NORTE DE ETIOPIA

Dejé Addis cuando cumplí treinta años; ese día quería estar en la ruta pedaleando. Fue divertido brindar con la gente de Aleletu. Era mi tercer aniversario que pasaba en África. Y yo que pensaba recorrer todo el continente en apenas siete meses, qué iluso fui.

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Encaré la ruta con muchas pilas, estaba como nuevo, descansado y en un buen peso. Los primeros diez días pedaleé por las provincias de Oromia y Amhara. Su gente es cálida y fui constantemente convidado a pasar a sus casas para tomar un té o comer algo.

Todas tenían el suelo cubierto de pastos verdes, que, según me explicaban, es una tradición para comenzar el año nuevo. A diferencia del sur, las casas son construidas con piedra, incluyendo el cerco principal o el corralón para su ganado.

En el interior de Etiopía los lugares para dormir son muy precarios y nada limpios. Viajando a lo largo del país, muchas mañanas me despertaba con una gran picazón. Me tomó varios días descifrar la clase de picaduras que tenía en el cuerpo. Me preguntaba cómo se multiplicaban si dormía con mi mosquitero y a veces en mi bolsa de dormir.
Había noches que me despertaba desesperadamente para rascarme, hasta que descubrí un par de pulgas durmiendo conmigo. ¡Qué tonto fui!, quién sabe desde cuántos días llevaban ahí. Estaban en todos lados: en las camas donde dormía, en mi bolsa de dormir y hasta en mi ropa que llevaba en las alforjas. Y librarme de ellas durante el viaje no fue fácil.

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El viaje por las tierras altas de Etiopía fue duro, los caminos son un sube y baja constante, y por momentos me faltaba oxígeno. Pedaleaba a 3500 metros y no tenía más fuerzas. Me preguntaba hasta cuándo iba a seguir pedaleando cuesta arriba. ¿Dónde estaban las bajadas? Por día, avanzaba no más de 60 o 70 Km. Además, hacía frío y la tradicional injera que comía la gente del lugar no era suficiente para mí.

Hasta que por fin llegué a Lalibela.

Lalibela – Km 26.695

Lalibela es conocida como la ciudad de piedra, o la Petra de África. Es el lugar de Etiopía más visitado por los turistas. Yo quería conocerlo.

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Allí existen 21 iglesias que fueron construidas a finales del siglo XII e inicios del XIII, con una característica que las diferencia de todo el mundo, siendo para los cristianos ortodoxos un lugar especial, más precisamente, una especie de Meca. Las iglesias fueron construidas en la montaña, desde la roca y de arriba hacia abajo. Para ello, eran hechas cuatro enormes trincheras que formaban una sólida roca, que luego sería esculpida de afuera hacia adentro.

El guía me contaba que, según la leyenda, las 21 iglesias fueron construidas en 21 años y que participaron sólo 4000 hombres, algo que ni siquiera él mismo creía. El mito también cuenta que para hacer esto posible, el rey Lalibela contó con la ayuda de ángeles que, durante las noches, contribuyeron al avance de la construcción.

Entrar en estas iglesias fue impactante, era como estar en una enorme cueva construida desde una piedra maciza. Por dentro, todas las paredes, las columnas y las ventanas estaban finamente esculpidas.

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En las paredes exteriores que cercan las iglesias, existen unas cavidades que son una especie de pequeñas cuevas donde viven los monjes. Son personas que han renunciado a la vida material y que se preparan, a lo largo de un año, en diferentes conventos. Su único requisito es ser mayor de 18 años. Lo veía y no lo creía: era un espacio muy pequeño y allí estaban todo el día estudiando la Biblia.

Mis días en Lalibela sirvieron para descansar y, también, para lavar toda mi ropa, mis alforjas y mi bolsa de dormir con agua hirviendo. Tenía el cuerpo todo marcado. Por suerte conocí a un farmacéutico que hablaba español, porque había estudiado en Cuba. Al ver mi estado, me alertó sobre la seriedad de mis síntomas: no eran sólo las picaduras, el problema ya lo tenía en la sangre. Estuvimos un largo rato charlando. Fue muy amable, me regaló los medicamentos y me dijo: “si tienes fiebre ve a un médico enseguida, las consecuencias pueden ser serias”.

Leyenda de Lalibela

Según la leyenda, cuando Lalibela nació, una espesa nube de abejas lo cubrió en su cuna. Su madre vio las abejas como símbolo de que su hijo sería un gran soldado y lo nombró Lalibela, que significa: “las abejas reconocen su soberanía”.

Desde chico despertó la envidia de su hermano, quien luego fue rey; en tanto que Lalibela fue exiliado a Jerusalén.
Allí se maravilló con las construcciones que encontró y juró, a su regreso, edificar un nuevo sitio sagrado en su reino. Pero su hermano, el rey Harbay, atentó contra Lalibela, envenenándolo. El príncipe entró en un sueño mortal y, según el mito, los ángeles llevaron a Lalibela al cielo, donde recibió instrucciones de Dios para construir las iglesias.
Pasados los tres días, retornó a la Tierra con las instrucciones exactas para iniciar la obra.

Así, el rey Harbay se reconcilió con su hermano y lo proclamó como el verdadero rey. Pronto grandes artistas y artesanos del mundo entero fueron reunidos para trabajar, dando inicio al gran proyecto. La leyenda cuenta que la gran labor producida durante el día por la fuerza humana era reemplazada por la labor celestial en las horas de oscuridad. Era así como las iglesias avanzaban en la construcción a una velocidad milagrosa.

Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo