Egipto, tres años después – Península de Sinai

Cuando en enero de 2004 estuve en Egipto me pareció un país súper atrapante, por su historia y por sus monumentos faraónicos, por sus desiertos, por su río Nilo y por su gente, aunque a esta última no muy bien la recordaba.

Corría el mes de febrero de 2007 y el frío del invierno en Jordania no nos daba alternativa, por ello el calor de África nos pareció una buena opción. Embarcamos desde Aqaba en un ferry que nos llevó a Nuweiba, un pequeño puerto en la península del Sinai; recuerdo como me encabroné con aquel tipo que desde su teléfono celular intentaba hacerle fotos a Clara mientras dormitaba, “que haces hermano?”le dije; obviamente que no me entendió, pero le bastó mi tono para que desista de la idea. Y en verdad que aquello fue solo un aviso, porque a lo largo de toda nuestra estadía en Egipto me cansé de lidiar con su gente.

TarabinEnseguida que llegamos nos instalamos en un camping en Tarabin, un pequeña aldea turística; parecía un lugar de sueños, un pueblo tranquilo, con muchas de sus calles de arena, con pocos turistas y con bellas playas sobre el Mar Rojo. Allí rentamos una cabaña y pasamos más de dos semanas; la gente que gerenciaba el camping era de primera, pero los que frecuentaban el lugar para ver chicas en bikini eran insoportables, y así más de una vez tuve que enfrentarme a ellos y otras tantas hacerme el tonto o bien abrazar fuerte a Clara y desfilarme frente a sus seguidores. Pero si la dejaba un poco sola, no faltaba prácticamente, quién se le tirase encima. Recuerdo cuando una tarde yo descansaba en la cabaña y vecino al camping llega un batallón de soldados que entra al mar mientras Clara se bañaba; me bastó escuchar los gritos de Nabil, el gerente del camping que ahuyentaba a la multitud para imaginar lo que sucedía, por ello preferí asistir al espectáculo desde mi cabaña, Nabil tenía todo bajo control mientras Clara aceleraba su paso, resignándose del mar.

Dejamos Tarabin y seguimos viaje hacia el sur, así visitamos Dahab, Sharm el Sheik y Hurgada, tres destinos turísticos top en el Mar Rojo, que debido a su gran riqueza de fauna y flora marina, su barrera coralina esta considerada como uno de los mejores lugares del mundo para bucear o hacer snorkel. Y en verdad fue impresionante, llegamos a ver peces tan grandes como nosotros, y cuanta variedad de corales, cuantos colores y qué de cosas raras, era un paraíso subacuático. Y nos encantamos, parecíamos dos niños, felices, la pasamos muy bien, fue un lugar perfecto para descansar y para deleitarse.

Camping en Tarabin
Sharm el Sheik

También fuimos invitados por la gente de Domina Coral Bay en Sharm El Sheik y de Domina Makadi en Hurgada, dos complejos hoteleros que nos permitieron disfrutar del paraíso bien a lo grande. Pero allí tampoco faltó el pillo, esta vez el doctor que trabajaba en el hotel, a quien le consultamos por un corte de Clara. Y que atrevido resultó, mientras con una mano le controlaba la herida, con la otra le acariciaba la otra pierna. Y entonces, como no decirle nada? “Ei, your hand man! What do you do?” El tipo se puso rojo como un tomate, comenzó a tartamudear y enseguida terminó la consulta que llevaba 5 minutos; y ante la desubicada pregunta de Clara: “¿le debemos algo?” nos dice: “85 euros, 70 de consulta y 15 de la pomada”. Y me dieron ganas de agarrarlo del cogote, encima que toca a mi chica debo pagarle? Y le dije: “¿Pero la consulta al médico, no es un servicio del hotel? El hotel es un all inclusive, perdoneme, pero nos lo debió decir al inicio que la consulta era así tan cara, yo no le pago nada, y la pomada puede quedársela”. Y me fui directamente a hablar con Hussef, el gerente de Marketing, un muchacho de Marruecos que bien sabía hacer su trabajo. Luego bastaron unos minutos para que Hussef hable con el doctor y me diga: “prende la pomada y olvídate de todo, aquí no paso nada”.

En el Domina Makadi
Coral Bay

Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo