Tíbet – Km 85.808

Ingresé a China por tercera vez, pero esta vez tenía los días contados, porque el tipo de visa que tenía no me permitía ni renovar mi estadía ni prorrogarla. Y de acuerdo a la Embajada Argentina de Beijing si uno no deja el país a su debido tiempo, al partir debe pagar una fuerte multa y posiblemente pasar unos días preso. Siendo así desde Mongolia viaje por tierra hasta Chengdu, capital de la provincia de Sichuan, y de allí programé pedalear los últimos 2000 km en China, pasando por uno de los escenarios más impresionantes del planeta: el Tíbet.

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En el concepto general “Tíbet” no solo se refiere a la Región Autónoma del Tíbet sino también al Tíbet histórico que consiste en las antiguas provincias de Amdo, Kham, y Ü-Tsang, pero que hoy forman parte de las provincias chinas de Qinghai y Sichuan. En la actualidad para visitar la Región Autónoma de Tíbet es necesario conseguir una licencia de viaje y visitar la zona con un tour organizado, porque viajeros independientes no pueden visitar el lugar. Pero esto no sucede con el Tíbet histórico, que tiene una población inclusive mayor de tibetanos y que de igual manera se eleva por arriba de los 5000 mts. Allí uno tiene la oportunidad de visitar el Tíbet pero sin cruzar la frontera oficial.

A mi llegada en Chengdu fui muy bien recibido por Nico, un arquitecto argentino que vive en China desde el 2007. Nico es un fanático de los viajes en bicicleta, en su primera experiencia pedaleó durante 9 meses desde Irán hasta China. Charlar con él fue un placer. El arquitecto me ayudó a conseguir las mejores cubiertas y lo más importante: me preparó mentalmente.

02connicoCorría mediados de otoño y casualmente Nico llegaba de un viaje en bicicleta de Tíbet. “Tendrás trayectos largos y solitarios”, me dijo, “el clima comienza a ser hostil y las subidas te parecerán eternas”. Nico me diagramó cada día de mi viaje; los km a pedalear, a subir, a bajar, los posibles lugares para dormir, para acampar, para comer y hasta para cargar agua; y me predispuso para cruzar los pasos montañosos. Por ello cada mañana cuando comenzaba a pedalear era consciente de lo que me esperaba, y mi mente estaba calma, como nunca.

Los primeros días camino a Kangding tuve constantes subidas y bajadas que se prolongaban hasta los 1000 mt de desnivel; y el clima no ayudó. Llovía seguido y por ello cada noche prefería alojarme en un hotel que acampar. Situada en la ruta que une Chengdu con Lhasa, Kangding era la capital del antiguo reino tibetano de Chakla, pero hoy es la puerta al Tíbet y el centro de comercio entre la cultura china y tibetana que se basa principalmente en lana, hierbas tibetanas, manteca de yak y té. Al llegar a la ciudad tuve una sensación fea porque me encontré con un lugar totalmente tomado por policías, militares y comandos S.W.A.T., parecía que en cualquier momento iba a estallar una guerra. Pero se trataba de una celebración del calendario tibetano que reunía a miles de personas en la plaza central, donde la mayoría disfrazados danzaban y desfilaban junto a grupos de música folklórica.

Cuando dejé Kangding (2200 mt), pedaleé durante 5 horas 40 km de permanente subida para cruzar el primer gran paso, a 4298 mt. Llegué agotadísimo. Debido a las nubes había una visibilidad de 20 o 30 mt y la temperatura era de 3ºC. Aquella era la entrada al Tíbet. Me detuve unos minutos, me puse ropa seca y comí algo rápidamente. Luego comencé a bajar, despacio porque había mucho viento y era peligroso. Pero a los pocos minutos, el cielo se abrió, el viento mermó y la luz del sol perfecta, comenzó a iluminar ya el paisaje tibetano. Como de cartón postal: picos nevados y ríos de agua cristalina; casas de piedra y gente de rasgos inconfundibles: tibetanos. La bajada fue majestuosa, por otros 40 km. Aquella tarde como pocas veces en el viaje me sentí privilegiado; agradecí al cielo por estar ahí, pedaleando y contemplando semejante belleza.

La carretera entre Sichuan y Tíbet es considerada como una de las más altas, accidentadas y bonitas del mundo. El trayecto que hice desde Xinduqiao hasta Litang está en muy mal estado, por momentos es muy angosto y tiene un profundo precipicio de lado. Durante varios días atravesé pasos que iban desde los 4200 mt hasta los 4700, uno por día. Por momentos me faltaba el aire, paraba cada 1 o 2 km para descansar, para comer algo, para beber agua o simplemente para respirar. Tenía razón Nico, las subidas eran interminables. Desde Yajiang (2530 mt) empecé a pedalear pasadas las 8 a.m. y llegué al paso (4412 mt) a las 5 p.m. Aquella tarde casi no tuve bajada, pero afortunadamente me topé con una casa de obreros chinos que me brindaron un lugar para dormir. Al acostarme la temperatura dentro del cuarto ya era de 0º C.

En ruta otra vez me llamó la atención una hilera interminable de camiones militares que a bocinazos pedía paso. Su destino posiblemente era una base militar cercana o Lhasa, la capital tibetana. Es la segunda que veo y por ello ésta vez los cuento, son 80 camiones!

En el último trayecto hacia Litang no tuve tregua, la ruta nunca baja de los 4000 mt y en prolongadas subidas supera los 4700. Hizo mucho frío y el cielo siempre estuvo cubierto con nubes oscuras y bajas. Aquel mediodía nevó por un rato, pero pude cobijarme entre unas piedras. Luego vino una bajada y con ella llegué a un pueblo donde había un único negocio. Entré en búsqueda de comida pero lo que había no me convencía, por ello le apunté a los dueños de casa su cacerola. Y no tuvieron problema, me sirvieron 2 pasteles de papa con verdura, estaban riquísimos. Vaya que buena gente que no me querían cobrar.

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Al anochecer paré en una aldea y al cruzarme con un hombre le pedí un lugar para dormir y de comer. En cuestión de minutos el tibetano me habilitó una casa vacía donde luego me preparó una cama con almohadones y colchas. También me invitó a su vivienda donde me sirvió tres platos de arroz con papas y carne de yak. En la mañana su mujer me sirvió un excelente desayuno, con pan caliente y manteca de yak. “Pedalear y cruzarme con esta gente da gusto”, pensaba.