Quién soy yo

Por dónde comienzo? …si en este último período mi vida cambió tanto.

Clara, ya no es quizás, la que yo esperaba de la vida. La llegada de aquel hombre que más que todos podría amar, aquel que prácticamente me secuestra.

Siempre he sabido que algún hombre aparecería como una tempestad en mi vida, que me revolucionaría, llevado feliz, afuera y lejos.

Siempre lo he sabido y esperado. La idea y la eterna esperanza de un regalo de la vida de tal genero estaba siempre presente; pero no creía que el momento llegaría así, …de repente y al inicio de una nueva fase de mi vida.

Conocí a Pablo en noviembre de 2005, en Palermo, hacía poco que había entrado a la Escuela de Especialización de Arqueología de la Universidad de Salerno, Italia, cuanto estudié para aquel examen! Era esto lo que yo quería? Aquel fue un período muy confuso y quizás debí haber esperado y pensar… pero todo en aquel momento parecía que se escapaba; mi vida en Agrigento donde estudié Arqueología en la Universidad de Bienes Culturales, las personas con las cuales he vivido Agrigento bien o mal y se escapaba de mi también cualquier amiga. Por ello sentí que no podía detenerme y pensé en la especialización, el estudio era siempre un modo de continuar una vida que siempre me había pertenecido y quizás por ello el mas fácil.

La arqueología no creo que nunca me haya pertenecido y aunque me gusta el trabajo manual nunca me he visto como una arqueóloga en campo, ni menos una estudiosa en biblioteca. En verdad no tenía las ideas muy claras sobre mi futuro, pero en cuanto a mí y a la arqueología todo era más claro: yo nunca me hubiese transformado en una arqueóloga, pero quizás con el tiempo me hubiese apasionado ….la pasión!!!

Inicié la especialización en enero, el entusiasmo inicial había desaparecido y a los pocos días comencé a preguntarme que diablos estoy haciendo todavía en la universidad, con aquel mundo académico que tanto nervios me daba.

Me deprimía todo, la sede universitaria y aquellos que al igual que mí se quedaban en el aula para estudiar hasta la última hora del día; y recuerdo aquel maldito frío y la nieve…

Todo esto y más me congelaba y me entristecía mucho.

Por los dos meses sucesivos Pablo y yo nos reencontramos en Nápoli y todo se volvió menos insoportable, era él que me reconciliaba con todo nuevamente, y también con la especialización… pero esto duró poco, porque enseguida comenzó a madurarse la idea de marcharnos juntos, de tomarme un tiempo para nosotros e partir “a la vuelta del mundo”.

Y por que no? Todo me parecía totalmente natural, él, el viaje, el amor y una vida que cambia.

Pero me faltó el coraje y a fines de abril no conseguí partir como nosotros lo creímos posible, como habíamos soñado. Yo no fui capaz de abandonar aquella que era hasta el 19 de agosto cuando finalmente llegué al puerto de Brindisi y entendí lo que debía pensar: “no es Pablo, no es mi familia, soy solo yo y con la única seguridad de que aquel barco no lo podía perder”.

Pablo que había regresado a buscarme por cuarta vez a Palermo, no se lo esperaba y en verdad yo tampoco.

Partida a la Turquía

El 19 de agosto partimos para Cesme, Turquía, el viaje fue perfecto, me sentía libre de aquel peso que por todos estos meses me sobrecargaron, bastaron con dos noches y largo día.

Nuestros pasajes eran butacas pero aquella misma noche cuando regresé de una ducha Pablo me sorprende con una cabina y en la mañana tras hablar con el capitán nos ofrecen otra cabina con baño privado y vista al mar. Así, con sponsors se inicia el viaje tan deseado.

2- In stradaLlegamos a Cesme el lunes, la ciudad es muy bella pero demasiada europea y muy turística, Pablo me llevó a almorzar a un restaurante local, de aquellos que me gustan más y de hecho allí se respiraba otro aire, …estaba tranquila, relajada.

Fue en aquel momento que Pablo decide mantener una promesa hecha sobre el barco; “en 10 días me llevaría a un hotel 5 estrellas”. Y así comenzamos la búsqueda y tras varios intentos llegamos al hotel Ontur; recuerdo que yo estaba muy cansada, aquel era el quinto y último hotel a presentarnos; quería detenerme al menos para comer una manzana, pero Pablo me dice de esperar y de hacer el último intento. Entramos, es la primera vez que yo entro con él y preguntamos por el director que ya se estaba yendo, pero tuvimos suerte porque lo cruzamos; Pablo se presenta, me presenta como su mujer, le cuenta nuestro viaje y la cosa es hecha. Si me hubiese detenido por aquella manzana me hubiese tocado un solo fruto…

El hotel es un paraíso, Pablo y yo parecíamos dos chicos felices, un cuarto lujoso, una riquísima cena con música en vivo, un muelle sobre la playa, las piscinas, todo nos maravillaba, cuanto nos hemos reído!!!

Partimos el martes 22 y acampamos cerca de unas casas sobre la ruta, la intención era conseguir agua porque teníamos poca. Pasamos una bella noche, …cuantas estrellas fugaces; siento por primera vez el canto de una mezquita, me vino escalofrío, fue una de las emociones más fuerte, no digo que ahora este habituada, pero aquella fue para mi especial…

Todo era perfecto, hasta el momento en que algunos perros comenzaron a ladrar y nosotros a inmovilizarnos, luego una luz intensa nos ilumina… y tengo pánico, pero no por las personas, lo que me da miedo son los animales, los perros. Por ello nos dirigimos a aquella luz y nos encontramos con un bellísimo nono y con un nene que dormían en una cama hecha de tablas de madera sobre un árbol, waw!!!! Controlaban las plantaciones de melón; nos dieron agua, melones y Pablo tras mi petición para que amarren los perros hace mimo, la comunicación con ellos es imposible, pero fue una actuación ejemplar y divertida que nos hizo reír a todos y a mí de amarlo más.

Habían pasado solo dos días y cuantas cosas diversas ya había vivido, aquel lujo en Cesme, la pedaleada, la ruta y aquella noche.

Un día difícil

El día siguiente partimos para Izmir, la tercera ciudad de la Turquía luego de Estambul y Ankara. Pedaleamos mucho pero no fue tan difícil para mí todavía, una gran subida y mucho calor, luego por la costa y todo fue muy tranquilo.

Así llegamos a la ciudad, almorzamos en un restaurante del centro y me gustó, aunque no encontré nada de lo que me esperaba, todo era muy europeo y bello. Luego del almuerzo enseguida partimos y todo cambió. Aquella pedaleada ha estado desastrosa, y entré en una crisis de pánico, “que diablos estoy haciendo aquí”, me repetía una y otra vez. No fue una buena idea partir enseguida de Izmir, durante aquel trayecto he llorado, repensaba mi vida en Palermo, en mi familia, en mis amigas, en la arqueología, …nunca he sufrido tanto como aquel dolor físico y mental al mismo tiempo, la ruta era una continua subida, infinita para mí, al inicio sin haber un mínimo espacio para poder pedalear al menos con un poco de tranquilidad, era demasiado trafico, muchos camiones y más de una vez que un transporte me pasaba cerca sentía perder el control de la bicicleta. Y sentí odio por Pablo, lo confieso, hubiese retornado a la Italia.

Quizás me había confiado demasiado, pero aquel día no podía resistir, pensaba en que me lleven. Y así lo hicimos, hasta el final de aquella maldita subida. Pablo lo había percibido. “Anti-humano”, así lo ha definido.

Finalmente llegamos a Manisa tras 90 km para lo que demoramos más de 5 horas y acampamos en un lugar organizado tras una cena sin palabras; y bajo las estrellas poco a poco con Pablo se calmaron todas mis ansias.

La hospitalidad turca

Al día siguiente llegamos a Balikesir y todo anduvo bien; la ciudad se presentaba diferente, más Turquía, es esto lo que quiero vivir. Sobre el final de la tarde le preguntamos a un hombre para montar la tienda en su tierra pero nos invitó a su casa, nos recibió su mujer, una abuelita, y su hija de 19 años con la que conseguíamos hablar un poco de inglés. Nos invitaron a cenar, y todo me resultó muy diverso, …como sirven la comida, la trajeron en una bandeja muy grande con varios tipos de platos y todos comimos directamente de allí. Fue muy bello de ver.

Aquí las personas son de una hospitalidad que me conmueve, como me abrazaba aquella abuelita, cuanta ternura, que bien que me he sentido con aquella familia y con Pablo que me donaba aquello, abriéndome un nuevo horizonte, agregándome excitación y llevando entusiasmo a mi corazón.

Yo no rechazo nada, en tanto él une, perfecciona e causa amor.

3- In BalikesirAquella noche ellos querían absolutamente que nosotros durmamos en su casa, la abuelita nos dio su pequeño apartamento de un cuarto y una cocina, fue aquella la primera casa que veo y me encantó, …que colores, …que tapetes… mi bienestar no tenía límites, ¿cuanto puede ser contenido en este modo? Desde que había partido era más feliz que nunca y me arrepentí de haber pensado en aquel momento difícil que pude haber partido. Lo que estaba viviendo lo sentía fuerte y me enseñaba que todo está dentro del ser humano y que “todo el universo”está al comando del hombre, y yo aquella noche en Brindisi pude haberme quedado y hubiese perdido la posibilidad y la conciencia de la otra vida y del amor.

La hospitalidad y la belleza en aquella casa duraron hasta la mañana siguiente, hasta el momento en el que partimos, cuando la abuelita desde lejos todavía nos decía chau.

Aquel día pedaleamos para Illica y demoramos tres horas, pero la ruta no fue muy difícil, era una ruta secundaria, sin tráfico. Pasamos por unos pueblos increíbles, realmente fuera del mundo, también Illica lo era, ….pero a nosotros nos atraía su centro termal. Cuando llegamos ya era de noche, estábamos muy cansados y teníamos una de mis ruedas pinchadas, pero finalmente Pablo y yo fuimos a un hamman…..

Aquella noche hubiésemos dormido en tienda, pero no sé por que razón el hombre del hotel al que habíamos indagado por el baño turco nos ofrece la cena y un cuarto gratis. Lo repito, aquí la gente es magnífica.

Illica es un lugar increíble, parece uno de estos pueblos del interior de Sicilia, pero detenido en el tiempo, pensaba en los chicos, o mejor, me parecía que no existiesen y que el pueblo estaba muerto, pero caminando vimos una fiesta fuera de la mezquita, nos acercamos y otra vez nos invitaron a comer. Los chicos están y una en particular toma cuenta de nosotros, nos sirve de comer, de beber y se asegura que nuestro vaso este siempre lleno de ayran, leche-yogurt que aquí es una bebida tradicional. Por enésima vez: “la gente es extraordinaria”.

Lo más fuerte, con los Kurdos

Recuerdo el camino a Gonen, me sentía muy cansada, resfriada; la ruta presentaba subidas de hasta los 700 mts y encima muchos kilómetros eran en camino de tierra, pero me relajé cuando Pablo me dijo que en este inicio del viaje estaba experimentando de todo y que esto era bueno, …pero que difícil es a veces; …de todas maneras yo pedaleo y no me detengo. El primer día, con la última luz decidimos acampar, Pablo toma una ruta secundaria de donde se escuchaban voces y yo lo sigo completamente, este hombre en la ruta es un verdadero espectáculo. Pedaleamos una pequeña subida y nos enfrentamos a un escenario de película: hornos gigantes donde se produce carbón, tiendas que se parecían a aquellas de pueblos nómades y tanta gente con herramientas como chicos sin calzados, y todos negros del carbón.

Y que momento me toco vivir!!!

Cuando pasamos ellos se detuvieron a mirarnos, así… sorpresivos e sospechosos, pero nosotros avanzamos y con un poco de miedo buscamos más adelante un lugar para acampar. De lejos los mirábamos pero aun nos sentíamos cerca; …entonces por qué no preguntarles de montar la tienda en su campamento?

Y nos acercamos, arrastramos nuestras bicicletas por una pequeña subida de tierra y arena, entonces todos interrumpieron su trabajo, se detienen a mirarnos y de a poco comienzan a acercarse, primero unos hombres y luego todos. Pablo camina adelante mío y se dirige a aquel que parece ser el jefe pero no habla y me espera a que yo llegue que camino a tan solo 7 u 8 metros detrás, pero me faltó la última fuerza y en el momento en que todos me miran se me cae la bicicleta. “Coño, mi entrada triunfal!!!” Pablo se me acerca y me ayuda y al fin nos detenemos. …todos esperan que el extranjero comience a hablar, pero él se toma su tiempo, …busca su botella de agua y comienza a beberla de frente al jefe, …y todos que esperábamos que diga una palabra, Dios mío!!! pienso, que está haciendo!!!”

Cuando comienza a hablar yo me relajo un momento pero es difícil hacerles entender lo que queremos: “acampar en la parte superior de la colina” pero nos decían alguna cosa al respecto y no les entendíamos.

Entonces subimos, Pablo quiere ver, nos dirigimos todos, los hombres y nosotros. Pablo es de una seguridad que me provoca temor a que irrite al jefe, le daba la espalda mientras le hablaba y yo que le pedía de no hacerlo pero él me decía: “no te preocupes, tengo todo controlado”. Luego comprendimos que allí era una zona de trabajo y nos mostraron otro lugar más abajo cerca de sus casas y no tuvimos problema. Pensamos en montar la tienda pero enseguida trajeron el acoplado de un camión con un tractor, “pero que están haciendo?” pensamos. Pasaron varios minutos para entenderlo, lo colocaron allí para nosotros, era nuestro cuarto; nos dieron unas mantas y unas almohadas, era nuestra cama.

Que bella gente!!!

4- Cena kurda
5- Con i kurdi

Enseguida nos invitaron a tomar el té, es unan situación emocionante para mi, completamente nueva, Pablo esta habituado pero yo… nos quitamos los calzados y entramos en una de sus tiendas, observo detenidamente todo, las paredes son de nylon, en el suelo hay tapetes y almohadones en los laterales.

Nos invitan a sentarnos y enseguida en círculo a nosotros se sientan todos los hombres, son como 20 o 25, los chicos están por detrás y más atrás las mujeres y como me miraban… me sentía completamente privilegiada pero al mismo tiempo como si no estuviese, como si fuese otra persona y con esta sensación los miraba a ellos.

6- A lavoroEllos son kurdos, han dejado su ciudad, Mardin en el 2002, como fue difícil para comprenderlos, Pablo utiliza lápiz y papel. Como es su costumbre portaron una grande bandeja con varios tipos de platos y luego nuevamente el té. Pablo y yo comenzamos a comer y unos pocos de ellos nos acompañaron. En verdad yo me sentía con un poco de vergüenza, pero Pablo no, que comía como si estuviese en ayuno. Después de un poco entendimos que ellos estaban esperando a que terminemos para que las mujeres y los niños empiecen a comer. ¡Que papelón!!! Pero no fue esta la opinión de Pablo que sostenía que para ellos el invitarnos a comer era un honor y que todo era autoproducido, las patatas, los tomates, los huevos, el queso y las olivas, y por ello la comida a ellos no les faltaba.

La noche fue larga y por algunos momentos me quedé sola, y fue muy divertido cuando Pablo ando a la bici y se volteó hacia los hombres e indicándome les dijo: “atención con ella” con un gesto amenazador y mimando irónicamente, fue en aquel momento que todos reímos, comenzábamos a entendernos. A su retorno los sorprende con un truco de magia y todos quedaron maravillados, fue otra forma de romper el hielo; y sentirlos reír a todos fue una grande joya y yo también me divertí al verlo. Pablo aquella noche encantó a todos y a mí por enésima vez.

Pero parecía que todos esperaban aun más, por ello para continuar el diálogo, tras innumerosos té le mostramos el mapa, la ruta a hacer, la ruta ya pedaleada y fotos de África. Les resultaba difícil creerlo, pero eran súper interesados. Finalmente cuando conseguimos decirles “no” a tantos te, que en continuación y velozmente nos servían sin ni siquiera darnos cuenta, nos alzamos y nos fuimos a “nuestro cuarto”.

Aquel fue el cuarto mas bello, inclusive mas bello que el lujoso cuarto del hotel en Cesme, el cielo profundo y oscuro nos envolvía completamente, con infinidades de estrellas y me perdía mirándolo, pidiendo un deseo por cada una que caía, fueron muchos deseos que luego y poco a poco fueron convirtiéndose en plegarias.

Es un viaje en el viaje que continua a cada minuto, así me sentía aquella noche, abrazada de aquellos de diferente lengua, raza y color; éramos el símbolo de fraternidad y tolerancia.

Camino a Estambul

Por otros dos días avanzamos y no fue fácil pedalear porque la ruta era de subidas y bajadas infinitas, …era el interior de la Turquía, …donde todo es más inmóvil; las mujeres con sus ropas largas, brillantes, casi negras, como queriendo llamar más al sol que tanto calienta, …los hombres sentados en el bar, bebiendo su té, ellos que pueden más, que deben todo a su oración, con su oración. Así, con el canto que llaman las mezquitas y también con los repetidos perros que disturbaban la noche atravesamos la última parte de esta Turquía, que nos lleva a la ciudad de Bandirma, de donde prendimos la nave para atravesar el mar de Marmara y finalmente llegar a Estambul.

7- Nella Blue Mosque
8- Sultanahmet

Llegamos el lunes 28. Era feliz, estamos en una ciudad, …simplemente espléndida, pero no ha sido una sorpresa, …cierto, maravilla la Blue Mosque, de frente Haia Sofía, el Palacio de Topkapi, el bazar, el Sultanahmet center, el corazón de la vieja ciudad donde nosotros habitamos, el Bósforo, y sobretodo la sorpresa y la cotidianidad con Pablo, con la continuas cascadas de sensaciones, que juegan a favor y en contra del amor, el que ambos nos metimos en la cabeza de dirigir o de hacerlo simplemente fluir; la sorpresa es solo conmigo, es la compresión que tengo de mí y después la que “mi gente” pueda tener de mí.

9- Dal ponteEs como que me sintiese a medio camino, entre unas vacaciones y no, entre una descubierta y nada de nuevo, es como si yo no viviese Estambul, sino en Estambul.

La sorpresa es: “como es la gente”, la gente de cada lugar, del lugar más recóndito de la Turquía a aquel que es el que más resalta, como Estambul.

Me pierdo a mirar esta ciudad, girando con la bici y la libertad que siento me hace pensar que soy más “turista” que todos, que estoy más en “vacaciones” que todos, aquí todo es más mío, mía es esta ciudad, …porque no siento nada diferente de las sensaciones de pedalear en una ciudad que en verdad es mía, como Palermo.

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