Treinta horas en Honduras – Km 130.270

Desde Santa Clarita, EL Salvador entramos en Honduras y durante dos días pedaleamos por la panamericana los 140 km que nos llevarían hasta Nicaragua. Atravesamos pequeños poblados y solo un par de ciudades. Por ser la época seca todo está amarillo, más desolado, más pobre. Hay casas que apenas están construidas con troncos y nylon, otras de adobe. Me recuerda a África. No veo cultivos de ningún tipo, tampoco árboles con fruta, ni ganado.

Sobre el mediodía el sol te parte la cabeza, no hay una gota de viento ni una sombra donde cobijarte. Mierda! Tengo la goma pinchada, pero no me detengo, ni loco cambio la cámara bajo este sol demoledor. Tampoco me simpatiza la idea de desmontar todo el equipaje y quedar expuesto al país más violento del mundo. Es domingo y por momentos no hay un alma en la carretera. Fran y Juan están adelante, por ello prefiero inflar la rueda y seguir pedaleando. Alcanzo a los pibes que se detuvieron para ir a un baño, Juan está con problemas estomacales, al igual que yo. Vaya a saber que tipo de parásitos tenemos. Me les adelanto y llego primero al pueblo, donde me cobijo bajo un techo de chapa para arreglar la bici. Es un horno, madre mía, que calor que hace en este país.

La una del mediodía, es hora de parar. Arreglo la bici mientras Fran y Juan llegan, y luego por fin nos detenemos en el primer restaurante del pueblo: uno chino. Pero su dueño es hondureño, aunque ex empleado de un comedor chino, nos comenta. El tipo no para de trabajar, el plato de comida cuesta 2,5 USD. Esperando que el sol baje, pasamos dos horas allí, bajo otro techo de chapa.

En la tarde todo fue más fácil, hacía menos calor, tuvimos menos subidas y hasta pegamos un poco de viento de cola. Sobre las 4 pm llegamos a Choluteca. Nos dirigimos al cuerpo de bomberos que a menudo recibe viajeros. Nos pidieron los pasaportes, copiaron nuestros datos y enseguida nos dieron el ok para montar nuestras tiendas en la parte de atrás, entre algunos vehículos viejos y abandonados. Cenamos pasta con salsa de tomate y verduras.

Aquella noche mientras dormíamos sonó la alarma y un carro de bomberos junto a una ambulancia salieron a toda velocidad con las sirenas encendidas. En la mañana supimos que el episodio no fue más que una pelea en una fiesta, en la que un tipo le había cortado la mano a otro de un machetazo.
Honduras es el país sin guerra mas violento del mundo. Según la oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, mueren asesinadas 90 personas por cada 100.000 habitantes al año, casi diez veces la media mundial.

Adrián, uno de los bomberos del departamento, al respecto nos dijo: “la extrema pobreza, la exclusión social, el narcotráfico y la impunidad de la clase política, son las causas fundamentales de la violencia en Honduras. En el país son comunes las extorsiones de grupos de pandilleros (maras) y otras redes criminales, que han provocado el cierre de miles de pequeñas empresas.

Las maras se originaron en el estado de California, EE.UU. por jóvenes inmigrantes centroamericanos que llegaron en la década de los 80, huyendo de los conflictos armados de la región, uno de los más cruentos escenarios de la Guerra Fría. Quien no ingresaba a los ejércitos nacionales o a los ejércitos guerrilleros de su país tenía como opción emigrar hacia Estados Unidos. Allí para sobrevivir, salvadoreños, hondureños y guatemaltecos debían incorporarse a grupos latinos, (mexicanos o puertorriqueños) que más consolidados se enfrentaban a grupos afroamericanos. Con el tiempo se dieron cuenta que ellos eran tantos y tan valientes como las otras pandillas y decidieron conformar su propio grupo. Posteriormente las maras se extienden a muchas ciudades de Estados Unidos e incorpora a otros grupos de migrantes de otros países de América Latina.

En Centroamérica no había maras, pero el final de los conflictos armados y la democratización en la región fue acompañado de un proceso de deportaciones desde Estados Unidos, devolviendo a sus países de origen a los pandilleros que tenían antecedentes penales. Éstos sin saber como reinsertarse en su sociedad se reestructuraron en la región. En la actualidad su red se extiende en toda América Central con impacto muy fuerte en los Estados Unidos y algunos países europeos.

De esta manera, debido a la violencia que existe en el país, a la miseria y a la gran corrupción de los políticos, cada año unos 80.000 hondureños se dirigen a Estados Unidos para buscar un trabajo y poder enviar ayuda a sus familias”.

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