanda supera la oferta, y donde mejor pagan cuando se trata de enseñar inglés, la hora de trabajo ronda entre los 25 o 30 u$s, y con un poco de suerte el contrato también puede incluir el pago del alquiler de la casa”. Pero a mi el trabajo me cuesta mucho”, seguía Garret, “yo tengo una clase de 40 alumnos, y te confieso que no soy de tener mucha paciencia, aunque no hago como muchos de los maestros locales que tienen una varilla para pegarle a los alumnos que se comportan mal. Yo vine aquí por una experiencia de vida y por supuesto que para juntar un poco de dinero, pero tras un año ya me quiero volver a mi país, no es fácil vivir aquí, porque es prácticamente imposible relacionarse con la gente local.

En Daegu, también a través de Internet, contacté a Mike de EE.UU. y me sorprendió su recibimiento, porque pese a que él estaba en otra ciudad y a que no nos conocíamos me envió la llave por un amigo y me permitió quedarme en su casa, solo y por dos días. Recién lo conocí la mañana que partí. Mike me pareció de esas personas increíbles cuando se trata de dar una mano.

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Mi último día en ruta paré en Suwon, donde me recibieron Guillermo, Eric y compañía, todos chicos de Guatemala, México y otros países centroamericanos que habían sido becados por la universidad de Suwon. Según me explicaron, en el 2010 el Ministerio de Educación de Corea ha adoptado un nuevo programa educativo, duplicando el número de becas para estudiantes extranjeros con respecto al 2009, aunque como requisito en la mayoría de las becas exigen estudiar coreano. Visitar la universidad de Suwon me sorprendió, no esperaba encontrar tantos estudiantes extranjeros, los había también de varios países de Europa, Indonesia y hasta de África. Luego Guillermo me dijo: “el sistema educativo surcoreano está tecnológicamente avanzado y es el primer país del mundo que llevó la conexión a Internet de banda ancha a cada escuela primaria y secundaria. Con esta infraestructura, se están desarrollando libros digitales, que en breve se distribuirán de forma gratuita a todas las escuelas del país”.

Atravesar Corea del Sur en bicicleta me tomó 6 días; es un país pequeño en el que sus rutas atraviesan muchas ciudades y pocos campos. Hubo dos días en los que acampé, pero me faltó contacto con la gente, quizás por ello el recorrido me resultó demasiado monótono y poco interesante.

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Y al igual que Japón, Corea es un país caro, si hubiese tenido que dormir en un hotel su precio no baja de los 35 o 40 u$s.

Cuando llegué a Seúl primero me recibió Ryan y luego Andrew, ambos profesores de inglés provenientes de EE.UU. Andrew estaba de novio con una chica coreana, y según me dijo ambos programaban viajar a su país, casarse y quedarse por un tiempo allí. Pero desde que comenzó a acercarse la fecha de su partida Andrew enfrentaba una guerra con la madre de la chica que desde 2 años se opone a su relación. “Para los coreanos solo cuenta el estudio y el trabajo, y ser el mejor en todo. Solo se preocupan por entrar en la mejor universidad, (Universidad de Seúl) y trabajar en Samsung, la empresa más importante del país. La felicidad de un hijo, no cuenta, créeme”, me decía enfurecido.

Mi estadía en Seúl se prorrogó durante 10 días y entre los lugares más importantes visité el Palacio Gyeongbokgung de la dinastía Choson (1392–1910). También visité la aldea Bukchon que cuenta con la mayoría de viviendas de arquitectura tradicional coreana, y las zonas comerciales de Iteawon e Insa Dong donde cuando el tiempo me lo permitió me paré con mi bicicleta para vender mis fotos y souvenirs. Pero no tuve suerte, porque para la mayoría de los coreanos era como si no estuviese. Por último visité el Museo de la Guerra de Corea que cuenta la turbulenta historia del país con sus numerosas guerras e invasiones, tanto de China como de Japón. Pero fue tras la Segunda Guerra Mundial, que la Guerra de Corea (1950 – 1953) surgió. El conflicto bélico fue la consecuencia de la Guerra Fría, en la que Estados Unidos y la Unión Soviética deseaban implantar su modelo de gobierno en todo el mundo. Capitalismo vs. Comunismo; y como resultado Corea se dividió en Corea del Sur y Corea del Norte.

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Finalmente contacté la embajada Argentina donde fui muy bien recibido por Alicia Falkowsky y Federico Morchio, quienes me ayudaron a presentarme a algunas empresas. Pero las empresas coreanas no se diferenciaron de su gente, ni de otras empresas asiáticas que visité durante el último año. Pero afortunadamente la Empresa Argentina Tenaris, tiene base en Corea y por ello me reuní con su Director Ronald Rocher. Y al igual que en Dubai, Tenaris contribuyó con una donación: “el objetivo” me dijo Ronald, “que sigas adelante con tu vuelta al mundo en bicicleta”.

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Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo