Km. 50.465

Regresé a Italia por tercera vez, la negativa del consulado Libio en Túnez para obtener la visa me obligó a embarcarme nuevamente hacia Sicilia, en pleno invierno europeo, pero no me hice problema, porque presentía que aún el sur de Italia me guardaba una de las mejores memorias de mi viaje.

Corrían los días de fin de enero y el frío y las lluvias no me dejaban proyectar, por ello me instalé unos días en Palermo, en casa de Daniela, la novia de un siciliano a quien había conocido en Londres un tiempo atrás. También llamé a Clara, una palermitana de la que no me había olvidado, pero en aquellos días tuve mala suerte porque ella se encontraba de viaje en el norte de Italia.

Así dejé correr unos días, vendiendo algunas de mis fotos en las galerías o en el mercado de antigüedades los fines de semana. Pero a decir verdad, en Sicilia mis ventas nunca fueron tan buenas, si las comparo con otras ciudades del sur de Italia, por ello me embarqué nuevamente a Nápoli, esperando que el frío me deje avanzar camino a Grecia.

Napoli
Pablo Garcia en Napoli

Pero otra vez Nápoli y sus alrededores me cobijaron como un hijo predilecto; el buen clima siempre me ayudó a vender, al menos durante los fines de semana y así mis ventas en la via Toledo se cuadriplicaron; los napolitanos al saber que era argentino nunca dudaban en colaborar con mi viaje.

También me reencontré con varios personajes, como el irlandés Donald a quien había conocido la primera vez; según él, vivía en un palacio y hospedaba a cuanto viajero perdido conocía, por ello esta vez no dudé en visitarlo, pero su palacio terminó siendo una casa ocupa que dividía con unos punks, y donde apenas me quedé un par de días; aunque Donald era un buen tipo dentro de su casa hacía mas frío que afuera.

Con Gianpie y su fliaTras un par de semanas en Nápoli en la que visité la isla de Ischia llamé a Gianpiero, a quién había conocido en Finlandia en el verano de 2004. Gianpie vive a 35 km de Nápoli, en San Felice a Cancello y al saber de mí no dudó en invitarme a su casa, donde su familia me brindó una de mis mejores recuerdos de mi viaje. Fue durante dos semanas que me sentí junto a ellos y toda su gente como si fuese un pariente lejano. Recuerdo cuando todos juntos almorzábamos o cenábamos, hasta la nona indagaba y se preocupaba por mí.

Gianpie es estudiante de filosofía y pese a sus 23 años me pareció un tipo con un gran raciocinio, me daba gusto conversar con él, y France, su hermano gemelo, estudiante de ciencias políticas y ya secretario del departamento de jóvenes de la pcia de Caserta, también me pareció de aquellas personas con las que da gusto conversar. Me sorprendió el empeño que ambos colocaron para conseguirme un sponsor, Gianpie llamó y concertó una entrevista con cuanto conocido o familiar pudiente se le venía a la mente, hasta su padre nos acompañó a una de ellas, quizás si me hubiese quedado más tiempo hubiésemos conseguido algo. A su vez France también movió algunos contactos políticos; pero éstos políticos en Italia no me parecieron diferentes a todos aquellos a los que yo en diferentes países ya me había presentado.

Mi estadía en San Felice a Cancello sirvió también para ponerme al día, haciéndole una visita al dentista, un amigo de la familia y hasta para cortarme el pelo con le campeón del mundo, así como suena, parece que los peluqueros también tienen a su campeón del mundo. De esta manera fui conociendo cada vez más la vida en un pueblo del interior de Italia, donde hay más tiempo libre que preocupaciones y obligaciones. Gianpie me llevaba a la plaza central, donde siempre había amigos nuevos por conocer, parecía a un gran club.

Y como me divertí. Recuerdo una noche de carnaval en la que Mario y el resto me llevaron a bailar a un pub donde todos estaban disfrazados, tomamos mucha cerveza y terminamos bailando arriba de las mesas. “Así es la vida aquí” me explicaba Gianpie, “por ello lo más normal es que uno se case de joven, con su novia de toda la vida”.

En casa de Pepe
Con Pepe y su familia

Otro día fui a casa de Pepe, una familia más tradicional que elaboraba sus propios salames y su vino, criaban conejos y gallinas, y tenían cultivos y un horno a leña para cocinar pan y pizzas. Recuerdo al padre de Pepe, el día que me conoció se presentó sin camiseta con su panza gigante al aire y a los gritos en Napolitano diciéndome: “¿Mangiamo, mangiamo?”

San Felice a Cancello fue mi casa en el sur de Italia y su gente como mi familia, gracias Gianpie!!!

Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo