Km 32.613

1- La rutaDesde República Checa crucé la frontera después de tener varios km en subida y enseguida me recibieron tres chicos con una sonrisa muy espontánea. Y no me equivoqué, esta fue la señal de que la gente aquí me trataría mejor. De que los Polacos no serían como los Checos.

Aunque físicamente son un poco parecidos, los polacos también son rubios y de ojos celestes saltones, pero éstos no son tan altos como los checos, sino más petisos y un poco más fortachones.

Los primeros km que dejan la frontera fueron los más duros de todo el país, unas terribles subidas que me quitaron todas mis fuerzas. Sobre el final de ella acababa parando periódicamente para descansar, hubiese necesitado comer algo, pero no llevaba nada, ni tampoco encontré lugar para hacerlo.

Me demoró dos días llegar a Wroclaw, una ciudad medianamente importante en el sur del país y aunque no es una ciudad turística debido a mi situación económica, (consecuencia de los Checos), paré en la tarde para vender, aunque sea algunas de mis muñequitas.

Pero antes me dirigí a un comedor estudiantil y que barato resultó comer allí, acabé comiendo tres platos. Luego fui a la plaza central donde se encuentra la catedral, uno de los lugares con más movimiento en la ciudad.

Y no me fue mal, aunque vendí más barato que nunca conseguí el dinero para continuar mi camino hasta la capital, Varsovia. Los polacos se me acercaban, y al saber que era argentino me compraban para ayudarme, un señor de mayor edad me contó que tenía un primo en la argentina, que había marchado en la época de la ocupación alemana. Y no fue el único, a lo largo de mi recorrido por este país, fue mucha la gente que me dijo que tenía algún pariente en Argentina.

No sé si por ésta razón, por el fanatismo al fútbol argentino o por la que fuese pero los polacos siempre me trataron de la mejor manera. Muy amables y curiosos se me acercaban para conversar o para preguntarme si necesitaba de algo.

Así fue que en Wroclaw sobre el final de la tarde y bajo la amenaza de una fuerte lluvia, se me acercó un muchacho para ofrecerme dormir en su casa, pero tras el chaparrón preferí encarar la ruta y acampar solo, en el medio del campo, como a mí me gusta. El horizonte prometía una muy buena noche.

pablo Garcia en su vuelta al mundo en bicicletaTras una hora de pedaleo y a unos cuantos km de la ciudad armé mi carpa entre campos de papas ya cosechados. Parecía que iba a ser una gran noche, de esas que se ven varias estrellas fugaces, con cielo despejado, sin luna y bajo la inmensidad de miles de estrellas.

Pero que golpe bajo me llevé cuando a la hora de comer noté que había perdido el queso gruyere que había comprado para mis sándwiches. Acabé comiendo sólo el pan, un par de bananas y unas galletas. Pero no importó la noche lo compensaba.

Rumbo a Varsovia

Llegar a Varsovia me tomó tres días más, casi siempre entre alguna lluvia o tormenta que demoraba mi pedaleo, parece mentira, pero este año en Europa llovió todo lo que no llovió el año pasado, ya son varias las personas que me dicen por cada país que atravieso que durante julio y agosto del 2003 no llovió ni un día.

Mi viaje por el interior de Polonia fue muy tranquilo, la gente es muy humilde y trabaja casi todo el día en el campo; es fácil ver a los más chicos manejando un tractor o simplemente barriendo las malezas, mientras que las mujeres ordeñan las vacas que pastorean amarradas a una cadena.

9-  Atardecer en rutaPero lo extraordinario son los días porque el sol no se pone exactamente en el oeste o quizás no sale justo del este. Los días en el verano europeo son más largos (anochece a las 22 y comienza a aclarar antes de las 5) y en esta latitud (por la inclinación de la Tierra) parecería que el recorrido del sol entre naciente y poniente es de un ángulo de 120 o 130º.

Finalmente llegué a Varsovia por la ruta nacional nº 8, tras reparar a tan solo unos kilómetros mi segunda pinchadura europea; la primera había sido tras dejar Barcelona, hace más de 3.000 Km. Casi igualito que en África; todavía las tengo presente.

Varsovia –  Km 33.130

Varsovia es una ciudad única entre las capitales europeas. Para finales de la II Guerra Mundial, cerca del 80 % de sus edificios habían sido reducidos a escombros. Pero la ciudad fue reconstruida durante la era comunista, entre 1945 y 1989; y parecería que durante los últimos años fue invadida nuevamente, aunque ésta vez por el capitalismo.

Esa fue la impresión que tuve cuando entré pedaleando en Varsovia; en un mismo plano veía las construcciones estilo comunista: edificios viejos, grandes y cuadrados y en contraste altas y lujosas torres con el nombre de las grandes marcas en el tope. De teléfonos celulares, de computadoras, de televisores e hipermercados.

2- Con KarolNi bien pedaleaba hacia el centro, un chico con bicicleta se me acercó, su nombre era Karol y me guió hasta la oficina de turismo, donde conseguí buena información para situarme y hospedarme.

Pero antes debí ir a vender algo, mi último dinero me lo había gastado en la cena de la noche anterior y había llegado a Varsovia pasado el mediodía y sin una moneda. Por ello estacioné mi bici en el casco antiguo y colgué el mapa de mi recorrido; y aprovechando el flujo de turistas, le vendí a cada curioso una de mis muñequitas o alguna de mis fotos.

Lo divertido fue estar con gente del lugar, la mayoría: polacos que exponían artesanías en madera, cuadros o adornos. Enseguida que me vieron se me acercaron para conversar y me convidaron para comer. Permanecí en Varsovia 5 días, visité a uno de los diarios locales que acabó publicando una nota acerca de mi viaje y también fui a la embajada Rusa por información. Entre los requisitos para conseguir la visa figuran pasaje de ida y vuelta y el voucher del hotel ya pago. Algo imposible para el tipo de viaje que vengo realizando.

3- Casco antiguoVarsovia también tiene sus atracciones turísticas, como el Castillo Real, su catedral, sus monumentos o sus museos, pero tras mis experiencias en Praga, preferí gastar mis días en el casco antiguo y juntar un poco de dinero para mi viaje.

Allí existe la plaza del mercado, el lugar más bonito de la ciudad vieja, donde hay elevadas y decoradas casas de colores que fueron construidas o reformadas por los ricos comerciantes del siglo XVII. Hoy rodean la plaza terrazas y puestos callejeros y también se ofrecen en ella paseos en coche de caballos.

Al igual que en otras capitales europeas el casco antiguo de Varsovia fue declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

Rumbo a la frontera

Deje Varsovia la mañana de un domingo, Karol quién a esta altura ya era un amigo, pedaleo conmigo unos 70 Km.

Desde la capital hasta la frontera existen sólo 330 Km y a pesar de que la ruta no es muy buena, demoré sólo dos días para llegar hasta allí, el viento soplaba a mi favor.

En el norte del país atravesé la zona de “Mazury”, conocido como el país de los mil lagos, un lugar con paisajes paradisíacos pero que a esta altura del año tenía muchos turistas.

Polonia fue un país largo para pedalear y me gustó; las distancias largas me recuerdan a mis pedaleadas por Brasil, cuando con mucho entusiasmo arrancaba el viaje. Y eso fue hace más de 5 años. Ojalá sean otros 5.

Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo