Km 64.530

Y nuevamente llegué a Turquía, por cuarta vez. Lo que menos parece es que el objetivo de este proyecto es dar la vuelta al mundo en bicicleta. Ya llevo más de dos años viajando por los países del mediterráneo, y lo que debería ser un recorrido lineal por momentos se me hace circular. Pero como privarme de las cosas que me tocan vivir, si el viaje también es eso; si en estos dos últimos años viví la historia de amor más fuerte de todo mi recorrido y la bella Turquía fue testigo de ello.

Entré a Turquía esta vez solo, como si fuese un país amigo, dejando por cuarta o quinta vez Europa. Aunque esta vez iba camino a Irán.

1 - SultanahmedCuando crucé la frontera una sonrisa brotó en mí, en mi frente una gran mezquita con sus tradicionales torres en forma de cohetes me daba la bienvenida con su llamado a la oración. Pero la ruta, desde Bulgaria hacia Estambul fue hostil, porque durante sus 300 km, habré atravesado casi una centena de grandes colinas, con interminables subidas y rápidas bajadas. Por ello cada noche que acampaba en la inmensidad de sus campos me desmayaba y reponía fuerzas. Recuerdo cuando en búsqueda de comida entro en un negocio local y solo encuentro galletas y dulces, pero su dueño me envía a otro negocio del pueblo, donde apenas encuentro pan y atún, que junto a una sopa que llevaba fueron mi cena. Casi que ni lo recordaba, en muchos lugares la comida es un dilema.

La entrada a Estambul fue caótica, subiendo y bajando montañas por su única entrada, una autopista de 4 carriles, que sus conductores la tornaban en una de 6. Era una verdadera selva, donde sentí que si no tenía cuidado podía ser arrollado como un paquete.

Estambul

Una vez en Estambul me dirigí a Sirkesi, el barrio de la estación central de trenes donde están los hoteles más baratos. Allí conseguí una habitación privada por 8 euros, con ducha y letrina compartida. Un verdadero lujo si pienso que estaba a tan solo 500 mts de mi lugar de trabajo, Sultanahmed; donde aprovechando el flujo de turistas trabajé rigurosamente los 15 días de mi estadía, como si tuviese un jefe, aunque solo 3 horas cada mañana cuando la policía no me echaba. Allí, como siempre, junto a mi bicicleta vendía la historia de mi viaje y unos sourvenirs. Y vendí muy bien.

También en Estambul requerí la visa para ir a Irán, pero para ello tuve que llenar un formulario con mis datos personales y los de mí familia; y luego esperar 10 días para que me contesten. Pero al final fueron muy gentiles.

Durante mi estadía visité a mi amigo Gonench, filmé una vez más la ciudad y nuevamente visité las principales mezquitas. Me sorprende ver sus fieles haciendo sus oraciones. Puede que ante la mirada occidental los musulmanes parezcan radicales pero son los más ubicados si los comparo con los occidentales, que aquí llegan con sus mujeres como si estuviesen en un desfile, usando minifaldas demasiado cortas y  mostrando sus piernas o pechos, más de la cuenta. Una falta de respeto.

En los últimos días me equipé de repuestos para la bici y baterías para las cámaras de video y fotografía. Pero me resultó imposible comprar alcohol para limpiar los cabezales de la video cámara, porque según me explicaron esta prohibido, el motivo me explicó un farmacéutico: “para que no se puedan fabricar bombas caseras”. Aquellos fueron los días de un atentado en la periferia de Estambul, que según me explicaron no fue adjudicado a los kurdos sino a la oposición al gobierno,  que busca desestabilizarlo.

Camino a  la Capadocia

Previo a mi partida de Estambul, recibí la visita de Slobodan, el serbio que me recibió en su casa durante mi estadía en Belgrado, un mes atrás. Slobodan había programado tomarse sus vacaciones para pedalear conmigo un par de semanas, un valiente por estar de novio más de dos años. Para evitar el gran tráfico de la ciudad nos embarcamos hacia Yalova, cruzando el Mar Marmara, desde donde comenzamos a pedalear.

Pero en el inicio Slobodan no tuvo suerte, porque cuando dejamos la ciudad un minibús tras recoger pasajeros se lo lleva por delante y lo tira; y un rato más tarde en la primera gran subida, sin banquina, Slobodan vuelve a perder el equilibrio y se cae. El serbio apenas llevaba una hora de pedaleo y ya tenía dos caídas y una cicatriz.

Los primeros días viajamos por ruta secundaria, y por ello casi siempre entre montañas, su GPS nos marcaba 1000 mts de ascenso por día, y casi nunca llegábamos a los 100 km diarios. Por lo general almorzábamos en gasolineras y cocinábamos en las noches. En las mañanas tratábamos de arrancar temprano, pero él solía tener la goma pinchada. Slobodan durante 8 días de viaje tuvo 8 pinchaduras. Y yo debía esperarlo. También tuvimos diferentes ideas sobre donde y cuando acampar. Quizás por ello sigo pensando que el viajar solo no es tan malo como parece.

3 - Acampando
4 - Slobodan

Pero también hubo risas o buenos temas para conversar, Slobodan es una persona culta y leída, y todo me resultaba interesante, me contó acerca de la ocupación otomana en Serbia o como se vivía en su país durante las guerras de la ex Yugoslavia.

El último día de pedaleada fue el más difícil; el cansancio de 800 km pedaleados sin un día de descanso, el viento en contra y la ruta en un constante ascenso complicaron nuestro arribo a la Capadocia. Y por ello llegamos exhaustos, pero  convencí a Slobodan para alejarnos unos km más y acampar por última vez en el valle blanco, un lugar de un paisaje surrealista. Y pobre el serbio, estaba muerto y encima lo hice arrastrar la bici unos 200 metros por arena para llegar al lugar, porque yo quería coronar la pedaleada con un buen lugar para acampar, aunque a él ya le daba lo mismo. Aquella noche hubo silencio. Y a las 6.30 de la mañana, una veintena de globos volaban sobre el valle, y Slobodan parecía un niño, gritándoles a sus pasajeros y llamándome para que yo también asista el espectáculo.

8 - El Valle Blanco
9 - En Capadocia

“Lo que me gusta de este tipo de viajes extremos es que cuando uno vuelve a casa le da valor a todas esas cosas que uno posee pero que en el fondo no las tiene en cuenta”,  me dice Slobodan, “como el baño, una buena ducha o simplemente la cama”.

Tras un par de días en Goreme, Slobodan regresó a Belgrado, y yo comencé a planear la ruta para pedalear el este de Turquía, camino a Irán.

Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo