Qatar – Km 71.720

Y finalmente entré a Qatar, y estaba contento porque mi estadía en Arabia Saudita llegó a 45 días, donde en su mayoría me la pasé esperando. También había esperado casi un mes en Bahrain por la visa para Arabia Saudita, y esperé hasta mi cansancio por la visa de Qatar. Por ello, harto de la burocracia y de la diplomacia de los trámites a seguir en la Embajada de Qatar en Riyadh dejé mi pasaporte argentino de lado y entré a Qatar con mi pasaporte español.

En los países del golfo, a excepción de Arabia Saudita, con pasaporte europeo se entra sin ningún problema, consiguiendo la visa en la frontera si uno va por tierra o en el aeropuerto; pero con el pasaporte argentino todo es tan difícil que provoca en uno las ganas de mandarlos al diablo y andar a visitar otro país. Porque sin sponsor o alguien que se haga responsable, no se entra. Y Arabia Saudita encabeza esa lista, no importa que pasaporte uno tiene. Hasta problemas para salir del país me hicieron, y tan solo porque iba pedaleando. Por ello, si alguna vez debería volver a Arabia lo pensaría dos veces, pero en bicicleta creo que nunca más.

Cuando crucé la frontera eran pasadas las 16 hs y había un viento en contra fuertísimo que solo me permitió pedalear unos 20 km antes de que se haga de noche, lo suficiente para llegar a una estación de servicio donde casualmente estaba Ahmed, su dueño. El qatarí fue muy atento conmigo, habló con sus empleados para que pueda acampar y mandó a que me sirvan un plato de comida; y tuve suerte porque en ese lugar no había ni siquiera para comprar un agua mineral; estaba todo en obras, como todo el país. Luego con Ahmed charlamos un largo rato, me invitó con té, café y comimos unos dátiles. Me sorprendió la devoción con la que lo servía su hijo cada vez que él terminaba su taza de té o café, algo muy normal en la cultura árabe. Pero no me llamó la atención como Ahmed le hablaba a sus empleados, como si fuesen esclavos, algo característico y triste también por estas latitudes.

En la mañana siguiente me restaban pedalear apenas 60 km hasta Doha la capital, pero tardé más de 4 horas. El viento soplaba muy fuerte y todo era una nube de tierra y arena que complicaba mi pedaleo. La ruta estaba repleta de camiones, eran cientos y cientos que iban y venían.

Qatar es un país situado en una pequeña península que emerge de Arabia Saudita. Una planicie baja y estéril cubierta de arena, pero con unas reservas muy importantes de gas y petróleo que transformaron completamente la economía del emirato que antiguamente se basaba en la pesca y en la recolección de perlas. La mayor parte de los qataríes eran beduinos y nómades, pero hoy viven en Doha y tienen un alto nivel de vida, cuentan con muchos servicios sociales y todas las comodidades de cualquier nación moderna. Qatar es uno de los países que tiene el PIB per cápita más alto del Mundo.

Doha

DohaCuando llegué a Doha me instalé por unos días en el hotel que el comité olímpico del país me había reservado. Y luego durante las tres semanas de mi estadía comencé a hacer contactos con diferentes empresas para gestionar un posible sponsor. Como de costumbre golpeé muchas puertas, pero ninguna con un buen contacto dentro. También llevé la propuesta al comité olímpico Qatarí, donde me reuní con quien estaba a cargo de las relaciones internacionales y con el director de prensa. Pero a ellos solo les interesaba llevarme a los medios y tener repercusión juntos. Les daba igual que yo buscara sponsors. “Pregúntale a la comunidad argentina en Doha”, me dijo uno cuando le pregunté por algún otro lugar para instalarme tras mi primer semana de estadía. Pero en verdad que no me preocupé, porque ya había conocido a George y a Demetrius, un chipriota y un griego que trabajaban como ingenieros en el país. Ambos estudiaban español y me recibieron como verdaderos amigos.

También contacté a la gente de marketing de la Fundación Qatar que me trataron como pocas veces en el viaje, eran ingleses y de esos que por vivir y trabajar en el golfo se creen importantes y superiores. Hay muchos de ellos alrededor. Y a su colegio, la Qatar Academy que en principio se interesaron para que haga una presentación de fotos acerca del viaje, pero cuando hablamos por segunda vez y los llamé a contribuir, desaparecieron. Igual me pasó con el colegio americano en Arabia Saudita que cobran 10.000 u$s anuales por alumno. Éste tipo de instituciones son los primeras en interesarse en una presentación del viaje, pero cuando les mencioné sobre una donación no me hablaron más. Por último me contactó el director de marketing de Aspire, una Academia deportiva por excelencia que se dedica a descubrir nuevos talentos (casi todos traídos del extranjero) para entrenarlos y llevarlos a competir con la bandera nacional. Éste último me mandó a llamarlo un montón de veces, pero solo se interesaba en que asistiese a la academia, en regalarme unas prendas y en llamar a la prensa, como todos.

Así de difícil resulta buscar sponsors en el extranjero y lidiar con gente que solo se interesa en sacar provecho.

Durante mi estadía en Doha también me contacté con Al Jazeera TV, el canal de televisión más importante en el mundo árabe, para ofrecerles parte del material que vengo produciendo y que me hagan una entrevista. Hablé con la responsable de marketing, que al escuchar mi historia le gustó, pero después de consultar me dijo: “no le encontramos el ángulo”; le sugerí meter una nota en su noticiero o en la parte de deportes, pero no hubo forma de despertar su interés. Me dio la impresión que a este canal solo le interesa informar sobre atentados, muertes y repetidos conflictos; y así posiblemente seguir atemorizando a la población y alimentando la discordia entre pueblos. Aquel día me vino a la mente, los comentarios de la gente que conocí en la ex Yugoslavia, cuando a punto de estallar la guerra, la prensa avivaba la hostilidad entre los bosnios, serbios y croatas. Es una vergüenza, pero esto ya sucede en todo el mundo: la mayoría de los medios están influenciados por los intereses de aquellos que llenan sus arcas.

Pablo Garcia with Marriott Hotel StaffA los pocos días tras una conferencia de prensa que me preparó el Marriott tras albergarme en su hotel, salí en las noticias de los 6 periódicos nacionales y en 4 revistas, semanales y mensuales. Su responsable de Relaciones Publicas había hecho un gran trabajo, “demasiado bien” en mi opinión. Algunos medios en árabe titularon la nota: “el Marriott esponsorizará a Pablo durante todo su viaje”. Claramente que era una exageración para salir bien ante los medios. De todas maneras la gente del Marriott me trató muy bien y a mi todo éste circo, porque de eso se trata, me sirve para nombrar a mis sponsors; pero a mis “verdaderos sponsors” aquellos que me dan dinero para que siga viaje: ésta vez Mitsubishi y la Federación de Ciclismo Qatarí.

Días después de la gran repercusión en la prensa, volví al comité olímpico, quien había mandado a su equipo de prensa al Marriott y quien publicó en un par de medios que el comité era mi sponsor, desplazando a Mitsubishi. Por ello ésta vez contacté a Khalil Al Jaber, el director de deportes, y en verdad que el tipo era mas despierto que los anteriores, pero no muy diferente. Le dije que debido a que sus periodistas habían posicionado al comité como uno de mis sponsors en el país lo estaba visitando para analizar una posible contribución en cash para seguir con mi proyecto. Pero Khalil me mando a hablar con los mismos tipos que ya había hablado primero, por ello le contesté: “ya los vi pero ellos solo se preocuparon en la prensa”; por lo que riéndose me contestó: “Bien, porque la prensa es lo más importante”.

Pero en Qatar no todos fueron ásperos a la hora de buscar sponsors. Cuando pedaleaba en Arabia Saudita rumbo a Doha, se me acercó una camioneta con un hombre bien arreglado quien me mandó a parar y al presentarse me dio su tarjeta para encontrarlo a mi arribo en la capital. Para mi fortuna era el Sheikh Khalid bin Al Thani, de la familia real y presidente de la federación de ciclismo. Y que persona diferente resultó, justamente él que era tan importante. Pero el Sheikh se interesó más que ninguno, como pocos, y por ello charlamos en su oficina durante una hora y media; de mi viaje, de mis experiencias, de Argentina, de Qatar, de los árabes. Me encantó charlar con él.

Claramente que a diferencia de la otra gente que contacté el Sheikh Khalid junto con Majid Al Naimi se comportaron como verdaderos señores, porque me gestionaron la sponsorización de Mitsubishi y porque también ellos mismos contribuyeron para que pueda seguir viaje. Como dirían los árabes: Alḥamdulillāh!!!! Que significa, gracias a Dios.

Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo