Viniendo desde Inglaterra, desembarqué en Hoek van Holland pasadas las 22 hs. Y sufrí mucho porque ese barco se movió como ningún otro. Recuerdo el frío que hacía y como llovía; y pese a que era tarde me dirigí a Rotterdam donde había un albergue de la juventud.

En la mañana tuve que levantarme temprano para no perderme el desayuno, (una de las desventajas de los albergues) luego me dirigí a Amsterdam.

Por no gastar otros 6 euros en mapa, en la oficina de turismo me anoté los pueblos a atravesar y emprendí a través de ciclo-vías los 75 km que separan a ambas ciudades.

Pero al dejar la ciudad la ciclo-vía se divide una y otra vez, como si fuesen un gran laberinto, y los carteles de información sólo muestran los pueblos más cercanos y no la capital a donde me dirigía. Decenas de veces paré para preguntar, pero nadie sabía informarme cuál era la mejor ciclo-vía hacia Amsterdam. No lo podía creer: habían pasado dos horas y sólo me había alejado 15 km de la ciudad.

Enfurecido me subí a la carretera y comencé a pedalear entre los autos. Pero al par de unos km el conductor de un coche, con alma de justiciero, me obligó a abandonar la ruta. Pero no le di importancia y seguí pedaleando; y al hombre le hice una seña como que a la primera salida me movería para la ciclo-vía.

Pero el hombre que resultó ser más cabeza dura que yo, comenzó a gritarme diciéndome que ponía mi vida en peligro y la vida de los otros conductores y no se movía de atrás mío. Entonces no tuve más opción que cruzar una línea de arbustos densos y entrar en la ciclo-vía, maldiciendo al justiciero.

Y mientras a los 500 mts de lo sucedido pedía información a tres personas, un patrullero arribó repentinamente y de una manera nada amigable. Y automáticamente quienes podían ser los testigos de mi desesperación, desaparecieron; y tuve que enfrentarme al enojo de los oficiales que sólo deseaban hacerme una multa. Era obvio que aquel conductor me había denunciado.

Pero al final tuve suerte, les expliqué lo sucedido y me libraron de la multa, pero me advirtieron: “si te encontramos otra vez en la carretera no te va a salvar nadie”.

Por esta razón, mi camino hasta Amsterdam fue una odisea. Hasta media tarde me perdí innumerables veces, pero por suerte encontré a un ciclista, que con mucha paciencia, ya que no hablaba inglés me acompañó durante 20 km y me encaminó hacia Amsterdam.

Mi promedio fue desastroso, acabé llegando de noche, tras 105 km y casi 10 horas de viaje. Sin duda las ciclo-vías en Holanda no están diseñadas para los ciclo-viajeros.

Pero debía estar feliz porque me encontraba en el país de las bicicletas.

Amsterdan – Km 37.474

Canales de la ciudadAmsterdan fue fundada hacia el año 1200 como un pequeño pueblo pesquero en la desembocadura del río Amstel. Su población no tardó en constituirse como la primera potencia comercial del norte de Europa y, en el siglo XVII, en el centro de un extenso imperio.

Antiguamente buena parte del territorio de Holanda yació bajo el agua, pero su gente supo como arrebatarle al mar grandes trechos de tierra. Hoy el litoral se mantiene mediante un sistema de drenaje de molinos, diques y canales.

Me contaban que sólo desde el aire se puede apreciar cuan extensa es el área todavía cubierta por agua y cuan reducida la tierra que queda. Holanda es el país más densamente poblado de Europa.

Mis días en Amsterdan fueron de lo más agradables, allí conocí a Juan Carlos y a Kurt que me recibieron como a un gran amigo. Recorrí algunos mercados que me sirvieron para realizar mis ventas y durante toda mi estadía anduve por la gran ciudad que me seducía con sus canales y con su idiosincrasia.

Baukje me explicó como Holanda ha sido desde antaño, liberal y tolerante con las minorías. El país ha acogido a los judíos durante siglos, y aunque el catolicismo fue prohibido después de la independencia, las autoridades eran permisivas con su práctica. Según Baukje esa tolerancia se practica hoy con los exiliados, gays, lesbianas y gente de diferentes entornos. El respeto por el derecho de cada uno a vivir su vida subyace en la liberalidad de las leyes que regulan la prostitución y las drogas.

Y fue exótico caminar por el barrio rojo y observar como las prostitutas se exhiben en las vidrieras.

Pero de noche, caminando por las calles, tuve la sensación de que algunos lugares eran peligrosos, se notaba en la cara de las personas que deambulaban sin rumbo o bajo el efecto de alguna droga. En más de una ocasión se me acercaron para provocarme pero siempre me salí bien. El único problema que tuve fue cuando una tarde en las que vendía en la “Plaza Dam” terminé a los forcejeos con un grupo de marroquíes que defendían a su amigo africano, de origen negro, con el que estuve a punto de agarrarme a las trompadas. El tan idiota, pasó corriendo y se llevó la bicicleta por delante. El golpe fue tan fuerte que provocó la ruptura de los tres pies que la sostenían. Automáticamente lo llamé de estúpido y nos fuimos uno encima del otro.

Había mucha gente y ninguno de los 5 marroquíes buscaba problemas; aunque el africano tras el terrible golpe que se dio al caerse quería pelear.

Pablo Garcia Rumbo al sur

Mi camino rumbo a Bélgica continuó primero hacia Den Haag y luego hacia Roosendaal. Me demoré tres días para llegar a la frontera. Casi siempre bajo lluvia y con un fuerte viento que por momentos me tiraba de la ciclo-vía. Todavía recuerdo cuando de noche debí atravesar aquel puente; no se veía nada, estaba empapado y hacía un frío de morirse. Y ahora en Holanda, una vez más; como muchas otras veces en mi viaje, me pregunté: ¿Qué demonios estoy haciendo aquí?

Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo