Km 142.190

Desde Ecuador, ingresé a Perú por el puesto fronterizo de Namballe, situado en Cajamarca, al norte del país. Y de allí, durante un par de semanas, seguí pedaleando a través de las provincias de Amazonas, San Martín y Loreto, una zona difícil no solo por las molas que se elevan abruptamente hasta los 2300 mt, pasando en cuestión de horas de un clima selvático al frío de montaña, sino también porque hubo zonas muy asoladas. Camino a Aguas Verdes, me paró la policía en dos ocasiones y ambas veces me preguntaron si me habían robado.

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En más de una ocasión me ha resultado difícil comunicarme con la gente, Perú es un país que alberga diversas etnias, y por ello existen más de 50 lenguas, aunque la mayoría de las personas son multilingües.

Pero en esta zona aislada del país, la gran hazaña es encontrar un lugar donde sentarse a comer. Con los años que llevo en ruta, a la hora de almorzar, solo quiero comer bien. Tal vez esto sea lo único que exija en mi día a día. Pedalear a través de semejantes montañas no solo te abre el apetito, sino que te consume hasta los músculos. Verme frente a un espejo cada vez más flaco me preocupa. Durante mi corto recorrido en este país fueron más las veces que me levanté de una mesa desconsolado, que satisfecho.

En el año 2001, antes de partir para África, visité la embajada de Sudáfrica en Buenos Aires, y su responsable en turismo, al saber que recorrería el continente en bicicleta, un poco indignado me preguntó: “Por que inicias tu viaje en África? Tienes idea de la precariedad que existe allí? Conoces algún país africano? Que países conoces tu del mundo? Impactado ante la reacción del funcionario, que solo parecía querer cambiar el destino de mi viaje, mencioné, casi que en voz baja, un puñado de países sudamericanos y entre ellos Bolivia y Perú. “Ah, bueno”, exclamó el tipo enfundado en su saco y corbata, “si has viajado por esos dos países, puedes ir tranquilo a África, porque la pobreza y las condiciones en la que vive su gente no te van a sorprender”.

Cuando llegué a Perú recordé aquel encuentro. El funcionario tenía razón, el desorden, la precariedad y la falta de higiene que existe en el oriente peruano no se diferencia de África. Queriendo navegar el río Amazonas hasta el Atlántico, llegué a Yurimagua, la ciudad de donde parten barcos con destino a Iquitos y de donde seguiría viaje hacia la triple frontera (Perú, Colombia y Brasil). Ambas ciudades peruanas resultan impactantes. Son extremadamente ruidosas debido al frenético tráfico, sus calles están destruidas y la acumulación de basura existe en todos lados, inclusive en las  márgenes de los ríos y en sus embarcaderos turísticos. Allí, hay miles de botellas o bolsas de plástico y otros desechos, mientras que no muy lejos hay hombres que se bañan en calzoncillos, niños que nadan y mujeres que lavan ropa como si nada. Mi compañero de viaje, Manuel, un hombre mayor que suele viajar seguido a Manaus en búsqueda de mercadería me contó al respecto: “Debido a la falta de cultura ambiental en la mayoría de los ciudadanos, Iquitos atraviesa desde hace años un gran problema de sanidad, no solo por los desperdicios que son arrojados directamente al río por su población, sino porque los dos cauces que bordean la ciudad reciben el agua sin tratar de los asentamientos informales y mercados que se expanden por toda la ciudad. Y en la época de lluvia el dengue, la malaria y la leptospirosis.se convierten en la peor amenaza para la población”.

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El día que llegué a Yurimagua me hospedé en una pensión, diferente a las pensiones económicas de la mayoría de los países Latinoamericanos donde suelen pernotar mochileros o viajeros de bicicleta. Aquella noche me desperté por el ruido de un rata que estaba dentro de una alforja de mi bicicleta comiéndose mi comida.

Durante 4 días viajé en dos barcos por el río Amazonas hasta la triple frontera y en ellos no existe ni un tacho de basura, sus empleados que barren tres veces al día, tiran todo al agua. En cambio en los barcos brasileros que navegan el mismo rio pasan con una escoba y pala, embolsando cuanto residuo encuentren.

También su país vecino, Ecuador, es diferente. Allí las rutas están plagadas de carteles que concientizan a la población sobre el cuidado del medio ambiente y sobre la importancia de no tirar basura a los ríos o en la ruta, pero en Perú esto no sucede. Dicen que en la parte de la cordillera es diferente, y que los paisajes son impresionantes; pues aquí amigos, en la selva, lo impresionante es la basura. Una pena.

Pero en aquellos días la problemática en el departamento de  Loreto era otra: centradas en la ciudad de Iquitos, las manifestaciones sociales exigían que el lote 192 (el principal lote petrolero del país) fuese operado por Petroperú. Según Manuel el reclamo de la población es en contra del centralismo y en defensa de la economía regional, porque tras 4 décadas la presencia de operadores transnacionales no trajo progreso y desarrollo al pueblo.