Km 141.040

Ingresé a Ecuador a través del cruce fronterizo Ipiales – Tulcan, y desde allí comencé el recorrido por este país, hacia el sur.

San Gabriel fue el primer destino, un pequeño pueblo que dista 50 km de la frontera y que se encuentra a 2800 mt de altitud.  Cuatro días precisé para hacer casi los 300 km que existen hasta Quito, la ciudad capital del país. Debido a las largas cuestas, que en ocasiones pueden superar los 20 km, la ruta se hace demasiado asolada para quien viaja en bicicleta, por ello es importante programar las distancias a cubrir; porque de no hacerlo, encontrar un restaurante a la hora de almorzar puede llegar a ser un suplicio. Y eso es estúpido, porque basta visitar un sitio de internet como bikemap.net , para conocer los km de subida y no ser sorprendido por ninguna cuesta infernal. Pero yo casi nunca lo hago, porque espero que la gente del lugar me informe. Un error fatal.

Ya en el final de la tarde, debido al frío, me instalaba en hoteles baratos, que existen en la mayoría de poblaciones y que ofrecen cuartos privados con baño y agua caliente, y a veces TV a cable a un precio que nunca superaba los 10 USD.

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A mi llegada a Quito, me perdí como un idiota, una vez más me confié y terminé haciendo 15 km en subida en la dirección opuesta, para luego regresar y volver a subir otros 8 km. En la ciudad me recibió Axel, un argentino que en su viaje de bicicleta Alaska – Buenos Aires, se enamoró de una ecuatoriana, y eligió volver y vivir en Quito. “Cuando yo vivía en buenos aires, cada fin de semana planeaba con mis amigos donde ir, pero la distancia era siempre un problema. En ese aspecto Ecuador es un país fabuloso, desde la capital en dos horas puedes llegar a la selva, al mar o a la montaña”. Andrea, su pareja también había hecho un viaje en bicicleta desde Quito a Chile durante varios meses, quizás por ello me sentí tan a gusto; Axel y Andrea me trataron de primera.

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Durante mi estadía en Quito, me contacté con ADRA (Asociación de residentes argentinos) que me brindaron sus instalaciones para dar una charla referente a mi viaje. La Embajada Argentina, vía otra Andrea, me ayudó en la organización del evento que supo comunicar a toda la comunidad. Pero la sorpresa me la llevé el día de la charla, donde esperaba encontrarme con compatriotas, de las 50 personas que asistieron no había mas de 3 o 4 argentinos. El resto eran todos ecuatorianos, convocados por Robert, un fanático de la bicicleta, que lidera Ciclo Puce, el club de ciclismo de la Universidad Católica de Ecuador. Y me fue muy bien, porque a la hora de vender mi documental, la mayoría dijo presente. Gracias Robert, Andrea y José Luis de Adra.

Durante mis últimos días en Quito, la ciudad fue centro de protestas contra el gobierno del presidente Correa, registrando el índice de apoyo más bajo a su gestión desde que asumió la presidencia en 2007. 46 % según el Centro de Estudios de Datos de Ecuador.
Tras diez días de marcha desde la Amazonía, manifestantes indígenas llegaron al centro de Quito exigiendo a la Asamblea Nacional que archive el paquete de enmiendas constitucionales, como el impuesto a las herencias y a la plusvalía, la sobretasa arancelaria a ciertas importaciones y la reelección indefinida del presidente, entre un sinnúmero de reclamos.

Mi recorrido por el país continuó por la Sierra hasta Riobamba y luego por el Amazonia, siendo testigo de manifestaciones a favor y en contra del gobierno, de bloqueo de carreteras y agresión a periodistas y policías.

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Camino a Latacunga me encontré con dos bloqueos policiales que prohibían el paso de vehículos y que me autorizaron a seguir bajo mi responsabilidad debido a los 3000 manifestantes que a unos km adelante habían cortado la ruta con árboles, piedras y palos. Al llegar al lugar me encontré con al menos otros mil policías, que no se opusieron a que yo siga. Por ello me bajé de la bicicleta y caminando me adentré en el caos de la multitud, donde fui rápidamente interceptado. “De donde vienes”, me pregunto un tipo, al mismo tiempo que otro me puso un palo en la rueda trasera. “No seas malito, que yo no tengo nada que ver en esto”, le dije. Según me había dicho Axel, los ecuatorianos utilizan mucho los diminutivos, y parecería que cuanto más se disminuye la palabra más grande es el afecto. La gente comenzó a reírse y tras conversar unos minutos me dejaron ir. No querían hacerme daño, eran curiosos.

Una mañana al partir de la ciudad de Macas situada en el Amazonia me topé con un grupo de 100 indígenas, algunos encapuchados, armados con lanzas, palos y cuchillos frente a un cordón policial que protegía un edificio público. Ante semejante escenario mi primer instinto fue detenerme y tomar una de mis cámaras, pero frente a esas miradas de guerreros dispuestos a todo no fui capaz y opté por irme de la ciudad enseguida. Más tarde supe que el enfrentamiento dejó heridos de gravedad en ambos bandos y que las Fuerzas Armadas de Ecuador ocuparon la ciudad.

En mi paso por Riobamba, conocí a Santiago, un ex empleado de Petroecuador fanático de la bicicleta y referente al tema me dijo: “Parecería que la gente no tiene memoria. En la década del 90, el país estaba sumergido en políticas neoliberales que nos llevaron a la peor crisis económica de la historia, y que terminó adoptando el dólar como moneda nacional en el año 2000. Lo paradójico del caso es que los banqueros resultaron ser los grandes beneficiarios ya que lograron transferir los costos al Estado ecuatoriano. La crisis se manifestó en una vertiginosa expansión del desempleo, el subempleo y la pobreza. El descontento era general. Con la llegada de Correa a la presidencia, el Estado tomó un rol mas categórico, impidiendo el tratado de libre comercio con los EE.UU., aumentando los subsidios a los más necesitados, facilitando el crédito para vivienda y producción con tasas preferenciales y a largo plazo, y generando empleo a través de obras públicas. En la actualidad Ecuador no solo es carreteras, también el nuevo aeropuerto internacional Mariscal Sucre, el tren crucero, nuevos colegios y hospitales, mejoras en seguridad social, así como las ocho hidroelécritas en construccion al igual que el Metro y Metrocable en Quito. Lo que pasa es que algunas personas solo ven lo malo, critican por criticar, sin conocer el país y sin siquiera tomarse el trabajo de investigar. Ésta marcha no es más que una estrategia para desestabilizar el gobierno y está apoyada por grupos de extrema derecha de países hegemónicos, que al igual que la prensa están en contra de los gobiernos progresistas de la region”.

Queriendo conocer otra cara del país desde la Sierra me dirigí al Amazonia, atravesando el parque nacional Sangay. La ruta se extiende en una subida de 50 km, y supera los 3600 mt altitud. Aquel día, como todas las veces que me encontré en un páramo en Ecuador, llovió intensamente y acabé alojándome en una cabaña de troncos y paja a 7 km del paso montañoso, donde pasé un frío de coño. Que manera de sufrir! Al día siguiente siguió lloviendo, era la época de lluvia me dijeron, que se diferencia al de la sierra. Sin querer pasar una noche más en esa cabaña opté por seguir pedaleando bajo el agua, con los dedos de mis  manos y pies congelados y mucho viento que por momentos me derribaba de la bicicleta. Creía que iba a poder ver las lagunas de la zona y acampar junto a ellas, me fue imposible. Me encontraba entre nubes y por momentos no tenía mas de 20 mt de visibilidad.

Mejor me fue en la zona de la selva, aunque la ruta que baja desde el Sangay es muy asolada, y las pocas viviendas que existen en el lugar son custodiadas por perros salvajes. Enfrentarlos no ha sido fácil.

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La ruta que existe en el oriente del país, se extiende entre los 1000 y 2000 mt y atraviesa comunidades indígenas y pequeñas ciudades, en un sube y baja constante, que te exige al máximo. Pero la gente es muy amable, en varias ocasiones me invitaron a comer o a que me lleve mi compra sin pagar.

06-con-andresCuando llegué a Loja, me recibió Andrés que lidera el grupo Cicloviajeros EC, que fomenta viajes en bicicleta con alforjas y el uso de la bicicleta en la ciudad a través de #‎MasaCriticaLoja. Durante aquellos días Andrés y Esteban tenían un stand de bicicletas en la feria de Loja y me permitieron exponer mi bici para vender mi documental. Durante el año 2014 ambos tipos dejaron sus trabajos y realizaron un viaje en bici de varios meses para llegar al mundial de futbol en Brasil, consiguiendo patrocinios y siendo cronistas para un canal de televisión. La excelente organización del proyecto les ha marcado sus vidas. Felicitaciones!

Desde Loja el último trayecto de mi viaje por Ecuador siguió hacia el sur. Desde Vilcabamba la ruta sube 35 km sin tregua, hasta casi los 3000 mt de altitud. Llegué al páramo otra vez con lluvia y mucho frío, donde me agarró un calambre en la pierna que no me dejó siquiera bajar de la bicicleta. Diez minutos demoré para hacerlo, y otros 20 para poder caminar. Tenía una bola del tamaño de una pelota de golf en el isquiotibial derecho. Llegué al paso montañoso arrastrando la bicicleta, totalmente empapado, temblando de frío y preguntándome por que hago lo que hago. Allá arriba me encontré solo y no tuve a quien pedirle ayuda. No pasó ni un auto. Afortunadamente el camino siguió en bajada por unos 30 o 40 km, donde finalmente pude instalarme en un hotel para descansar.

En los últimos 80 km hacia la frontera el camino de tierra se hizo una pesadilla, con muchas piedras y pendientes que son una falta de respeto al ciclista. Demoré dos días en hacerlo, y sufrí como una bestia de carga porque estuve más tiempo arrastrando la bicicleta que pedaleando. “Llevo 14 años viajando”, pensé. Como pocas veces en mi viaje comencé a sentir que ya es hora de ir para casa.