Descubriendo el Hinduismo en Uttarakandh

Después de un mes y medio de viaje atravesando la parte musulmana y budista del país, nos adentramos en la provincia de Uttarakandh, que está plagada de bosques, colinas, cascadas y lagos; y donde existe el glaciar Gaumukh de donde nace el río más sacro de la India, el Ganges. Allí nuestro primer destino fue Rishikesh, un famoso centro de peregrinaje hindú.

La palabra Rishikesh que tiene su origen del sanscrito, es un nombre del Dios Vishnu que significa “Señor de los sentidos”. El lugar es una ciudad santa para los hindúes, y según la mitología india ésta obtiene su nombre después que Vishnu se le apareciera a Raibhya Rishi como resultado de sus austeridades, como el Señor Rishikesh o Señor de los sentidos. Raibhya Rishi fue un sabio indio que sitúo un templo en la orilla del Ganges.

Según me explicaron, para el hinduismo Dios es uno solo pero tiene una infinidad de manifestaciones; y entre las más importantes están; “Brahma” el Dios creador del universo, “Vishnu” el Dios de la preservación y alimentación del mundo y “Shiva” el Dios de la destrucción, que tiene como función la destrucción de la creación para que todo vuelva a ser creado nuevamente. Luego a través de sus múltiples manifestaciones existen otras deidades masculinas, como Krishna (una de las principales encarnaciones de Vishnu, aunque según la tradición vaisnava, Krishna es la Suprema Personalidad de Dios) Hanuman (el Dios mono que salva de las adversidades) o Surya (la deidad solar que es uno de los tres principales Dioses Védicos). Entre las más importantes de las deidades femeninas surgen Parvati (la Diosa del amor), Lakshmi (la Diosa de la riqueza, prosperidad y de la buena fortuna) y Sarasvati (la Diosa encargada del aprendizaje y de las bellas artes).

A diferencia de otras creencias mas definidas el hinduismo no fue fundado por ningún profeta. El hinduismo no es una religión ni una filosofía sino una suma de ellas, un conjunto de creencias teóricas, religiosas, cultos, costumbres y rituales que conforman una tradición, en la que no existen ni órdenes sacerdotales que establezcan un dogma único, ni una organización central. Los hindúes llaman a ésta tradición religiosa “Sanatana Dharma” (“religión eterna”), porque creen que no tiene principio ni tendrá fin.

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Los hindúes reverencian a la divinidad en cualquiera de sus manifestaciones, son doctrinalmente tolerantes y permiten que otros practiquen sus creencias, porque creen que todas las demás religiones son simplemente diferentes caminos de alcanzar la misma meta espiritual. Creen en un principio no creado, eterno, infinito, trascendental que abarca todo y que es la única realidad. Es la causa última, el fundamento, la fuente y a su vez la meta de toda la existencia. Por ello creen que detrás del universo visible (“Maya o ilusión”), al que atribuyen ciclos sucesivos de creación y destrucción, hay otra existencia eterna y sin cambios. Por ello, abandonar el ciclo de reencarnaciones y retornar al universo espiritual constituye el mayor de todos los logros.

Rishikesh que está considerada como la capital mundial del yoga, cobró fama internacional a fines de la década del 60, cuando los Beatles visitaron el lugar queriendo descubrir los secretos de la meditación trascendental. Desde entonces son miles de personas, muchos llegados de occidente, que pasan por la ciudad en búsqueda de un retiro espiritual, atraídos por la gran cantidad de centros ashram y sus diferentes cursos de yoga.

En uno de los principales Ghats (escaleras sobre el Ganges), cuando comienza a caer la noche se lleva a cabo la ceremonia “Ganga Aarti”, un verdadero espectáculo donde asisten los sadhus (hombres que se dedican a la búsqueda espiritual) peregrinos y turistas. El ritual se inicia con cánticos de mantras que glorifican al río Ganges y a Shiva, durante los cuales, los fieles se acercan a la orilla del río para dejar sus ofrendas, que son como barquitos de hojas que portan flores y una vela. El ritual es llevado a cabo por varios sacerdotes, a lo largo de una hora, que primero ondean lámparas de fuego hacia el río lo que supone que capta la energía de la deidad, y luego las apuntan hacia todos los presentes, bendiciéndolos.

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Y fue aquí en Uttarakandh donde comenzamos a ver la otra cara de la India, tal vez la verdadera si la comparo con el Ladakh, con Srinagar o con McLeod Ganj. Aquí todo es más colorido, pero también más sucio, más triste y más difícil; por la súper-población y todo lo que ella envuelve, por las más crueles e inimaginables deficiencias humanas que uno ve en la calle día a día y también por la curiosidad de aquellos que no tienen trato con el extranjero.

El olor a pis está en todos lados y resulta inaguantable, en algunos lugares existen baños públicos para hombres, pero por el olor se deduce que los limpian una vez por mes. Hubo un día que caminando con Clara se le acercó un tipo y comenzó a caminar a su lado demasiado cerca, como hipnotizado, molestando. Pero para evitar problemas preferí no decirle nada y caminar más rápido; pero el tipo continuó caminándole demasiado cerca, como si fuese una abeja y como si yo no estuviese. Entonces, tras unos metros, quité a Clara del medio y lo enfrente bastante enojado, y debido a que no nos entendimos por unos segundos la situación se puso tensa, pero luego preferí obviarlo y en realidad fue lo más inteligente.

Así, envueltos en la cotidianeidad la ciudad no nos resultó tan “espiritual”. Durante nuestra estadía nos interesamos en cursos de yoga pero por una clase nos cobraban lo mismo que pagábamos nuestro cuarto de hotel que tenía baño privado y balcón frente al Ganges. También nos interesamos en un curso de masaje ayurvédico y por ello visitamos varios lugares, pero no nos inspiraron confianza, porque los llamados “centros de masaje” no eran más que habitaciones sin ventanas, “formato caja” o porque quienes dictaban el curso no disponían de material teórico y encima nos cobraban un precio totalmente desubicado. Nos dio la impresión de que eran más charlatanes que profesionales. Y según nos advirtieron en Rishikesh los hay de todo tipo.

Y como si no bastase con lo que es la India, en Rishikesh como en otros lugares del país abundan aquellos turistas occidentales “alternativos” que con aire de rebelde caminan sucios, con ropas rotas y descalzos sobre toda la mugre. Pero también los hay de los otros, los que no son actores, aquellos que por el uso de drogas quedaron en muy mal estado; caminan totalmente perdidos como si estuviesen en otra dimensión. Hasta la gente local se da vuelta para mirarlos. Sentí pena por ellos.

Nuestra pedaleada siguió en dirección sur hacia Haridwar, con mucho calor que durante el día nos quita el apetito. La gente maneja como loca, a pleno bocinazo y sin respetar nada ni a nadie. Como si fuesen animales.

Haridwar tiene una población de 300.000 hab, pero debido a que es la ciudad de peregrinaje más importante de la pcia, el lugar estaba desbordado. Por ello en Haridwar todo nos resultó más difícil, buscar un hotel, un restaurante, movernos con las bicis e incluso a pie. Pero al menos con el atardecer nos dirigimos al Har-Ki-Pairi ghat donde una vez más presenciamos la ceremonia “Ganga Aarti” junto a miles de personas, que al igual que Rishikesh nos resultó un verdadero espectáculo.

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Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo