Km 138.530

“Sin educación no hay revolución posible”, Fidel

Debo reconocer que antes de llegar a Cuba era un tipo totalmente ignorante con respecto a éste país. Influenciado por comentarios de turistas o por la prensa, casi siempre amarillista, pensaba que me iba a encontrar un país extremadamente pobre, a decir verdad acabado. Creo que ésta es la primera opinión del turista que aterriza en La Habana y que tras un city tour por la parte vieja de la ciudad se refugia en algunos de los complejos hoteleros, “all inclusive”, que existen en el país.

Pero afortunadamente éste no fue mi caso, porque aún viajando con mi amigo Fernando, desde República Dominicana llegamos a Santiago de Cuba, con el objetivo de pedalear los casi 900 km que existen entre la ciudad revolucionaria hasta la Habana.

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Durante un mes el viaje fue más intenso de lo que esperábamos, ya que recorrimos más de 1700 km atravesando 14 de las 15 provincias que existen en el país. Muchas veces enfrentando lluvias torrenciales o temperaturas que llegaban a los 37º o 38ºC; por ello solíamos detenernos en la mayoría de los pueblos y ciudades que hemos atravesado. A veces por un par de horas para refugiarnos, para dormir una noche o simplemente para pedir un plato de comida.

Obviamente que si comparo a Cuba con Europa o Norteamérica podría pensar en muchos aspectos que éste es un país tercermundista, aunque en el ámbito de la educación y salud es de los más avanzados en el mundo. Pero frente a los veinte países de la región: Centroamérica y Caribe que recientemente he visitado, pienso que Cuba está por arriba de la mayoría de ellos. Porque aparte de lo mencionado, aquí no hay pobreza extrema, ni drogas, ni violencia, ni desnutrición, ni una abismal diferencia entre las clases sociales, ni tantas otras cosas que a lo largo de esta nota les iré contando.

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Al llegar a Cuba, también tenía la idea que debería enfrentarme reiteradamente a personas que me iban a pedir dinero, ropa o cualquier cosa material. Que debido a la necesidad, la gente te acosa una y otra vez hasta conseguir algo. Creía que los cubanos son personas interesadas y que no sería fácil sociabilizar con ellos. Es cierto que en la Habana y otras ciudades turísticas hay muchas personas que están a la pesca de los turistas, pero es obvio, de ello viven. Su trabajo puede ser conseguir un cuarto en una casa de familia y ganarse una comisión, o simplemente oficiar de guía relatando la historia de la ciudad. Ante una mirada maliciosa ese cubano podría ser catalogado como ventajista, pero sería injusto. La realidad es que la mayoría de los cubanos son ajenos al turismo, no son caza-gringos y cuando se brindan no esperan nada.

Un día pedaleando hacia Cienfuegos, a Fernando se le rompe el tornillo que sujeta el portaequipaje a la bicicleta y por ello quedó tirado en la ruta a la espera de que alguien lo levante, mientras que yo seguí pedaleando. Faltaban 50 km para llegar a destino, era domingo y había muy poco tráfico. En cuestión de  minutos me pasó un camión con Nando arriba haciéndome señas. Aquella mañana mi amigo necesitó de tres transportes que lo carguen para llegar a Cienfuegos y nunca le pidieron plata. Al saber del problema en la bicicleta, el chofer del último transporte tomó con un cuchillo y con una pinza comenzó a golpear el tornillo hasta que éste se asome para luego poder quitarlo. Era un trabajo imposible, minucioso, de un tornero, pero que con voluntad y paciencia un simple cubano pudo resolver a espera de nada.

También había escuchado que en Cuba la mayoría de las mujeres se prostituyen y que
el país no es más que un burdel. Pese a que en la Habana y otras ciudades turísticas he visto a extranjeros de la mano con muchachas que podrían ser sus hijas, ésta no es la impresión que me llevo de Cuba. En la mayoría de las ciudades que he atravesado he presenciado festejos de todo tipo, fiestas tradicionales, grupos musicales en vivo o celebraciones deportivas; y el común denominador de ellas era que abuelos, padres, jóvenes y niños se divertían juntos. En este país no cuenta si la indumentaria es de marca, aquí no existen las publicidades. Para muchos el goce era bailar, o quizás beber una lata de cerveza o una gaseosa de litro y medio en familia.

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El pueblo cubano es sano, no hay borrachos, ni gente que moleste a los demás ni tampoco jóvenes drogados. “La fama de prostíbulo que tiene Cuba se la ha ganado en la época de Batista”, me contaba un abuelo, “de la misma manera que se la ha ganado Tailandia en la época de la guerra de Vietnam. Y si aquí persiste hasta la actualidad no creo que sea por impulsos diferentes a lo que viven las prostitutas de otros países del mundo”.

Finalmente pensaba que en Cuba encontraría a la mayoría de su gente en contra del gobierno, pero no es así. La gran mayoría de personas con las que nos detuvimos a hablar sobre el tema destaca sobre las necesidades de la gente, los aciertos de su gobierno. Desde un campesino que corta el césped a machete para embellecer la ruta, hasta los ingenieros, doctores o docentes que nos recibieron en sus casas o se cruzaron en nuestro camino. “Cada familia cubana recibe mensualmente una canasta básica de alimentos subsidiados, con arroz, frijoles, aceite, sal, azúcar, huevos y algo de carne, exceptuando la de vaca, que solo se les da a los niños hasta los 13 años, ancianos y enfermos”, nos contaba Carlos, un ingeniero mecánico que nos hospedó en las Tunas. “Los niños también reciben un litro de leche diario hasta los 7 años que luego es sustituido por un litro de yogurt diario hasta los 13 años. El valor de la canasta ronda los 60 pesos cubanos o CUP, (1 Euro = 27 CUP) y alcanza para 10 o 12 días. Por ello el cubano sale a trabajar. Sin los alimentos subsidiados la economía doméstica en Cuba se iría a pique. El sueldo promedio es de dos salarios mínimos: 500 CUP, aunque muchos ganan solo un salario. El cubano se las tiene que ingeniar para llegar a fin de mes, pero al menos aquí nadie muere de hambre, ni hay desnutrición”.

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“Cuando se compara a Cuba se olvida, hábilmente, que es un país pequeño, pobre y sujeto al bloqueo comercial, económico y financiero más largo de la historia. Se contrasta a Cuba con los países desarrollados, y no, con países con recursos y condiciones similares. Al convertir en dólares el salario de los cubanos no se tiene en cuenta su poder adquisitivo ni los servicios que todos los cubanos tienen a su disposición. La educación en Cuba es universal y gratuita en todos los niveles de la enseñanza. De igual manera la salud. Cuba es el país con más alto per cápita de médicos en el mundo. Patologías como el raquitismo o la desnutrición infantil no existen y el médico cubano las ve por primera vez cuando sale a prestar servicios en el exterior. La tasa de mortalidad infantil es una de las más bajas del mundo y la esperanza de vida una de las más altas. En Cuba el 90 % de la población es propietaria de su vivienda”.

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Conversar con gente como Carlos me hizo ver que tan estúpido fui en juzgar a un pueblo que nunca había visitado. Tras un mes de viaje, no pensaba igual. Estaba sorprendido, ésta no es la Cuba que me contaron. El cubano no me pareció una persona pobre sino culta, con conocimientos en diferentes tipos de materia o cuestiones, y más actualizado de lo que sucede en el mundo entero que cualquier ciudadano de la mayoría de los países que he visitado.

Me pregunto hasta donde hubiese podido llegar Cuba sin el hostigo constante y el embargo de Estados Unidos.

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Gracias a Cubana de Aviación por liberarnos el exceso de equipaje y las bicicletas desde República Dominicana.