A fines del año 2005, durante mi recorrido por Italia conocí a Clara que estaba iniciando su especialización en arqueología. Luego bastaron solo algunas semanas para enamorarnos, por ello como quien busca meterle adrenalina a los años, sin pensar mucho decidimos aventurarnos y partir juntos en bicicleta. Durante el año 2006 y 2007 pedaleamos a través de Turquía, Siria, Líbano, Jordania, Egipto, Israel, Chipre y Grecia para luego regresarnos a Italia. Nos adentramos en lugares espectaculares aunque por momentos la experiencia fue tan fuerte como estresante, quizás porque la cultura de estos lugares no era el mejor lugar del mundo para pedalear con una chica demasiado guapa y con lindas curvas. Pero valió la pena. Luego la etapa siguiente a través de los Balcanes, Turquía, Irán, el golfo Pérsico y Pakistán la hice solo, aunque ambos nos prometimos volver a pedalear juntos.

Esta vez nuestros tiempos coincidían para reencontrarnos en India y aunque yo sabía que tampoco éste era el mejor país para pedalear con ella, no lo dudé; porque entendía que atravesar la India juntos sería también inolvidable. Pero a su vez entendía que si no quería que Clara me abandone en la primera semana de viaje no podíamos partir de Delhi en bicicleta, ni tampoco querer atravesar todo el país pedaleando como hicimos en Medio Oriente. Por ello planeamos viajar de diferentes maneras; pedaleando por las zonas más tranquilas, por caminos secundarios e interesantes a descubrir, y de tren o autobús entre las grandes ciudades, a veces cargando nuestras bicicletas o incluso sin ellas. Y fue una buena idea.

A su arribo nos instalamos en la zona de Majnu ka Tilla, una colonia tibetana en las afueras de la ciudad, allí nos quedamos una semana en la que visitamos el Fuerte Rojo, la tumba de Humayun y la Mezquita Jama Masjid, que datan de la época Mongol entre el siglo XVI y XVII. Recorrimos los mercados de Connaught Place, Chandni Chowk y el Main Bazar, “con paradas cada 10 mt para mirar todo tipo de ropa femenina” y por último visitamos el Templo Akshardham, que según dicen cuenta con 20.000 estatuas de divinidades, el Templo de ISKCON del movimiento Hare Krishna y el Templo de Loto que ha ganado numerosos premios en el área de arquitectura y que fue tantas veces distinguido en revistas y diarios a nivel internacional.

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Descubriendo el Ladakh

Escapándonos del calor de Delhi y de los monzones que estaban ya comenzando en el norte del país decidimos viajar a una de las zonas más aisladas de la India, la provincia de Jammu y Cachemira, que limita con Pakistán, China y la región de Tíbet. Si bien esta zona es el centro de una disputa de cincuenta años entre India y Pakistán que ya ha desatado dos guerras y estuvo a punto de desatar una confrontación nuclear en 1998, en la actualidad está mucho más tranquilo, por lo que el turismo lentamente comienza a hacer retorno a éste legendario destino.

03rio_indoSobre el este de la pcia de Jammu y Cachemira se encuentra el Ladakh; una gran meseta que se extiende por arriba de los 3000 mt, situada sobre la vertiente occidental de los Himalayas, donde atraviesa el valle del río Indo y donde también existen zonas desérticas y picos que superan los 6000 mt de altitud. Esta región hospeda una de las últimas comunidades del Budismo tibetano, que subsistió a las diferentes colonias, a la violencia de los mongoles y a las revoluciones culturales gracias a su estratégica posición geográfica. Entre los meses Noviembre y Mayo el Ladakh está casi completamente aislado, ya que llegar por tierra significa atravesar los pasos montañosos más alto del mundo, por lo que su aislamiento ha preservado un estilo de vida medieval transformándolo en una de las zonas más impresionantes de Oriente.

Nuestro primer destino fue Leh, capital del Ladakh, que según nos contaron es como si fuese un pequeño Tíbet, ya que desde el momento que China lo ocupó, muchos tibetanos se refugiaron en esta zona.

Situada a 3.500 mt de altitud, Leh es una ciudad turística con numerosas agencias de viajes, negocios de todo tipo y hasta pizzerías y restaurantes italianos. En la parte vieja se encuentra el símbolo de la ciudad, el imponente Leh Palace construido a inicio del siglo XVII por la familia Real del Ladakh, en el mismo estilo del Palacio de Potala en Tíbet.

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Durante nuestra estadía recorrimos varias veces las estrechas calles de la ciudad, que esconden las casas mas antiguas hechas de madera y con ladrillos de barro transportándonos a otra era, también visitamos varios gompas y stupas, que por estar situados casi siempre en los lugares más altos gozan de unas vistas fabulosas. Según nos explicaron un gompa es un monasterio en el cual monjes y novicios viven para aprender y formarse en la práctica espiritual, a través de la observación, reflexión y acción mediante el estudio e investigación. Al interior del Sankar Gompa existen antiguos frescos y una estatua de Avalokiteswara, la divinidad budista de la misericordia, que de acuerdo a los tibetanos se personificó en el Dalai Lama.

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En tanto los stupas son monumentos funerarios de peregrinación que señalan el lugar donde ha sido enterrada una reliquia budista. A veces pueden ser las cenizas de algún santo, contener imágenes de culto, objetos que pertenecieron a Buda o simplemente exponer la doctrina budista. Algunas stupas tienen la función de santuario. Y en el Ladakh, las hay por todos lados.

Pedaleando por el valle del Indo

El valle del río Indo, que se extiende a través de la actual frontera entre India y Pakistán, es la cuna de la civilización del subcontinente indio que originalmente fue poblado por algunas tribus nómades que vivían cultivando las tierras y criando animales. Y si bien ya habían pasado más de 5000 años de aquellos primeros asentamientos, al pedalear por éste valle, sentimos que las cosas cambiaron bien poco desde entonces.

Queriendo conocer más gompas nos dirigimos hacia el sudeste de Leh, hacia la localidad de Shey que en el pasado también fue residencia de la familia Real del Ladakh y donde hoy su palacio es todavía un lugar de culto. También hay una fortaleza en ruinas y un pequeño gompa que es la residencia del lama local. A unos pocos km se encuentra el Thiksey gompa que data del siglo XV donde viven un montón de monjes y donde existe una estatua de Maitreya (el Buda del futuro) de 14 mts de alto. Según nos explicaron, Buda (Siddhartha Gautama) anunció a Maitreya como el nombre del próximo Buda, su sucesor; que nacerá en la tierra para lograr la completa iluminación y enseñar el dharma (ley natural), aunque según el budismo esto ocurriría dentro de un largo tiempo.

Luego nuestro viaje tomó sentido noroeste, río abajo aunque pedaleando cuesta arriba y abajo todo el tiempo, por una zona casi siempre árida y desolada. Hubo subidas que se estiraron por más de 20 km y Clara pedaleaba más rápido que yo. Pedaleamos por varios días y visitamos las localidades de Nimmu, Basgo, Alchi, Khalsi y Lamayuru. De noche acampábamos entre majestuosas montañas o dormíamos en pequeños hoteles para ducharnos y protegernos del frío. Sin duda éste recorrido fue el más impresionante de todo lo que recorreríamos en India.

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Cuando llegamos a Lamayuru nos instalamos en una pequeña pensión de una familia local, de rasgos con un estilo muy peculiar, inconfundible, tibetana. Allí pasamos unos días para descansar y saborear los manjares tibetanos, que no son nada parecidos a la comida picantísima de la india. Lo que más me gustó fueron unos ñoquis amasados por el dueño de casa, todavía los recuerdo, me comí 3 platos gigantes, pero también comimos momos, thukpa y chowmein. Todo era una delicia.

Durante nuestra estadía visitamos el Lamayuru gompa situado en la cima de una montaña rocosa. Es el más antiguo del Ladakh que data del siglo X y donde la gente local asiste con su manikor. El manikor es un pequeño cilindro giratorio o rueda de plegarias que es utilizado tradicionalmente por los budistas para la oración. Se cree que cada rotación equivale a una expresión del mantra: OM MANI PADME HUM, el mantra de la compasión, que está inscrito por dentro y por fuera del manikor. Según nos explicaron el mantra ayuda a lograr la perfección en la práctica de la generosidad, de la ética pura, de la tolerancia, de la perseverancia, de la concentración y de la sabiduría.

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Una vez dentro del gompa presenciamos la creación de un mandala, que de acuerdo a Tenzin, un monje tibetano, es un arte milenario que permite por medio de una representación gráfica llegar a la meditación y concentración para reintegrarse en la unidad de conciencia absoluta. Como virtudes terapéuticas permite recobrar el equilibrio, el conocimiento de si mismo y la calma interna, necesarios para vivir en harmonía. Según Tenzin, su práctica consiste en elegir un mandala y simplemente colorearlo.

Nuestra estadía en la pcia de Jammu y Cachemira se prorrogó durante casi un mes, en el que también visitamos Kargil que señala el límite mas oriental de la presencia musulmana en el Ladakh, pero no nos gustó, porque su gente nos resultó hostil, quizás porque en el año 99, fue el escenario de una significativa batalla durante la guerra Indo-Pakistán por lo que la ciudad todavía permanece fuertemente ocupada por los militares.

Pero muy distinto fue en Srinagar, que pese a estar “invadido” de una manera vergonzosa por las fuerzas militares; (un soldado cada 20 mt en la ciudad, y varios de ellos cada 150 mt en la ruta), su gente nos pareció de lo más cálida y amigable de todo lo que hemos conocido en India. Srinagar fue una de las ciudades más afectadas debido al conflicto de Cachemira, ya que su población depende en alto grado del turismo. Una verdadera pena porque el lugar es de lo más original que he visitado en todo mi viaje. El lago Dal es la joya del lugar, que tiene más de 300 km cuadrados de aguas tranquilas y llenas de vida con sus hoteles flotantes, vendedores ambulantes y su gran mercado.

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Ojala que Srinagar vuelva a ser invadida pero de turistas, como 20 años atrás, porque el lugar y su gente se lo merecen.

Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo