La historia de Buda – Km. 74.910

Desde Nepal regresé a India y debido a que no conseguí una nueva visa en el Consulado Indio de Katmandú, inicié mi pedaleada a Calcuta con los días contados. El objetivo era un verdadero desafío, pedalear casi 1.000 km en menos de tres semanas, pero también incluir la visita a dos de los lugares más sagrados del país, Bodhgaya y Mayapur.

El primer destino fue Varanasi, que por haber estado antes con Clara y Ale apenas me detuve un par de días para hacer unos videos y algo más de fotos. Luego tras dos largos días de pedaleada atravesé los 250 km para llegar a Bodhgaya, la más sagrada de las cuatro ciudades santas del budismo ya que es el lugar donde Siddharta Gautama alcanzó la Iluminación convirtiéndose en Buda.

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Se dice que en el siglo V a.C. cuando nació el príncipe Siddharta hubo tal resplandor en el ambiente que Asita, un sabio religioso de gran reputación lo notó desde su lugar de meditación en las alturas del Himalaya y decidió bajar y visitar al recién nacido. El sabio bramán profetizó que Siddharta llegaría a ser un gran rey o un Buda; lo que angustió a su padre que quería que su hijo, el heredero del reinado Sakya fuese un gran héroe miliar, conquistador de tierras y administrador de imperios. Por ello su padre lo protegió de la dureza de la vida fuera del palacio; y para evitar que su hijo desarrollara su tendencia hacia lo espiritual creó en torno de él una vida llena de placeres y con el menor contacto posible con el sufrimiento de la realidad. Y entre lujos y comodidades Siddharta recibió la mejor educación y formación.

Pero Siddharta comenzó a sentir curiosidad por conocer cómo eran las cosas en el mundo exterior y pidió permiso a su padre para satisfacer su deseo. El rey accedió y el príncipe alcanzó a salir del palacio en cuatro ocasiones. Pero pese a un estricto control para que despejaran de las calles toda visión que pudiera vulnerar la conciencia del príncipe, Siddartha vio en cada una de ellas lo que nunca había visto hasta entonces: un anciano, un enfermo y una procesión y por ello reflexionó por primera vez acerca de la vejez, la enfermedad y la muerte. En su cuarta salida descubrió un monje que cubierto con una túnica parecía emanar paz de su rostro por lo que decidió él también vivir la vida de un renunciante en búsqueda de la verdad absoluta. Siddharta dejó su casa, su mujer y su hijo, renunciando a todo y a los 29 años inició la búsqueda de la iluminación.

De acuerdo al budismo en aquella época el mundo era mucho más rico en sentido filosófico y espiritual, y se cree que la sociedad tenía un profundo interés por las cuestiones fundamentales de la existencia y por ello había un gran número de maestros de meditación, abundaban las escuelas de filosofía y los debates religiosos. Esto no sólo pasaba en India sino en Grecia, China, Persia y Medio Oriente. A ésta misma línea de pensamiento se la conoce como la Era Axial. Fue en ésta época que Siddharta anduvo deambulando seis años, meditando y aprendiendo de los más famosos maestros del norte de la India, con una admirable determinación por encontrar la iluminación.

Y fue aquí en Bodhgaya, bajo una higuera, que Siddharta Gautama se convirtió en Buda, el ser iluminado. Desde entonces, la localidad se convirtió en un lugar de peregrinaje para los budistas de todo el mundo. En el lugar de la iluminación existe el Templo Mahabodhi, uno de los templos más grandes del budismo, fundado supuestamente en el año 250 a.C. por el emperador indio y devoto budista, Asoka. Pero el templo fue destruido y abandonado tras las invasiones hunas e islámicas, pero reconstruido en el siglo XIX. Desde entonces otros templos budistas se han construido en la ciudad, por monjes provenientes de Japón, China, Bután, Tíbet, Nepal, Birmania, Sri Lanka, Tailandia y Sikkim, los cuales son representativos de las culturas y tradiciones budistas de sus países con su respectiva arquitectura.

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Llegar aquí fue conmovedor. Cuando visité el Templo Mahabodhi me encontré con cientos de monjes y fieles que hacían sus postraciones en dirección al lugar de la iluminación. Según me explicó un peregrino inglés el budismo enseña que cualquiera tiene el potencial innato para llegar a experimentar el despertar y el nirvaṇa; pero el camino implica enorme sacrificio y suele comenzar con una provocadora e inquietante “duda”.

El primer discurso (Sutra) que dio Buda fue a sus antiguos compañeros de meditación, en lo que se conoce como: “La puesta en marcha de la rueda del Dharma. En este primer discurso, Buda establece las bases para la comprensión de la realidad del sufrimiento y su cese, lo que se conoce como “Las Cuatro Nobles Verdades”. “El sufrimiento existe” – “La causa del sufrimiento es el deseo” – “Existe un cese del sufrimiento” y “Existe un noble camino para lograr ese cese”. A éste noble camino se lo conoce como el “Noble óctuple sendero” que se basa en: “Comprensión correcta” (refiriéndose al entendimiento de las Cuatro Nobles Verdades), “Pensamiento correcto” (que consiste en canalizar correctamente nuestra voluntad para cambiar), “Palabra correcta” (no hablar en exceso o inútilmente, no mentir), “Acción correcta” (no matar, robar, herir o violar), “Ocupación correcta” (ganarse la vida de forma digna sin afectar a otros), “Esfuerzo correcto” (para prevenir y destruir lo insano y producir y cultivar lo sano) “Atención correcta” (que se refiere a una mirada atenta y conciente para mantener la mente en el presente, desapegada del deseo y del rencor mundano) y por último “Concentración correcta” (meditar con aplicación y buena aspiración para alcanzar los niveles de absorción del estado meditativo conocidos como Jhanas).

Según me explicaba el inglés en occidente es muy común que se considere a Buda Gautama como un Dios. Pero un Buda no es un Dios, ni un mesías, ni un profeta. El budismo es una religión no-teísta. Por lo general, los budistas no se plantean ni especulan sobre la existencia o no de un Dios, o un creador supremo. El budismo no requiere de este recurso para explicar cómo alcanzar la iluminación. Se considera a Buda como el guía y maestro que señala el camino para alcanzar el nirvaṇa y no como una deidad que hay que adorar. El Buda es tan sólo un ejemplo para aquellos seres que deben recorrer la senda por su cuenta y lograr el despertar espiritual. El sistema budista de filosofía y práctica meditativa no fue una revelación divina, sino más bien el entendimiento de la verdadera naturaleza de la mente y tal entendimiento puede ser descubierto por cualquiera.

Siddharta Gautama murió a los 80 años de edad. La causa fue una intoxicación alimenticia que le produjo hemorragias y grandes dolores que, según los testimonios, soportó con gran entereza. Finalmente, se recostó en un bosque de mangos en Kusinagara, rodeado de sus discípulos donde alcanzó el “para nirvana”.

En la actualidad se cree que el número de budistas en el mundo supera los 300 millones de personas, haciendo de ésta la cuarta religión del mundo. En Asia es la “gran filosofía” porque su práctica ha logrado expandirse a la totalidad de sus países.

Durante mi estadía en Bodhgaya visité el templo butanés, el tailandés, el japonés y el tibetano; también la grande estatua de Buda, alta 25 mt, el monumento que fue inaugurado por el Dalai Lama en 1989 y el cual me resultó impresionante.

Bodhgaya me pareció uno de los lugares más espirituales que visité en todo mi viaje por el mundo, no es una ciudad, sino un verdadero centro budista rodeado de campos y pequeños pueblos donde acuden monjes y peregrinos de todos lados para estudiar, meditar o apenas sumergirse en la atmósfera de este lugar sagrado.

Sin duda Bodhgaya es un lugar para visitar, para regresar y para no olvidar.

Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo