Las provincias de Bihar y Jharkhand son dos de las regiones más pobres de la India y a no ser por la parte budista que cuenta con la ciudad de Bodhagaya casi no la visitan turistas. Según me dijeron, son dos de los estados con mayor grado de analfabetismo y de corrupción en todo el país, con menudos actos de extorsión, secuestros, vandalismo y violencia entre su población. Por ello cuando inicié mi pedaleada atravesando esta región, tuve un poco de miedo, especialmente cuando debido a las montañas o a las distancias largas a atravesar debía pedalear de noche para llegar a destino.

Pero pedalear por las provincias de Bihar y Jharkhand fue casi sublime, por momentos no parecía que estaba en Inda porque la ruta era una autopista bien asfaltada y con poco tráfico; aunque no era extraño que de repente apareciera un camión de contramano o una vaca, como si fuese normal. Lo bueno que debido a un suave viento a favor, mi velocidad promedio superó los 20 km por hora. Y por ello un día llegué a pedalear 166 km. También su gente me pareció de lo mejor, siempre educada y disponible a ayudar, nunca me molestaron en ruta ni en los hoteles donde me hospedé. Tampoco me cobraron de más, algo que me sucedió muy a menudo a lo largo del país. Pero como en toda la India sufrí con la comida que siempre me la servían picantísima.

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Tras varios días de ruta ingresé en el estado de West Bengala, y de allí me dirigí a Mayapur, una aldea ubicada en las orillas del río Ganges, en su confluencia con el río Jalangi a 130 Km. al norte de Calcuta.

Mayapur es el lugar donde nació Chaitania Mahaprabhu (1486-1533), y por ello un sitio sagrado de peregrinación para sus seguidores, que lo creen una encarnación del Dios Krishna. Cada año visitan Mayapur un millón de peregrinos, en su mayoría seguidores del Movimiento Hare Krishna.

Sri Chaitania Mahaprabhu, aceptado por eruditos y teólogos como una encarnación de Krishna, Dios, presentó un movimiento espiritual basado en la literatura védica de la India antigua. Él se deshizo de las restricciones del sistema de castas y permitió a toda la gente trascender las barreras sociales y lograr la más alta plataforma de la iluminación espiritual, a través del canto del Maha-mantra Hare Krishna.

Según me explicó Leopoldo, un monje venezolano que visitaba el templo, el mantra es una vibración sonora pura que libera a la mente de sus inclinaciones materiales. Y cantarlo o recitarlo en silencio con sinceridad nos purifica y nos conecta con Dios, pudiendo alcanzar de inmediato un éxtasis trascendental que proviene del estrato espiritual.

Según Sri Chaitania Mahaprabhu en esta época de riña e hipocresía, (era de Kali) ningún medio de iluminación espiritual es tan eficaz como el Maha-mantra: “Hara Krishna, Hara Krishna, Krishna Krishna, Hara Hara, Hara Rama, Hara Rama, Rama Rama, Hara Hara”.

03eneltemplo43x30“Tanto Krishna como Rama significan “El Placer Supremo”, y Hara es “La Suprema Energía de Placer del Señor”, que se convierte en Hare en el vocativo. La Suprema Energía de Placer del Señor nos ayuda a alcanzar al Señor. El canto es un llamado espiritual al Señor y a su Energía, para que brinden protección al alma condicionada. Al principio puede que no se presenten todos los éxtasis trascendentales”, me decía Leopoldo “pero no hay duda alguna de que cantar por un rato lo lleva a uno de inmediato al plano espiritual, sintiendo como primer síntoma el vivo deseo de bailar al compás del canto del mantra”.

“Pero también para revivir los principios espirituales que son naturales a todo ser humano como compasión, veracidad, limpieza y austeridad, y para dominar la mente y los sentidos, los devotos siguen cuatro regulaciones” me decía Leopoldo: “como la de no comer carne, huevos ni pescado, no participar en juegos de azar, no realizar vida sexual ilícita (solo para procrear) y no consumir ningún tipo de intoxicantes, incluyendo tabaco, café y té negro”.

“De acuerdo al Bhagavad Gita, el llevar a cabo estas actividades perjudica nuestro bienestar físico, mental y espiritual e incrementa la ansiedad y el conflicto en la sociedad”.

Mi estadía en el templo se prorrogó por 5 días, que como siempre me sirve para cargar energía para seguir viaje. La comunidad que envuelve al templo estaba llena de gente, al igual que el pequeño barrio que envuelve a la comunidad. No había lugar ninguno para alojarse, incluso la primera noche que llegué tuve que dormir en una de las salas de un hotel. En aquellos días, (final de año 2009), el templo Hare Krishna de Mayarpur recibía la visita de miles y miles de personas, un monje me dijo que los visitantes eran alrededor de 10.000. Y en verdad que lo parecía, porque el lugar entero parecía la salida principal de un estadio de fútbol. Pero por suerte no toda la gente asiste al templo al mismo horario, ya que éste tiene programas durante todo el día.

En occidente cuando la gente tiene tres o cuatro días se traslada a algún lugar de vacaciones, mientras que aquí en India la gente elige irse a un templo. La cultura india nunca dejó de sorprenderme.

Pero mi estadía en el templo fue extraña, durante los primeros días el lugar no me atrapó; el exceso de gente me molestaba en casi en todo momento, y por ello prefería pasar más tiempo leyendo en mi habitación que afuera buscando relacionarme con algún devoto. Pero como de casualidad, cuando ya pensaba en irme conocí a Leopoldo que me invitó a quedarme un par de días más, para pasarlos con él y con su mujer. Y me resultó difícil negarme a su invitación, porque era un verdadero devoto. Al día siguiente pasamos horas conversando, y con detalles me explicaba las historias de algunas pinturas, cautivándome en cada una de sus narraciones. De una pasábamos a la otra y luego volvíamos a la primera. Y con ellas mechaba relatos de los versos del Mahabharata, uno de los dos mayores épicos sánscritos de la antigua india. Escuchar al venezolano me resultó fascinante. Era un verdadero libro abierto.

05mayarpurtemplo43x30Yo no se si han sido sus charlas o la energía que provocaba el canto del mantra por las mas de mil personas que estaban en el templo, pero aquella mañana sentí el poder del mantra como nunca antes lo había sentido. Tuve sensaciones indescriptibles como si el lugar y su energía me absorbían, como si fuese un llamado.

Luego me tocó partir; lo hice pensativo, reflexionando y con la única seguridad que aquel lugar ya me había marcado para siempre. Lo bueno es que me acompañarían los libros de Srila Prabhupada, el fundador del movimiento Hare Krishna, quien una y otra vez me recordaría: “El propio ser es distinto del cuerpo. Liberación significa conocer perfectamente bien esto: abandonar el falso concepto de la vida. El deber del ser humano es aquel de comprender su relación con Dios”.