Malasia – Km 91.654

Desde Tailandia tomé un barco hacia la isla de Langkawi, que según los malasios es uno de sus lugares preferidos para veranear. El archipiélago que lleva el mismo nombre está formado por 99 islas y está situado al noroeste de Malasia, en el mar de Andamán. Las principales playas de la isla son Pantai Cenang y Pantai Tengah donde también existe un animado centro turístico que concentra a la mayoría de los visitantes. Por ello, a través de una ruta montañosa y demasiado empinada me dirigí allí. El lugar me resultó muy caro, como luego todo el país, especialmente si lo comparo con Tailandia o con el resto de los países del sudeste asiático. Aquella noche dormí en un hostel, en una habitación colectiva, con 20 personas. Al día siguiente me marché para Penang.

Pulau Penang, es otra isla situada 100 km más al sur y su capital es George Town. Cuando llegué allí me encontré con una ciudad colonial y enseguida conocí a Aabher, un indio-malasio que muy bien supo introducirme donde me encontraba. “George Town fue fundada en el siglo XVIII por un capitán inglés, como el primer asentamiento en la península de Malaca de la Compañía Británica de las Indias Orientales, la empresa que existió durante más de 250 años, y que llegó a monopolizar el comercio en el sudeste y sur de Asia. Tras la rebelión de la India en 1857 la compañía fue nacionalizada por el gobierno Británico, lo que estimuló aún más el crecimiento de su imperio. Así, con dominio en la región los británicos repoblaron sus asentamientos con chinos e indios para trabajar, lo que cambió radicalmente la composición étnica. Es por eso que en la actualidad Malasia es un país multirracial”.

Caminar entre las calles de Penang me dio la sensación de estar en diferentes lugares al mismo tiempo. Por momentos sentí que estaba en una antigua ciudad europea, en algún templo de una ciudad remota en china, en un colorido mercado de India o en una bella mezquita de Medio Oriente. Penang fue nombrada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2008.

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Rumbo al sur, crucé de barco a Butterworth y me dirigí por la autopista en dirección Ipoh. Pero por no haber cargado agua en el momento cierto, tuve que pedalear más de 40 km para abastecerme. Cuando llegué a una estación de servicio estaba casi deshidratado, ya que aquel día había iniciado a pedalear al mediodía. El clima de Malasia es ecuatorial, en la noche la temperatura nunca baja de los 20º y durante el día puede llegar a lo 35º o más, y la humedad supera el 90%. Malasia me hizo transpirar como pocos lugares, pero su ruta era plana y por ello, cuando tenía agua, todo era más fácil.

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La gente que crucé en el camino siempre fue servicial, especialmente los malasios y la gente de origen chino, que en varias ocasiones me regalaron frutas, bebidas o pagaron mi cuenta cuando me senté a comer en un restaurante. Siempre me resultaron respetuosos, aunque la gran sorpresa fue que la mayoría de la gente habla inglés. Inclusive en las zonas más remotas. Pero un atardecer pedaleando por una ruta secundaria me detuve para comprar agua en una aldea cerca de la localidad Ayer Terjun. Mientras me reposaba conversé con su dueña, de origen chino y le pregunté por un lugar para acampar. Junto a su negocio había un enorme parque con algunas casas alrededor. Era la estación de policía. La mujer me presentó a uno de los oficiales a quién le pedí montar mi tienda. Pero el oficial que era de origen indio fue antipático y enseguida me dijo que no, enviándome a la escuela. La escuela que distaba a 100 mt de la policía era aún más grande, con una inmensa área verde y muy bien cuidada. Al tener la puerta abierta entré con la bicicleta buscando el sereno, y a quien luego le conté mediante señas acerca de mi viaje. Pero el hombre que también era de origen indio no lo dudó y me echó enseguida, casi agresivamente. Era el lugar perfecto. Luego regresé a la policía y le insistí para acampar allí. Y lo conseguí, pero tuve que responder un montón de preguntas y terminaron reteniéndome el pasaporte. Quedé exhausto. A las 6 a.m., todavía de noche, el mismo oficial vino a mi tienda y me despertó para decirme: “Cuando te vayas no te olvides el pasaporte”.

Mi camino siguió hacia el sur, con destino Kuala Lumpur, atravesando las ciudades Teluk Intan y Kuala Selangor, donde preferí alojarme en hoteles. El camino fue aburrido, porque durante días avisté sólo plantaciones de palmas. Llegando a la capital, conocí a Ewan, un malasio que me recibió en su casa y que bien supo explicarme al respecto: “Malasia es el segundo productor de palma en el mundo. La palma de aceite es originaria de África occidental y es considerada como una súper planta porque su cultivo es increíblemente productivo. Su uso es en gran mayoría culinario, sirve como producto añadido a otros alimentos, tales como chocolates, margarinas y helados, pero también se lo utiliza en la industria cosmética, en la producción de hierbas para la alimentación animal y como materia prima en la producción de bio-diesel. La palma de aceite es uno de los principales motores de la economía nacional, pero también la principal causa de las crecientes deforestaciones y emisiones de gases con efecto invernadero en los bosques tropicales”.

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Cuando llegué a Kuala Lumpur me contacté con Juan Aguero, el director de Impsa, la empresa argentina que está establecida en Malasia desde hace 20 años. La primera vez que había contactado a Juan había sido durante mi estadía en Vietnam, 9 meses antes, por medio de un amigo. Desde aquel entonces comenzamos a analizar una participación de Impsa a la vuelta al mundo en bicicleta. Y por ello cuando llegué a la capital, conté con su firme apoyo. La gente de la Embajada Argentina también me recibió muy bien, la Sra Embajadora Marisa Rendon y Patricio Kingsland me ayudaron a contactar a la prensa y a mi otro sponsor: Air Asia. De está manera, por medio de su gerente de Marketing, Azran Osman Rani, discutimos la participación de la compañía aérea al proyecto y sus beneficios. Antes de dejar Kuala Lumpur fui entrevistado por dos de los principales noticieros de la televisión y por los 4 principales periódicos del país.

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Por medio de Juan conocí a Miguel Moresco, otro argentino que bien supo recibirme. Miguel organizó un asado entre la comunidad argentina y entre todos hicieron una contribución. Aquella noche me hicieron sentir como en casa, comí chorizo, lomo y hasta alfajores havana.

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Mi estadía en KL me permitió también conocer un poco más acerca de la capital del país, que tiene una población de casi 2 millones de hab., pero junto a su área metropolitana la población llega a 7 millones. Es una ciudad cosmopolita y segura, el Islam es la religión más practicada por los malayos y por las comunidades musulmanas de indios, pero también la capital cuenta con templos para los diversos cultos practicados, entre ellos el hinduismo, el budismo, el taoísmo y el cristianismo.

09torrespetronasKuala Lumpur es el centro económico, comercial y turístico del país. Cuenta con un gran número de bancos locales y extranjeros, compañías de seguros y según me informaron con un número cada vez mayor de entidades financieras musulmana y empresas multinacionales. Al caminar entre sus calles me sorprendió la cantidad de centros comerciales y las torres Petronas que con sus 452 metros de altura, fueron los edificios más altos del mundo entre 1998 y 2003. Actualmente es el quinto edificio más alto del mundo (el primero es el Burj Khalifa en Emiratos). Las torres que tienen 88 pisos de hormigón armado y una fachada hecha de acero y vidrio, se han convertido en el símbolo de Kuala Lumpur y de Malasia.

Dejé KL en dirección sur, camino a Malaca, por la autopista principal; y debido a un leve pero constante viento a favor pude pedalear los 157 km en un día. Luego camino a la frontera con Singapur se me rajó la llanta de la rueda trasera, y por ello llegué a Johor, la ciudad fronteriza, con la bicicleta arriba de un camión. Y que sorpresa que me esperaba en Singapur

Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo