En la provincia de Zambezia llegue a Gurue, una pequeña ciudad que junto con sus alrededores montañosos se diferencian con el resto del país por su temperatura no tan calurosa.

Rápidamente fui rodeado por decenas de personas que comenzaron a indagar sobre las banderas de mi bicicleta.

Con un poco de frió y lloviznas, permanecí en Gurue durante tres días, recogiendo información para mi próximo destino: el Monte Namuli y conocer entonces, según me decían, donde el hombre blanco no llega.

Tribu Lomowe

En el amanecer del domingo partí hacia la tribu Lomowe, situada en Mucunha. Me acompañaba un nativo del lugar, su nombre era Lambik, tenia 19 años y según me contaba era un chico de suerte. Su salario en la ciudad era de 300.000 Mts mensuales (12 u$s) y estaba contento de mostrarme el camino hacia su aldea, ya que hacia tres meses que no veía a su mujer.

En mi bicicleta llevaba arroz, fideos, fósforos y jabón entre otras cosas, según Lambik es bueno presentarse con regalos ante el Reglo, que es jefe de la aldea. Recuerdo lo difícil que fue recorrer aquellos 28 kilómetros de tierra cuesta arriba, donde el camino se confundía con la espesa vegetación. Luego el Reglo me contaría que debido a este problema ellos viven aislados de la ciudad, sin poder comercializar sus cultivos. La única manera de transportarlos es sobre su cabeza, pero las 7 horas a pie que los separan de la ciudad hacen que los mas adultos y las mujeres no lleguen a destino.

Solo los hombres mas fuertes son los que realizan dicha travesía, pero muchas veces sobre el final de su camino, son interceptados por comerciantes en camionetas 4 X 4 que se aprovechan de su cansancio y compran sus cultivos a un precio muy inferior de su valor real. Hoy muchos de estos cargadores ya han desistido de la idea de comercializar sus productos.

Llegando a Mucunha comencé a ver decenas de chozas esparcidas a lo largo de las montañas. Recuerdo cuando algunos niños al verme se asustaron y mientras algunos corrían, otros lloraban. Fue en ese momento cuando entendí lo que me había dicho la gente de la ciudad: “un lugar donde el blanco no llega”.

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De todos modos fui muy bien recibido y enseguida conseguí quebrar aquellos temores con los que cargaba a lo largo del camino. Debido a las lluvias del lugar arme mi carpa bajo un techo de paja que existía al lado de la casa del jefe de la tribu. Era difícil comunicarse con él, ya que solo hablaba en dialecto, por eso era necesario la presencia de Lambik, para que traduzca.

Fue en este lugar, en todo lo que va de mi viaje, donde percibí el más absoluto aislamiento de una familia. Recuerdo cuando irónicamente le pregunte la edad al Reglo, y este no la sabia. Fue entonces que recurrió a un papel que guardaba en su casa como documento donde constaba el año de nacimiento, siéndole difícil sacar la cuenta. Tampoco sabia cuantos hijos tenia, ya que me contó que su actual mujer era la segunda, solo luego de varios minutos es que pudo recordarlo.Eran 10.

Visitando su escuela

Para llegar, caminamos durante mas de una hora subiendo y bajando grandes montañas. Y era a cada paso que avanzaba, por un camino resbaladizo debido a las lluvias, que pensaba en el camino diario que los chicos debían hacer para llegar a clase.

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Allí converse con el maestro, quien me contaba que entre ambos turnos, la escuela posee 326 alumnos. Y a pesar de que sus aulas son solo dos, me explicaba que su principal problema no era el espacio, sino la falta de útiles.
También fue interesante ver una pequeña huerta donde los chicos aprendían a cultivar el choclo y la macaxeira (una especie de papa) que según el Reglo es lo que sustenta el hambre en toda la región.

La receta de su cerveza

Durante el ultimo día en la aldea, Lambik junto con dos de sus vecinos y el Reglo me enseñaron a preparar su cerveza tradicional o cachazo como ellos la llaman. Para ello es preciso de dos ingredientes, aparte del agua.

Primero se coloca en un barril con agua una gran cantidad de choclo molido, dejándolo durante dos días. Luego se le echa una cantidad aún mayor de caña de azúcar cortada y molida nuevamente con granos de choclo. Finalmente para poder beber “el cachazo” se debe aguardar por 4 días más, el tiempo suficiente para que toda la preparación fermente.

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No bebí de esta ultima cerveza, pero si de la anterior la que me permitió así conocer un poco mas de sus costumbres y sus recetas mas primitivas. Su gusto era áspero y daba la sensación de que cada vez tenia mas sed. En fin que me pareció? Bueno…, se entiende, no es el tipo de cerveza que yo bebo!!

Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo