Este de Canadá – Km 120.085

Escapando de las lluvias de México y con gran curiosidad por conocer el este de Norteamérica decidí en pleno verano tomarme un avión para Toronto, con el fin de adentrarme en la parte más poblada de estos países a los que llaman “primer mundo”.

Canadá es el segundo país más grande del globo; es tan grande como todo el continente europeo, aunque apenas cuenta con la mitad de la población que tiene Francia. El país es rico en recursos naturales: materias primas, minerales, alimentos y tiene una renta per cápita alta superando a la mayoría de las naciones europeas occidentales. Canadá es una de las naciones que disfruta de los más altos estándares de vida, aunque no todos gozan de ese privilegio.

A mi llegada a Toronto me recibió David, un chileno que por ser menor de 30 y graduado universitario en su país pudo solicitar una visa de trabajo en Canadá. David es formado en veterinaria pero para trabajar en su profesión debe nivelar sus estudios con los conocimientos sanitarios del país. Y al respecto me contó: “Debería rendir 3 exámenes teóricos y prácticos, dos de ellos nacionales y uno a nivel norteamericano, pero los exámenes cuestan muchísimo dinero y toman alrededor de 2-3 años para rendirlos pues los llamados se hacen 1 o 2 veces al año solamente. Tanto veterinarios, como médicos, dentistas, enfermeros o kinesiólogos necesitan test o nivelaciones universitarias. Pero no solo los profesionales en las carreras del área de la salud, también deben hacerlo los ingenieros o contadores, por ejemplo. Y esto no es barato ni fácil para quien viene como yo, a probar suerte. De esta manera la mayoría de los inmigrantes profesionales que estamos en Canadá terminamos trabajando de cualquier cosa. En los dos años que llevo en este país he trabajado primeramente en carpintería, luego en reconstrucción de sótanos y actualmente en aseo. Mientras tanto sigo buscando un trabajo más cercano a lo mío”.

Toronto es la ciudad más grande de Canadá, la de mayor variedad étnica; la preferida para los inmigrantes que llegan al país y que no hablan francés. Según cifras no oficiales, la mitad de su población nació en el extranjero, por ello los diferentes barrios capturan la esencia de su diversidad cultural: Little India, Little Portugal, el distrito Griego, Chinatown, Koreatown y Corsa Italia son algunos de ellos.

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Durante las 5 semanas que estuve en el este de Canadá he pedaleado 1500 km y también he visitado Ottawa, Montreal y Quebec City. Allí, en las ciudades, me detenía a vender mi documental en la calle durante los fines de semana. En los lugares más concurridos abría mi banner junto a la bicicleta y los curiosos se me acercaban a conversar. Pero en Norteamérica el que no paga tasa no puede ganar dinero en la calle, para todo hay que tener una habilitación, que en la mayoría de los casos lleva semanas tramitarla. De nada sirvió que le cuente mi historia a los fiscales de Toronto, no hay excepciones. En cambio en el lado francés, todo es más relajado, y el único fiscal que se me acercó en Quebec city me terminó comprando un documental. Así y todo, tanto en la parte inglesa como en la francesa he vendido un montón, los canadienses han contribuido para que siga viaje por lo menos tres meses más.

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Pero juntar algo de dinero en estos países del “primer mundo” sería imposible si no fuese por la buena voluntad y hospitalidad de su gente, a la que siempre he contactado a través de warmshowers.org o couchsurfing.org. En ambos sitios la mayoría de sus miembros tienen pasión por viajar, son bohemios o resultan ser grandes viajeros; como Patrick que me recibió en Toronto tras concluir su viaje de bicicleta de 9.000 km en menos de 3 meses atravesando todo el ancho de Canadá o Phillipe, quien tras 15 años de trabajar en cruceros me recibió en Montreal con una gran fiesta para conmemorar mi llegada.

En Ottawa me recibió Mónica, una mexicana consolidada en su trabajo y fanática de la salsa que hasta clases de baile me dio. También tengo que agradecerle a Jean, un geólogo canadiense que me recibió en Quebec city, un tipo diferente ya que tenía el jardín de su casa hecho una selva, cuando en realidad es muy común entre los canadienses que tengan su jardín como un verdadero campo de golf.

Donna y Andy del pequeño pueblo Jasper en Ontario me rescataron de la calle bajo una lluvia torrencial Y no puedo olvidarme de Dean que también me recibió unos días en Toronto: un ex-mecánico de bicicletas que recorrió el largo del continente africano asistiendo a los entusiastas ciclistas de Tour d´ Afrique, una agencia de turismo que organiza expediciones continentales de bicicleta. Dean consiguió a través de Nick, todos los repuestos que necesitaba a precio de costo y luego viajó desde Toronto a Montreal para ponérselos a mi bicicleta. Y quien era este Nick? Según Dean el responsable de Cycles Lambert, el líder de Canadá en la distribución de productos importados para bicicletas. El tipo ni me conoció, pero al saber de mi viaje, enseguida dio el ok para apoyarme. Ni siquiera en mi país me tratan así.

Así de bien fui acogido en Canadá, y cuando no conseguía quien podía recibirme, porque no siempre hay gente disponible, acababa poniendo la tienda con la última luz del día en algún parque o terreno de algún campesino, sin que nadie lo notase. Porque es mejor no pedir permiso, ya que muchas veces no me ven como un viajero sino como un vagabundo. Me ha pasado en Europa, Australia, Nueva Zelanda y Norteamérica; cada vez que preguntaba a un campesino para poner mi tienda en su tierra me daban excusas infantiles para que me vaya a otro lado. En cambio en un país asiático, africano o latino es raro que te digan que no, aunque allí es mejor pedir permiso, porque de ser un país latinoamericano podrían correr a uno a tiros.

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En mi paso por Montreal fui testigo de uno de los mega eventos de “Lole Yoga Blanco” que año tras año se realizan en diferentes partes del mundo, al aire libre y gratuitamente reuniendo principalmente a miles de mujeres vestidas de blanco. Allí en el estadio olímpico de Montreal pude conversar con uno de sus organizadores, quien hablaba serenamente como irradiando paz. Y al respecto del yoga me dijo: “independientemente de estilos y tendencias, es importante recordar que el yoga es una disciplina tradicional originaria de India, que busca el equilibrio y el bienestar físico, mental y espiritual para promover un enriquecimiento del ser en su totalidad. El yoga es, en su esencia, una herramienta para comprender el sufrimiento existencial  -propio de todos los seres- y ayudarnos a salir de ese sufrimiento, independientemente de las circunstancias de la vida diaria. Es una disciplina que nos vincula con la capacidad innata de ser en felicidad, calma, claridad y energía”.

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Pedalear el este de Canadá ha sido fácil, casi siempre las rutas se extienden en superficies planas y hay carriles para bicicletas por todos lados. Pero sin duda no serán los lugares que atravesé los que quedarán en mi memoria sino el calor humano que paradójicamente se esconde en las personas de éste país, donde los inviernos llegan a 30 o hasta 40 grados bajos cero.

Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo