Por el este de EE.UU. –  Km 121.547

Ingresé a EE.UU. desde Canadá, por la ruta 6 del estado de Maine. Camino a Portland tuve varios días de lluvia, largas distancias a cubrir y pocos lugares donde se puede acampar “free”. Porque todo está cercado, hasta los bosques que son el 80% de la superficie de éste estado. Quizás sea ésta, una de las razones por la que viajeros de bicicletas de largo recorrido no vienen por esta parte del continente. Una parcela de un camping puede llegar a costar 45 USD., llegue uno a pie, en bicicleta o en una casa rodante valuada en 900.000 USD. Para viajar por el este de EE.UU. hay que tener bastante dinero, me lo habían advertido. Pero a mi no me importó, yo acampaba de noche y a escondidas, a veces hasta en los jardines de esas mansiones que uno suele ver en los programas de TV norteamericana. Una mañana me tocó dar una explicación a un afroamericano, era un hombre enorme, musculoso y fue agresivo conmigo, el tipo tenía ganas de pegarme, pero pude controlar la situación rápidamente y a pesar de que recién me levantaba en cuestión de segundos desaparecí.

De los 14 estados que atravesé por el este de EE.UU. no encontré uno como el estado de California, donde los parques estatales tienen una tarifa especial para acampar (5 USD) para quienes viajan en bicicleta o a pie. Durante el 2012, cuando pedaleaba el oeste del país, conocí una decena de ciclistas en su recorrido por América, pero ninguno se dirigía a la costa este de EE.UU. En mi caso lo que me atrajo fue una gran curiosidad de ver como se vive aquí: la parte más rica y poblada de los Estados Unidos de América.

Llegué a la pequeña ciudad de Portland un viernes en el final de la tarde, era un día frío y lluvioso. Camino al centro me llamó la atención la cantidad de gente que vive en la calle o en centros de cuidados. Cuando el año pasado ingresé a EE.UU. por primera vez vía Hawai, tuve el mismo shock: personas totalmente abandonadas que visten ropas casi destrozadas, cargan sus pertenencias en un carrito de supermercado y caminan sin rumbo alguno con sus miradas totalmente perdidas. Durante mi estadía en Kittery, Karen, una señora que me albergó en su casa, me comentó: “Algunos son drogadictos y otros tienen problemas mentales, aunque también muchos son veteranos de guerra o simplemente gente afectada por la crisis económica de los últimos años; gente que terminó perdiéndolo todo”.

02bostonCuando llegué a Boston supe de la historia de Linda: una adolescente que durante 8 años estudió medicina y que al graduarse debía a su entidad bancaria 400.000 USD por su crédito universitario. Al respecto Harry quien me recibió meses después en Georgia me contó indignado como era la educación en EE.UU. 40 años atrás: “Cuando era chico mi padre murió, por ello desde los 11 años tuve que salir a trabajar. A los 18 comencé la universidad, pero estudiaba solo 6 meses por año, los otros 6 trabajaba. Recuerdo que la universidad me costaba 130 USD por mes, y la residencia universitaria 120 USD. Cuando me formé en ingeniero, no pensé seguir estudiando, pero fui becado para hacer un post grado, me pagaban 400 USD por mes, que era el equivalente a un buen salario. Recuerdo que al año me compré un corvette y lo pagué 4.500 USD. Hoy, el mismo carro cuesta 45.000 USD, pero la misma carrera, dependiendo donde se estudie, no cuesta 10 veces más, sino 20 o 30 veces más. Y los post grados salen una fortuna”.
“En la actualidad los estudiantes están gastando miles de dólares, que no tienen, en recibir entrenamiento para empleos que no existen. Aceptan una penosa hipoteca antes de tener un ingreso regular. Los jóvenes son engañados para asumir una deuda terminante que sólo enriquece a los bancos. La educación se ha convertido en un lucro bancario y corporativo, se imponen carreras y grados inútiles demasiado caros para personas vulnerables. Es un abuso, pero es rentable. En EE.UU. los estudiantes deben un billón de dólares en crédito universitario y el gobierno está a salvo de riesgos mientras los acreedores están autorizados para cobrar mediante cualquier método. Se está creando una generación de esclavitud asalariada, los préstamos estudiantiles serán la próxima burbuja crediticia”.

03ny

Cuando llegué a New York me recibió Lewis un par de días en el barrio de Brooklyn y también lo hizo Ross en Queens, quien enseguida me dijo: “en ésta casa puedes quedarte los días que necesites”. Fui un afortunado, porque el buen Ross era un tipo diferente. De las cincuenta personas que contacté para pedir hospedaje vía los sitios couchsurfing y warmshowers.org apenas Lewis, Ross y alguna persona más me dieron el ok. NY me resultó el destino más complicado para conseguir quien me abra la puerta de su casa, por un par de días.

Tras pedalear el largo de Long Island, ingresé a la gran metrópoli por el este, de noche, atravesando el barrio de Jamaica, según supe luego, la zona más peligrosa de la ciudad. Sentí miedo, porque me perdí y tuve que recurrir a los vagabundos que había en el lugar. Estaba enfurecido conmigo mismo, porque no se debe llegar a una metrópoli de noche sin conocer por donde transitar. Queriendo buscar un culpable me la agarré con mi teléfono “Nokia Navigator” que ya no me permite bajar nuevos mapas porque su sitio web ya no reconoce a mi aparato. Simplemente porque éste ya es viejo. Me pregunto: ¿por que debería comprarme otro teléfono con navegador si el que tengo todavía funciona perfectamente? Si ni siquiera uno nuevo, “de precio razonable”, me permitiría cambiar el sim card y usarlo en los países de Latinoamérica que recorreré.
Así es éste Pablo que viaja por el mundo, un tipo anti-consumista, que sólo gasta en lo indispensable; y que por ello se pierde como un idiota en cada una de las ciudades que atraviesa en EE.UU.

A lo largo de estos 12 años de viaje cada vez más reparo como las corporaciones crean falsas necesidades de consumo, manipulando la política y hasta los gobiernos. También aquí en EE.UU. me han contado de las gigantescas contribuciones económicas a candidatos en elecciones por parte de las corporaciones y de un sinfín de historias acerca de corrupción relacionada con las empresas. Aquí, la mayoría de la gente está poseída por el afán consumista de está sociedad capitalista. Es adicta al crédito y relaciona el consumo con la felicidad, con el éxito social y prestigio personal. Y esto ya se ve hasta en los inmigrantes, que ya no compran por necesidad vital sino para mejorar el autoestima y ser más que aquellos que podían ser. Aquí la gente es feliz cuando en el trabajo tienen horas extras.

04ny

Durante mi estadía en New York fui a ver un dentista y tras dos minutos de consulta el tipo me dijo:
–“Son dos las muelas que te provocan dolor, y como ya fueron arregladas hay que hacer tratamiento conducto. El valor de cada uno es 2.200 USD, con el sellado incluido”.
–“Pero doctor 4.400 USD es un montón de dinero”.
– “Es el precio que se cobra aquí”
– Doctor, yo no puedo pagar ese dinero, me saldría más barato si me tomo un avión y me las arreglo en Argentina, aunque en un par de meses voy a estar en México, usted cree que podré aguantar y arreglarme las muelas allí?
– “Tal vez, aunque yo no se como trabajan en México”
– “Pero que me dice doctor? Los dentistas en México han estudiado lo mismo que usted”.

Aquello fue lo último de nuestra conversación, porque al tipo se le borró la sonrisa de su cara, me recetó un antibiótico y me mando a retirarme porque tenía mucho trabajo.

“El servicio dental es muy caro e inalcanzable para muchos”, me decía Ross. “La salud en éste país es un negocio. Los proveedores de salud están involucrados con grandes cantidades de dinero en campañas políticas y en proposiciones que solo son convenientes para ellos. Una póliza de salud individual puede alcanzar los 700 u 800 USD mensuales, un traslado en ambulancia de 15 Km. unos 2.000 USD. En EE.UU. tener acceso a cuidados médicos es un lujo y no un derecho gratuito y universal. En la actualidad hay 50 millones de ciudadanos sin cobertura sanitaria, y lo irónico es que somos el país más poderoso del mundo. Ya ha habido muchas propuestas para modificar el sistema de salud norteamericano, pero sin éxito. Los intereses creados en ésta industria son demasiados”.

05Y también la industria alimentaria está en la mira de los estadounidenses. La cantidad de obesos llama la atención porque es algo inusual en una nación avanzada que actúa como referencia en el mundo. Según estudios difundidos por el CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades), casi 80 millones de estadounidenses (35 % de la población) sufren de obesidad; mientras que otro tercio de la población estadounidense padece de sobrepeso.

Las denuncias y las críticas derivan de diferentes frentes: ecologistas, grupos de granjeros y ciudadanos reclaman leyes que cuiden por los intereses de todos y no sólo de las grandes multinacionales de la alimentación. Según me explicaron, en la actualidad las leyes protegen al pequeño grupo de empresas que controla todo el proceso alimentario, patentado de semillas incluido. Los abogados que demandaron a las grandes tabacaleras de Estados Unidos y ganaron, ahora llevan a los tribunales la industria alimentaria, demandando a una treintena de multinacionales que, en conjunto, controlan casi la totalidad del mercado alimentario. La principal estrategia jurídica no consiste en demostrar que ciertos alimentos son perjudiciales para la salud o que su publicidad es engañosa, sino que su etiquetaje es falso o ilegal.

Los estadounidenses no solo son obesos por el tipo y la cantidad de comida que ingieren, sino por alimentarse desordenadamente. No se dan tiempo para preparar sus almuerzos y cenas y optan por consumir comida rápida o comprar los alimentos congelados. El tiempo libre prefieren invertirlo en ocio, en actividades sedentarias como ver televisión, navegar por Internet o jugar con las consolas de video. El ejercicio no es una distracción.

A excepción de algunas islas pequeñas en el pacífico sur, Estados Unidos es el país con mayor porcentaje de sobrepeso del mundo y según el CDC, de seguir con esta tendencia en el 2030 el 42 % de los estadounidenses podrían ser obesos.

06mercadoDurante mí recorrido en los Estados Unidos he visitado más de una decena de farmer´s market, que a diferencia de los supermercados venden frutas y verduras que son orgánicas y cultivadas localmente. Éstos mercados existen en todas las ciudades y por lo general suelen operar los fines de semana. Con el fin de poder exponer mi viaje y vender el documental solía pedir permiso a sus organizadores. Casi siempre he resultado una atracción, la gente simpatizaba conversar conmigo, conocer acerca de mi proyecto y hasta sacarse fotos. De esta manera pude exponer en los Farmer´s Market de Portland en el estado de Maine, Boston, New York, Washington, Jacksonville y Boca Raton. Pero no me permitieron hacerlo en Wilmington, NC ni en Charleston, SC., el motivo era porque no contaba con la aprobación de la municipalidad. De todas maneras, las ventas que realicé cuando me lo permitieron cubrieron mis gastos por este país. Recuerdo a una extranjera que me aconsejó ir al mercado de Bethesda en las cercanías de Washington, “esa es una zona de millonarios, venderás un montón” me dijo. Pero sinceramente fue uno de los días que menos vendí.

La idea de que el estadounidense es adinerado es errada. El mismo concepto tienen en el norte de África con respecto a los europeos. Piensan que todos son ricos y que allí, todo es fácil. Ignorancia es lo que abunda en esos países donde la gente solo piensa en emigrar, y donde en la mayoría de los casos, familiares y hasta amigos invierten todo su dinero para financiar lo que en realidad es una odisea e ilusión. Más que crear nuevas políticas de inmigración, Europa y Norteamérica deberían crear grupos de concientización y educar como sea posible a esa gente que en el fondo no busca más que una alternativa en sus vidas.

En el estado de North Carolina me recibió Andrew quien ya me había hospedado en Seúl durante mi recorrido por Corea del Sur en el 2010. Andrew no es del estereotipo consumista, vive de una manera simple, es ingeniero y trabaja en una empresa petrolera hace más de dos años. Durante aquellos días estaba contento porque le habían anunciado un aumento del 4 % en su salario para el año entrante. “Debido a mis estudios universitarios que aún sigo pagando, la renta de nuestra casa, nuestro plan del seguro médico y otros gastos, apenas llegamos a fin de mes. Olivia, mi mujer, trabaja part time y por ello vivimos muy justos. En los próximos días Olivia estará viajando a Corea a visitar a su familia, tras tres largos años que llevamos en EE.UU., en los que apenas pudimos ahorrar la mitad del costo de su pasaje. La otra mitad la pagaremos con tarjeta.

08conandrewyolivia
09conwill

En Savannah, GA también visité a mi amigo Will, quien me recibió en Bahrain en 2009. Will, que ya había sido soldado en Corea del Norte e Irak, trabajaba en Bahrain como ingeniero aeroespacial en la creación de misiles de defensa en Medio Oriente, ganaba muy bien y vivía con lujos. Recuerdo que al ver mi vieja laptop salió a comprar una y me la regaló. Es uno de esos tipos que le gusta hacer el bien y ayudar a quien puede. Pero al llegar en Savannah Will volvió a sorprenderme porque ya no tenía dinero ni vivía con lujos sino en una casa vieja en el barrio afroamericano, la zona más pobre de la ciudad. Y al respecto me dijo: “durante los años que viví en el exterior he tenido la oportunidad de viajar por placer alrededor del mundo, he conocido 47 países y he sido testigo de la pobreza, la cual la mayoría de la gente no experimenta. Comencé a sentirme enfermo porque yo era parte de una compañía que se beneficiaba de la guerra. Tal vez yo trataba de hacer la cosa correcta, pero automáticamente la compañía para la que yo trabajaba estaba causando la pobreza que yo estaba viendo. Luego que me decidiera a no ser más parte de eso me tomó años alcanzar el coraje suficiente y renunciar, porque era adicto al dinero”. En la actualidad Will abrió “Serene Metal”, una pequeña empresa que fabrica y vende instrumentos musicales de metal, tales como los spacedrums. Son de un precio mucho más accesible y los envía a todo el mundo.

Mi recorrido en el este de EE.UU., me llevó a conocer los “Outer Banks”, una cadena de islas que cubren la mitad de la costa de Carolina del Norte, rodeadas del océano atlántico de un lado y de la Pamlico Sound, la laguna más grande del país, del otro. Durante 150 Km. he pedaleado por las islas Hatteras y Ocracoke, ésta última es solo accesible de ferry y tiene más de 20 kilómetros ininterrumpidos de playas totalmente vírgenes, un lugar perfecto para acampar sino es por los miles de mosquitos del lugar. De todas maneras estas islas me parecieron de lo más bonito que hay por el este del país.

07outerbanks

Experimentando un tanque de aislamiento sensorial

Duante mi recorrido en EE.UU. sentí hablar de los tanques de aislamiento sensorial o de flotación como también son llamados. Queriendo experimentar uno comencé a indagar y le escribí a los principales centros de spa que cuentan con él y que estaban en mi camino.
Cuando llegué a Charleston, SC me recibió Steve el dueño de Glowspa, que no solo me brindó una experiencia en el tanque de flotación gratis sino que también me obsequió una sesión de sauna y dos horas de excelentes masajes. Aquel día terminé tan relajado que me costó subirme a la bicicleta e irme. En Boca Raton, FL también fui agasajado por el Dr Emmanuel Adam Kadmon quien me invitó con una sesión sin costo en su centro Floatessence. Al respecto me explicó: “en la cámara de flotación el cuerpo flota como si no existiera la gravedad mientras no oye ningún ruido ni ve luz, no siente calor ni frío. Mi tanque de flotación es una cámara rectangular que tiene 1,5 m de ancho por 2,5 m de largo. Contiene 600 litros de agua y 450 kg de sales de Epsom (sulfato de magnesio). La concentración de sales hace que el cuerpo flote, como sucede en el Mar Muerto. El agua, que tiene una profundidad de 25 cm, se mantiene a una temperatura estable de 36ºC. Una vez dentro, la persona que debe usar tapones en los oídos, se tumba y flota, no recibe ningún estímulo del exterior, con lo que se eliminan el 90% de las señales enviadas al cerebro. De este modo la mente se relaja profundamente, al igual que el cuerpo. Es fácil perder la noción del tiempo. Se entra en un estado de meditación intensa. El aislamiento sensorial que se obtiene dentro del tanque es absoluto. Todos los músculos del cuerpo se relajan y la mente se equilibra.

La flotación está espacialmente indicada para reducir el estrés, la tensión muscular, el ritmo cardíaco, el ritmo respiratorio, el insomnio, la depresión, la ansiedad, migrañas, el dolor premenstrual y hasta dolores crónicos”.

Dejé EE.UU. relajado, contento por haber venido a este lado del país y conocer un poco más la idiosincrasia de los norteamericanos. En total, he recorrido más 11.000 Km a lo largo de 23 estados. Con ayuda de los sitios de Internet: warmshowers.org y Couschsurfing.org, fui recibido por más de 60 familias, casi todos estadounidenses, pero también brasileros, venezolanos, mexicanos y argentinos entre otros. A todos ellos mil gracias.

10conolienkey
11keywest

Pero la alegría más grande en todo mi recorrido por los EE.UU. fue en Miami, al encontrarme tras 8 años con uno de los pibes del barrio, un amigo del alma, Ezequiel Olivet, quien me recibió con su familia y por supuesto con un buen asado. Ojala no demore tanto tiempo para encontrarlo de nuevo y como es costumbre volver a ganarle al ping pong.

Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo