El Desierto del Este

En la salida de Luxor, la policía me paró nuevamente y no me dejó continuar pedaleando, demorándome así un par de horas. El Convoy pasó a las 14.00 hs y debido a las nuevas leyes egipcias debí abordar una de sus patrullas.
Demoraron dos minutos para cargar mi bicicleta en la camioneta que encabezaba la caravana, y luego nos dirigimos a Qena. Finalmente me pareció más peligroso viajar con la policía a alta velocidad y a puro bocinazo abriendo paso al convoy de mas de 30 vehículos que pedalear solo y aventurarme a la gente local.

Desde Qena al Cairo, nuestro camino se desvió hacia el Mar Rojo porque para la policía la opción de bordear el Nilo es peligrosa. Por ello luego tuve que seguir por otro desierto, esta vez el Desierto del este. El asfalto de la ruta era bueno, durante casi todo mi camino pude observar decenas de pozos petroleros, pero las distancias entre poblaciones, a veces eran demasiado largas. Lo difícil en estos meses de invierno fue el viento que soplaba con fuerza atroz desde el norte, no permitiéndome avanzar mas de 10 o 12 km/h.

A medida que iba pedaleando entendía como la historia del pueblo egipcio se caracterizó por su aislamiento basado en la existencia de desiertos. El desierto de Nubia al sur, el del este y oeste extendiéndose desde el fin de las florecientes márgenes del Nilo y el desierto del Sinaí al norte.

Hoy mas del 90 % de su población vive en las orillas de su gran río.

El Cairo, fin de Africa – Km 29.352

Ingresé al Cairo sobre el final de la tarde, el último día del año 2003. Era una tarde soleada pero había mucho smog. Estaba contento, no era para menos, concluía el primer continente tras 17.000 km de bicicleta. Habían pasado 27 meses, cuando la idea inicial había sido 7. El viaje había cambiado totalmente, ya creía más en mí, porque a pesar de que se me cayeron los sponsors argentinos debido a la crisis económica de mi país, pude seguir adelante, con sponsors africanos. Que alegría, estaba en el Cairo!!! Y el hotel Sheraton Cairo me patrocinó con una semana de estadía. Me sentí como un grande.

La gran metrópolis

También sobre el río Nilo yace Cairo, una ciudad gigante; la más grande de todo Africa, 17 millones de habitantes y quizás otros 10 de vehículos. Su gente es única, por ello salir a caminar por la ciudad se puede tornar tan interesante como visitar el mejor de los museos.

Aquí todos gritan bastante, por lo tanto la ciudad y el bullicio van de la mano.

El sistema de transporte es muy particular y los cobradores de los minibuses son de los que gritan mas fuerte, tratando de convencer a los pasajeros para subirlos a su vehículo; he llegado a presenciar como se los disputan tirando de sus brazos.

También están los mozos de los restaurantes, que ciertamente eufóricos te invitan a probar su plato tradicional “el koshari”, mi preferido; o simplemente los que con cierta insistencia te tratan de vender en los pequeños comercios céntricos un perfume.

Hay demasiada gente y mucho tráfico. Parecería que el espacio se tridimencionaliza. Por arriba existen las incontables autopistas que ocultan los rayos del sol y por abajo están los metros, largos, tan largos como curiosos. Los primeros vagones son exclusivamente para mujeres, según las costumbres del Islam, ellas no deben mezclarse con los hombres, pero en realidad no todas viajan en la parte delantera del subte.

En las noches Cairo tampoco descansa, todo es igual; todos salen y se juntan; en las calles o en los bares, para conversar o para fumar en una de sus grandes pipas tabaco con sabor a manzana. No importa cuales ni como, pero caminando por las callejuelas de este exótico lugar, encontré olores y colores, de todas las especies que aromatizan esta gran ciudad.

Las Pirámides

En el Reino Antiguo (2.675 – 2.250 a.C.) los reyes fueron fortaleciendo su control y canalizaban cada vez más los recursos del país a la preparación de sus tumbas. Los primeros arquitectos trabajaban con ladrillos de barro, pero en la dinastía III crearon pirámides de piedra aún más grandes. Sólo la alta nobleza era enterrada en ellas, aunque también los nobles acaudalados se hacían construir sus propias tumbas.

Gran parte de las obras se realizaban en los meses en los que el Nilo se desbordaba sobre los campos cultivados, de esta manera el rey podía emplear temporalmente a los agricultores desempleados. Para los antiguos egipcios las pirámides eran las tumbas para preservar los cuerpos de sus reyes muertos, porque ellos creían en la resurrección y en la inmortalidad.

La Gran Pirámide de Keops fue construida por el rey Khufu (Keops) de la dinastía IV, alrededor del año 2650 a.C. Su altura actual es de 137 mts, pero su altura original era de 146. Fueron utilizados casi 2,5 millones de bloques de piedra y tiene su base de 230 mts, pero lo asombroso de toda esta gran obra es la precisión y la habilidad con la que trabajaron hace más de 4.500 años.

Según me contaba uno de los guías del lugar, a cada escalón de piedra se lo cubría de arena, creando así una rampa sobre la cual arrastraban los nuevos bloques, de esta manera y muy lentamente se levantó la Gran Pirámide.

Kefren fue el hijo de Keops, y también mandó a construir su pirámide. Ésta, al sudoeste de la Gran Pirámide se la reconoce por el revestimiento de piedra caliza que alguna vez la cubrió en su totalidad y su altura es de 1,5 mts inferior a la de su padre.

La tercer Pirámide es la del Rey Menkaure (Mikerinos) que de 66 mts de altura también se encuentra al sudoeste de la Gran y de la Segunda Pirámide.

La esfinge o “Padre del miedo” (Abu el Hol en árabe) con cuerpo de león y cabeza humana, representa a la figura del Rey Kefren, guardián de la realeza. Tiene 20 mts de altura y 70 de largo y se comunica por medio de un corredor de gran inclinación a la segunda pirámide.

Hoy el complejo de las pirámides, se encuentra en su mayoría cercado y el ingreso no es caro, apenas el equivalente a unos 3 u$s, lo que sí me pareció excesivo son los 15 u$s para entrar a la Gran Pirámide.

Y como no sabía si algún día volvería los pagué, a pesar de que un nativo me aconsejaba visitar la más pequeña cuyo valor era de mucho menos. Según me explicaba la única diferencia de las pirámides era el tamaño, porque las estructuras son idénticas.

La visita duró unos cuantos minutos, el tiempo que demoré en subir y bajar en posición inclinada el pasillo largo y bajo que conduce hacia el centro de la pirámide. Allí se encuentra la cámara del faraón y su sarcófago, una sala pequeña, de piedra y calurosa.

Durante mi estadía en el Cairo, visité dos veces las pirámides, parecería que el avance de las construcciones también se rinde ante ellas, aquí comienza el desierto pero también finaliza la gran ciudad, y paradójicamente, justo en frente a los milenarios monumentos faraónicos, se encuentra un famoso símbolo del mundo occidental: Pizza Hut.

Pablo Garcia en Cairo - Vuelta al mundo en bicicleta

Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo