acampando

Acampando

A 20 km de la frontera con Suiza, busco el mejor lugar para acampar y trato de recordar cómo fue mi recorrido por este país.

Mi vista es excepcional; sobre mi espalda tengo la cordillera de los Alpes que recorrí durante mis últimos días para llegar hasta aquí; en el frente un gran valle que culmina en Ginebra, mi próxima parada y a mí alrededor una paz absoluta que sólo es interrumpida por el canto de los pájaros

Cómo me gustaría que estos momentos duraran para siempre…

Hace un mes y medio que dejé Madrid y definitivamente mi viaje ha cambiado. Atrás quedó el estilo africano: viajar con sponsors locales y programar las etapas por algunos meses. Aquí, en Europa, vivo más el día a día; mis ventas me alcanzan para viajar de un lado a otro, y eso es bueno, porque sobrevivo y me gusta.

Km 30.292

Pablo Garcia en Francia - Vuelta al Mundo en Bicicleta

En ruta

El sur de Francia fue especial, me fui hospedando de casa en casa, de las personas que se me iba cruzando por el camino. Todavía recuerdo cuando, cambiando una cámara de la rueda trasera de la bici en Perpignian, se me acercó Nadia, una mujer de unos 40 años o más, con ganas de que la escucharan, y en un quebrado inglés me contó todos sus problemas. ¡Que cantidad de historias!

Finalmente me ofreció ir a su casa y como el tiempo amenazaba lluvia me pareció un buen lugar para ahorrarme el costo del hostal. Lo difícil fue subir la bici hasta el tercer piso por una escalera demasiada angosta y muy empinada.
Tras un baño, tenía la comida hecha, Nadia actuaba como una madre, pero luego terminé siendo como su psicólogo. ¡Cuántas complicaciones! Por momentos me preguntaba: ¿qué demonios estaba haciendo allí?

En ruta rumbo a Narbonne me encontré con René, un francés hijo de un catalán con su novia polaca, a quienes había conocido en Ibiza semanas atrás. Sorprendidos por la coincidencia pararon con su auto y enseguida me contactaron con Alinka, la hija de la polaca, para que me recibiese en Sigean. Alinka fue muy amable, fue como mi guía por un par de días; me invitó a la reserva de animales en la que trabaja y también me mostró su ciudad. Y qué buen cocinero resultó ser René. ¡Qué paella!

La pedaleada siguió hacia el norte y por la costa; los paisajes de los viñedos y algunas colinas fueron cambiando por las playas de aguas limpias y arenas claras.

En Montpellier, me hospedé en la casa de Elodie y Naima, dos chicas que me habían dejado su teléfono, luego de haberlas conocido en la rambla de Barcelona. Allí pasé sólo una noche, porque a la mañana siguiente se mudaron a su tierra natal, con lo cual me sentí obligado a colaborar con la carga de los muebles. ¡Y qué duro fue! Cargar todo hasta el camión desde un cuarto piso.

MVC-012S

René

Montpellier es una ciudad de estudiantes, no hay industrias y hay bastante desempleo, a pesar de que es un lugar turístico, por su belleza y su cercanía con la costa. La gente no tiene tanto poder adquisitivo y eso se reflejó en mis ventas.

Así y todo permanecí dos días. Luego dejé la ciudad con Bárbara, una austriaca que también viajaba en bicicleta, estaba de vacaciones, recorriendo el sur de Francia. Y fue divertido viajar con una compañera.

Dicen que los franceses son cerrados y un poco arrogantes, pero según mi experiencia en el sur de Francia debo decir todo lo contrario, aunque exceptuando a René sólo me relacioné con francesas.