Hawai, km 105.087

Desde Samoa volé para Estados Unidos y si bien la idea inicial era comenzar a pedalear el continente desde Alaska, el clima no me lo permitió; era el comienzo de la primavera y de acuerdo a la información que tenía, debía esperar todavía un par de meses si no quería enfrentarme a las extremas condiciones climáticas del lugar. Imagino que en esa época del año solo un esquimal podría sobrevivir por esas latitudes viajando en bicicleta, con una carpa “made in china” y mi indumentaria. Por ello, lejos de hacerme algún problema me detuve en Hawai y luego volé a San Francisco para pedalear la costa del estado de California, hasta los Ángeles, de donde finalmente volé para Alaska.

El archipiélago de Hawai está compuesto por cientos de islas, que se extienden a lo largo de más de 2.000 km. Algunas de las principales son O´ahu, Maui, la Isla Grande y Kauaʻi. El vuelo internacional desde Samoa, me llevó hasta la primera de ellas, la isla más poblada del archipiélago, de renombre internacional por la base militar Pearl Harbor y su famosa playa Waikiki.
En la actualidad Pearl Harbor es una base naval norteamericana, el cuartel general de la flota del Pacífico, donde también existe un museo que describe el ataque japonés que provocó la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Waikiki es el gran centro turístico de Hawai, situado en la costa sur de O´ahu, que concentra el 90% de los hoteles.

A mi llegada al país lo primero que me impresionó es la cantidad de gente que vive en la calle, “son mas de 6000 en la isla” me dijo Nick, “y vienen de todos los rincones del país, los gobiernos de los estados de clima más fríos los mandan en avión, porque aquí la temperatura en invierno es tolerable para quien vive en la calle. Luego, ya no regresan”. Casi todos llevan un carro de supermercado con sus pertenencias, o cargan todo en una bicicleta. Varias veces fui advertido sobre el robo de las mismas, por ello enseguida me compré un nuevo candado, y a pesar que lo pagué 42 usd la persona que me lo vendió, me aseguró que no es 100 % efectivo. “Welcome to America”, me dijo Nick.

Camino a EE.UU. decidí hacer otra tirada de mi libro en inglés. Durante mi recorrido por Australia y Nueva Zelanda su venta en los mercados de fines de semana cubrieron mis gastos y los pasajes aéreos. “The Highlight Moments”, le digo a la gente que curiosa se me acerca al banner publicitario que despliego junto a mi bicicleta. Por ello había contactado por internet varias imprentas y a mi llegada a Honolulu tenía unos cuantos libros en casa de Nick, a quien le escribí a través del sitio de internet warmshowers.org. Nick fue el primer estadounidense de una larga lista de personas que no solo me brindaron hospitalidad sino su tiempo para ayudarme en todo lo que necesité: arreglar mi cámara de fotos, conseguir un nuevo número telefónico, repuestos para la bici, para el hornillo y abrir una cuenta en un banco, entre otras cosas.

Debido a la política exterior estadounidense y su firme presencia en cada uno de los países que he visitado a lo largo de todos estos años, llegué a Estados Unidos con un cierto prejuicio hacia los “americanos”, como ellos mismos suelen llamarse. Pero me duró muy poco, porque a las pocas semanas de mi estadía ya había sido recibido por mucha gente de una manera conmovedora. Primero en Hawai, luego en California y más tarde en Alaska. Aunque me dijeron que tales estados son diferentes…

Pero también en Hawai, me crucé con el otro tipo de gente, esa que tiene poco juego de cintura. El primer fin de semana en Honolulu me dirigí al farmer market para vender mi libro y allí me topé con la antipatía de su manager, quien me dijo que solo quien vende comida podía ser parte del mercado. “No hay excepción, aquí no te puedes quedar”, replicó.
De esta manera, durante mi estadía en Honolulu casi todas las tardes me detuve en la calle principal de Waikiki Beach, y aunque está prohibido vender cualquier cosa, nadie me molestó. Pero a pesar de la gran cantidad de gente que circulaba, las ventas fueron muy pocas. “La crisis económica está castigando a los estadounidenses como nunca antes. Los americanos son los nuevos pobres” me dijo un colombiano que vive en EE.UU. desde  hace muchos años.

Durante los últimos días de mi estadía visité las playas de Waimanalo, Kailua y el Jardín Botánico Hoomaluhia. Y entonces entendí porque Oahu es un destino turístico internacional con más de cinco millones de visitantes cada año.

kailua beach
pablo garcia around oahu island

California, km 105.355

Según me explicaron, California fue habitada milenariamente por los nativos americanos, hasta el siglo XVI cuando comenzaron a llegar los primeros colonos españoles. Luego, sobre el siglo XIX la zona se convirtió en una de las provincias que tenía México junto a Texas y Nuevo México, cuando este país obtuvo su independencia; pero tras la guerra con EE.UU. (1846 – 1848) México debió ceder el territorio y California poco después se convirtió en el 31º estado de los Estados Unidos.

San Francisco city
Mi primera parada en California fue San Francisco, para muchos la ciudad mas hermosa y despampanante de Norteamérica, que históricamente se ha esmerado en dar cabida a los núcleos diferentes y a la tolerancia.
En los años 50 la ciudad vio surgir la generación beat, hacia los 60 el barrio Haight Ashbury se convertía en la capital hippie y en los 70 surgió la primera comunidad gay que reclamaba por sus derechos y que hasta en la actualidad se concentra en el barrio Castro. Circulando por sus calles me sorprendí al ver hombres tomando sol en la mesa de los bares, totalmente desnudos, como si nada sucediese alrededor.

Haber sido hospedado por varias personas en diferentes barrios me permitió sentir la atmósfera de cada uno de estos lugares. El Mission District es el barrio con más influencia y presencia hispanohablante.

mission district
SF downtown

Mi estadía en SF se extendió por dos semanas. Por primera vez entré a un estadio de baseball, Brad a quien había conocido en Nueva Zelanda meses atrás, me llevó a ver a los Gigantes de SF. Luego visité Little Italy, el distrito financiero y el Golden Gate Bridge. Y cuando la policía no me lo prohibía solía detenerme en el Embarcadero o en Fisherman´s Wharf para vender mi libro. Me dio la impresión que los mismos policías, como buenos ciudadanos de SF, también han sido tolerantes conmigo. Me costó irme de la ciudad, porque hice buenos amigos y porque su encanto siempre me sedujo.

Pablo Garcia en San Francisco
goldengatebridge
Pedalear por el estado de California fue más fácil de lo que imaginé, el estado posee una gran cantidad de camping, donde casi siempre hay tarifa especial para quien viaja de bicicleta, y cuando no; era bien acogido por la gente local, como Tito y la Gringa que me alojaron en Salinas. “Salinas es una de las regiones más ricas de agricultura de California, el área produce una variedad de frutas y verduras, como lechuga, frutillas, brócoli, zanahorias y espinaca. El lugar es conocido como la capital mundial de la ensalada y desde aquí se exporta al mundo entero”, me contaba la Gringa, que paradójicamente solo consumía productos orgánicos. Durante mi recorrido por la zona, he notado personas que trabajaban en las plantaciones con vestimenta de astronautas. “Los grandes productores ya tienen vendido sus próximas dos o tres cosechas, inclusive a un precio mayor del que existe en el mercado, por ello no pueden fallar. De esta manera, los fertilizantes, herbicidas y pesticidas químicos, a parte de insumos sintéticos se vuelven indispensables para sus cosechas. Ellos no realizan la rotación de cultivos para fortalecer el suelo y la gente es conciente, por ello en los últimos años se han hecho muy populares los alimentos orgánicos, por un cambio positivo en la alimentación y por la desconfianza en la seguridad y producción de los alimentos convencionales”, concluyó la Gringa.

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Monterey fue otra de mis paradas obligatorias, corría el fin de semana y paré para vender el libro; los latinos, principalmente mexicanos resultaron ser los más curiosos y generosos.

Mi viaje continuó atravesando la provincia de Big Sur, una región escasamente poblada en la costa central de California. La ruta que bordea el mar posee vistas extraordinarias y atraviesa varios parques estatales que se han transformado en un popular destino turístico. Según me informaron los precios de las propiedades superan los 2 millones de usd.

Camino a Los Ángeles atravesé San Luis de Obispo, Avila Beach, y las fantásticas playas de Pismo y Grover. Luego visité Santa Bárbara y me detuve en Ventura, donde me recibió Mark, quien me alentó para acercarme a la Casa Central de la marca de ropa Patagonia. Y tuve suerte, me recibieron de primera, y en cuestión de un rato, me dieron la ropa que necesitaba.

Llegué a los Ángeles desde Santa Mónica pedaleando por la playa, donde la principal moda es el culto a la belleza del cuerpo. La playa de Venice durante el fin de semana reúne trapecistas, patinadores, físico-culturistas, payasos, comediantes, magos y hasta peleas de sumo, a parte de quienes practican todos los deportes convencionales o baile.

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Hay personajes de todo tipo y color. A su vez, en el barrio de Hollywood se encuentran los imitadores que esperan por propina por cada foto que se les saca, entre los más famosos está el hombre araña, Ironman, la mujer maravilla o Michel Jackon. La gente hace fila, la Hollywood Blvd. es un verdadero circo.
También visité el barrio de los millonarios: Beverly Hills, epicentro del lujo y abundancia, donde circulan principalmente los Roll Roys, BMW y los Porsche.

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Durante mi estadía en LA, visité cada uno de los diferentes mercados que se expanden a lo largo y a lo ancho de la ciudad y sólo cuando me lo permitían podía vender mis libros. Recorriendo el sur y el oeste de la ciudad, los Ángeles no me pareció el lugar caótico y peligroso del cual tanto me habían advertido, sino más bien una metrópoli que bien merece la pena visitar.

Gracias a Nick Blank, Deborah Agles, Ron Pimentel, Ludmila Santos y Dave Plaskett en Honolulu. Abel Molina, David Kroodsma, Brian Kliment and Brad Buckland en SF, Manuel Rubi en Santa Cruz, Tito y Gringa en Salinas, Steven Chauvet en Avila Beach, Mark Stevens in Ventura, Ajit Patel, Barry Brenner, David Vega, Reuben Reynoso, Patricio Alvarez y Hernan Montenegro en LA.

Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo