Km 140.250

¿Que te pasa loco? ¿Tenés algún problema? Comencé a gritar en el medio de la ruta, con el machete en la mano, desaforado, haciendo un escándalo. Un par de km atrás había quedado la ciudad de Pereyra. Eran las 3 de la tarde, pedaleaba en subida hacia el sur, cuando dos tipos que me vieron pasar desde el otro lado de la ruta me abordaron. Fue cuestión de segundos, al verme uno de ellos codeó al otro, como marcando: “un gringo”. Este más grandote que el primero, no lo pensó y enseguida, a paso acelerado cruzó la ruta hacia mi. No tuve dudas, el tipo venía a derribarme, y a robarme. Bendita sea la hora que en la mañana tomé mi machete y lo puse a  mano. Aquel día noté que me encontraba en zonas más pobres y las miradas de algunas personas me pusieron en alerta.
En 4 segundos me bajé de la bici, le puse ambos pies para pararla, saqué el machete de 45 cm y le apunté justo cuando lo tenía a no más de tres metros de mi.

El tipo que no tenía más de 25 o 27 años cambió de rumbo con la misma actitud que se me abalanzó, y a dos metros de mi, levantó del piso una botella de plástico, como quien las junta. El otro que venía más atrás se regresó, riéndose, como diciendo: “este no es un gringo tonto”. Yo con el machete en la mano, muy nervioso seguí increpándolos. Luego me subí a la bici y me fui, temblando.

No les vi ningún arma, seguramente esperaban derribarme para amenazarme. Más que delincuentes me parecieron oportunistas y en Latinoamérica de estos tipos hay muchos.

En el año 99, cuando pedaleaba en el sur de Brasil, cometí el error de ingresar a Porto Alegre, una gran ciudad, un sábado a las 5 de la tarde. Y mientras atravesaba una zona de favelas, (asentamientos precarios o informales que crecen en los alrededores de una ciudad) casi sin esperarlo fui derribado por un mal viviente. Como el camino era plano y venía rápido volé como tres metros y caí por un pequeño barranco estrellándome contra un piso rocoso. Me hice mierda. No tenía chance ninguna de pedir ayuda a los autos que pasaban, porque ya no me veían. Por ello me levanté y traté de defender mi bicicleta, frente a quien me había empujado, queriendo pelear. Pero enseguida llegaron otros dos tipos y uno de ellos sacó un cuchillo y comenzó a tirarme cuchillazos. Mientras yo retrocedía, uno tomó la bici con todo mi equipaje, la subió a la ruta y se la llevó a la favela, que estaba del otro lado de la ruta. Segundos después, lo siguieron los otros dos, y yo detrás. Había mucho tráfico, los vehículos que ingresaban a la ciudad a alta velocidad por la autopista de tres carriles esquivaban primero a los delincuentes con mi bicicleta y luego a mi, que con toda la pierna ensangrentada, pedía ayuda a los gritos, desesperadamente. La escena era clara: era un robo. Creo que en situaciones como ésta, el escándalo es la mejor opción. La mayoría de los autos bocinaban, otros bajaban la velocidad, pero solo uno se detuvo. Quizás por ello quien llevaba la bicicleta desistió; aparte el tipo estaba atascado por el peso de la misma en una especie de canal que existía entre ambas direcciones de la autopista. Los otros dos tipos ya caminaban adelante como queriendo desaparecer del lugar, por semejante escándalo. Entonces yo corrí hacia la bici, la subí a la ruta, y escoltado por quien se había detenido pedaleé hacia la ciudad.

No hay un lugar en el mundo que roben tanto a viajeros como sucede en Latinoamérica. En Oaxaca, México supe de un italiano al que le robó una pareja, abordándolo en la ruta, ambos tenían machete. Mejor le fue a un amigo colombiano en el sur de Brasil; que al ser derrumbado de la bicicleta se defendió  a machetazos hiriendo a uno y echando a correr al otro. Episodios como estos casi siempre suceden al azar, porque estos mal vivientes se piensan que el ciclo-viajero es un idiota, y prueban a ver que tan fácil uno resulta.

Diferente es lo que pasa en el norte de Trujillo, Perú, donde la mayoría de las veces que pasa un ciclo-viajero es abordado por dos o tres tipos con armas de fuego, al que meten entre los arbustos, y con todo el tiempo del mundo le revisan y le sacan todo lo de valor. La última víctima de la que supe fue mi amigo Fran, que viajo conmigo por Centroamérica. Se dice que la policía sabe quienes son, pero que reparte la tajada con ellos, porque se preocupa insistentemente en saber que fue lo robado. Bueno sería mentirles, para que se maten entre ellos.

A excepción del intento de robo, mi tercera visita en Colombia fue de primera, al igual que las otras. Esta vez, llegué desde Cuba a Medellín, y seguí viaje hacia el sur. Primero me recibió Diego Duque, con esa calidez humana que solo amigos de la vida poseen. Al igual que Carlitos Carvajal en Jardín con su hermano el alcalde o Pietro, que por vivir lejos de la ciudad y arriba de una montaña, se asimila al abuelito de Heidi. Carajo como fue difícil llegar con la bicicleta hasta allí. Durante un par de días me acompañaron hacia el sur, junto a un par de amigos. Todos estos tipos llevan el ciclo-turismo en la sangre y trabajan en varios proyectos para inspirar a la gente que pedalee. Para conocer más acerca de las actividades que realizan visitar el sitio de Carlitos: www.pedaleandoalma.com

pedaleandoalma

En dirección sur visité Manizales, donde Mancho y la gente de Kumanday me recibieron y organizaron una charla de mi viaje. Al igual que en Armenia, con Francisco y su Fundación Covida.  En Roldanillo fue Carlos de Pecas Bike quien organizó otra charla. Y en Popayán Julián junto a la gente del hostel Caracol En todos lados fui muy bien recibido, acompañado y apoyado para que siga viaje. Una característica de los colombianos.

teatroazularmenia
roldanillo

Desde Popayán hasta Pasto la ruta es muy asolada, y escuché varias historias de ciclo-viajeros que fueron atacados. Aconsejado por cada uno de los grupos de ciclistas que me crucé, decidí tomar un autobús, directamente hasta la frontera.

Colombia es un país donde dejo muchos amigos, un gran país para visitar y pedalear. Gracias a todas esas personas que de una u otra manera, supieron darme una mano para que siga adelante.

Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo