Nepal – Km 74.300

Camino a Katmandú nos detuvimos en Pokhara, la tercera ciudad de Nepal y también uno de los principales destinos turísticos del país por ser el punto de partida al Annapurna, un macizo de 55 km que forma parte del Himalaya y que cuenta con una serie de picos que van entre los 7.000 y 8000 mt.

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Pokhara es uno de los lugares preferidos para los parapentistas europeos que vienen y se instalan durante la temporada para trabajar. También la ciudad cuenta con el lago Phewa que es una de sus principales atracciones turísticas del lugar.

Debido a los monzones, la época de lluvia que todavía se extendía en la región Clara y yo pasamos más de una semana en la ciudad que ofrece todo tipo de actividades y servicios; por ello durante nuestra estadía anduvimos a pie, en bote, de bicicleta y hasta de moto, perdiéndonos en los campos de arroz que con su verde intenso parecen dañar la vista, en las aldeas vecinas que muestran la simplicidad de cómo vive su gente y hasta en pequeños trekking camino a Sarankot. La verdad que Pokhara es el lugar perfecto para vacacionar.

Una vez en ruta nos dirigimos a Katmandú que pese a sus 200 km demoramos 4 días. Fue un sube y baja constante, a veces pedaleábamos hacia arriba durante horas para luego bajar en cuestión de minutos y empezar otra vez. Nepal es un país fabuloso, con paisajes increíbles y variados: desde las altas cumbres del Himalaya hasta los profundos valles y ríos que los circundan.

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A mitad de camino acampamos en el Royal Beach camp, un camping situado a la orilla de un río y bien dirigido por un nepalí y su esposa sueca, que ofrecen algunas chozas como habitaciones, el servicio de un buen restaurante y varias embarcaciones para hacer kayak y rafting. Y como si fuera poco el lugar tiene una linda playa de arena blanca.

Al día siguiente porque arrancamos tarde no avanzamos demasiado y cuando llegó la noche todavía no habíamos encontrado un lugar para acampar. La ruta subía y bajaba entre grandes montañas y no había ningún espacio plano para poner la carpa. Por ello pedimos permiso en una de las últimas casas de un pueblito que atravesamos y enseguida montamos la carpa, atamos las bicis y nos fuimos al restaurante local. Y como no les entendíamos nada les aceptamos lo que nos ofrecieron para comer. Mataron una gallina y nos sirvieron unos pedacitos con arroz y una salsa picantísima. Pero al menos comimos galletitas de postre.

A la mañana siguiente nos despertamos con los chicos del barrio que muy temprano vinieron a curiosear, por ello nos levantamos a primera hora, les hice un truco de magia que ya me divierte tanto como a ellos y nos fuimos a desayunar al mismo restaurante.

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Luego iniciamos los últimos 45 km hasta Katmandú, de los cuales 25 eran una subida sin cesar. La ruta era un desastre, llena de pozos, barrancos y con un tráfico que era infernal. Pero ahí estábamos Clara y yo casi en silencio, concentrados y queriendo de una vez llegar al tope.

Luego fue todo un placer, 12 km de bajada y Katmandú, la capital del país que tiene más de 1,5 millón de habitantes y que parece de la edad media, donde hay una gran cantidad de monumentos, palacios y templos; budistas e hindúes y todos de una arquitectura única. Durbar Square, Boudhanath, Patan, Lalitpur, el barrio de Thamel y Swayambhunath conocido como el Templo de los monos. La ciudad nos acogió durante 10 días y nunca nos dejó de sorprender.

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Luego, tras cinco meses de viaje las vacaciones de Clara llegaron a su fin, y por ello se volvió a Italia. En tanto yo volví para India, pero esta vez pedaleando con destino a Calcuta.

Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo