Vietnam –  Km 77.608

Cuando llegué a la oficina de migraciones de la frontera en Vietnam esperé media hora para que me atendieran. Allí un joven oficial me selló el pasaporte, aunque él solo estaba interesado en cambiarme dinero; luego comencé a pedalear cuesta abajo. Fueron 20 km de curva y contra-curva, en una pendiente demasiado inclinada, peligrosa. Mis frenos echaron humo y calentaron mis ruedas, provocando una pinchadura. Aquel fue el premio a todos aquellos días de subida en la zona montañosa de Laos, algo que difícilmente olvidaré.

02enrutaLa ruta me llevó por un valle entre verdes arrozales y pequeñas poblaciones, donde su gente al verme pasar me daba la bienvenida con una calida sonrisa o simplemente con su mano en alto.

Mi primer destino fue la histórica ciudad de Dien Bien Phu, que es conocida por haber sido el escenario de la Batalla entre el Vietminh (Liga para la Independencia Nacional liderada por Ho Chi Minh) y las fuerzas francesas. La batalla de Dien Bien Phu significó el principio del fin del imperio francés en Indochina, tras casi 100 años de dominio; y desembocó mediante los “Acuerdos de Ginebra” en la formación de Vietnam del Norte y Vietnam del Sur.

Todavía viajando con Guillerme, que me acompañaba desde Laos, decidimos descansar un par de días en la ciudad. Allí busqué un mecánico para mi bicicleta pero no fue fácil; me dio la sensación que nadie quería entenderse conmigo mediante señas o peor entonces: trabajar. Comunicarse con la gente es un verdadero desafío, para preguntar por la salida de la ciudad, para encontrar un lugar para comer, para pedir la comida y hasta para pedir la cuenta. Y eso cansa.

03conguillermeDejamos Dien Bien Phu en dirección norte, para adentrarnos en otra zona montañosa, con pasos que iban entre los 1000 y 2000 mt de altitud. Casi siempre paramos en pequeñas ciudades o pueblos donde nos alojábamos en algún hotel, que a diferencia de Laos no son baratos. Pero tras el cansancio del día preferíamos dormir en una cama y comer en un restaurante, porque acampar y cocinarse era más cansador y el día nos resultaba interminable. Era mediados de abril y hacía mucho calor. La mitad de la ruta, al igual que en Laos, estaba en obras, los caminos eran una nube de polvo y piedras que dañaban nuestras bicicletas. Había que llevar varios litros de agua para largos trayectos, pero nunca alcanzaba y también algo de comida porque a veces llegar a las poblaciones nos demoraba 4 o 5 horas. Casi todos los días pedaleábamos 2 o hasta 3 horas de noche. Mi bicicleta estaba más pesada que nunca y a veces la tenía que arrastrar para seguir adelante. Por momentos el cansancio me vencía, me sentía débil y más flaco que nunca. Había días que teníamos subidas de 20 o hasta de 30 km sin parar, y a veces 2 por día. Definitivamente esta ruta me exigió al mango, como pocos lugares en todo mi viaje. Era un sube y baja constante.

Durante nuestro recorrido atravesamos diferentes poblaciones. En Vietnam existen más de 50 grupos étnicos y la mayoría de ellos habitan la región montañosa del norte del país. Entre ellos conocimos los Hmong, Muong, Dzao y los Lahu entre otros.

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Casi todos desarrollan los campos sobre terrazas, construidos en las montañas donde cultivan principalmente arroz y maíz. Viven en casas de madera y de una forma muy primitiva; se rigen bajo un jefe y adoran a sus antepasados. También tienen su propia lengua y las mujeres usan ropas tradicionales coloridas y de bordados finos.

06ricefieldsCuando llegamos a Sapa, Guillerme viajó a la capital y regresó a Canadá, y yo continúe pedaleando en la región montañosa por unos días más. Camino a Bac Há tuve otro ascenso de 20 km y casi llegando a tope me dio un calambre en la pierna como nunca, en el que tuve que pedir ayuda para bajarme de la bicicleta. Recuerdo que era de noche y el tiempo amenazaba lluvia, y por ello descarté la idea de acampar. Me faltaban 5 km para llegar a la ciudad pero casi no podía caminar, y pese a que tenía un fuerte dolor en la pierna empujé la bicicleta por un km y luego me dejé llevar por la bajada hasta la ciudad. Allí descansé por varios días en un buen hotel, alimentándome bien y haciéndome masajes en las piernas.

Durante mi estadía en la zona montañosa, asistí a los mercados regionales de Sapa, de Can Cau y de Bac Há. Éstos son fascinantes mercados al aire libre donde asiste la población entera para vender sus productos que van desde comida y vestimenta hasta bebidas alcohólicas caseras, o animales como búfalos, gallinas, caballos, cerdos y perros.

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En Vietnam, al igual que en China, Corea y Filipinas entre otros países asiáticos, es común el consumo de carne de perro. En varias ocasiones, mientras pedaleaba a lo largo del país me crucé con motos que transportaban perros en jaulas que según me explicaron eran para comer. Y hubo una tarde, que en unas de mis paradas de una ruta secundaria ordené una sopa de noodles que vino acompañada con extraños pedazos de carne, demasiado dura y con el cuero del animal. Sospechando de qué se trataba se me pasó el apetito y a mi tercer bocado dejé de comerla, pero continué tomándome la sopa. Días después cuando llegué a Hanoi, la capital del país me comentaron que la carne de perro suele ser dura y se la sirve con el cuero del animal y según me explicaron se cree que ésta potencia la virilidad, que es un remedio contra la fatiga, el dolor lumbar y la perdida de memoria entre otras cosas, y que aumenta el deseo sexual.

Camino a Hanoi

08enlabalsaEl camino a Hanoi, la capital del país, tampoco fue fácil. A mitad de camino, queriendo pedalear paralelo al río dejé la ruta principal y tomé el viejo camino que llega hasta la capital; crucé el río de balsa y bordeándolo atravesé poblaciones donde circulan muy pocos vehículos y donde las tumbas de la gente local se ocultan en sus arrozales. Pero pese a que llevaba tres mapas de Vietnam me perdí varias veces. Cada uno de ellos me indicaba cosas diferentes. Y la gente no me ayudaba mucho, al contrario, me complicaba más. Me tocaban todas las cosas de la bicicleta, y si no los frenaba se subían y se iban pedaleando. También en varias situaciones me tocaban los pelos del brazo, de las piernas y del pecho. Y nunca faltaba quien quería tocar más. Recuerdo cuando me negaron comer en un restaurante, el motivo: “posiblemente por no parar de jugar a las cartas”. O peor aún, cuando empapado me negaron hospedarme en el único hotel de aquel pueblo, Dios mío!!!! Cuanta lluvia…. y tuve que seguir pedaleando por otros 20 km; y solo paró cuando llegué a destino, pero esta vez, allí, me trataron de primera. Sucede en todos los países, me cruzo con todo tipo de gente, de la linda y de la otra.

Cuando llegué a Hanoi, me hospedé en un hotel en el centro antiguo de la ciudad, donde su encargado me preguntó: “cuantos días te vas a quedar? No menos de 10” le contesté. Y al concordar precio, me instalé subiendo todo mi equipaje por una estrechísima escalera hasta el cuarto piso. Pero al sexto día, el tipo me ordenó dejar el hotel, porque según me explicó tenía la habitación reservada.

09phoenixteamPero en Hanoi también me topé con buena gente, como el equipo de Phoenix, los representantes de Arcor de Argentina, que contribuyeron con una donación, o el Embajador Argentino, Alberto Kaminker y Juan Manuel Cortelletti, el Cónsul. Ellos me ayudaron a gestionar la renovación de la visa de Vietnam y la visa para China. También me encontré con los argentinos que juegan al futbol en Vietnam, quienes me llevaron de paseo en la noche vietnamita. Fernet Branca incluido.

Durante mi estadía en Hanoi visité el museo de Etnología que bien introduce y exhibe las características culturales de todas las comunidades vietnamitas. También visité el museo de la prisión Hoa Lo que me resultó cómico, porque una parte del museo representa, mediante estatuas, a los presos vietnamitas en la época de la colonia francesa, en las que se los ve encadenados en camas de madera. Paradójicamente la otra parte muestra el trato de los vietnamitas a los prisioneros de guerra estadounidenses en los que se los ve mediante fotos jugando al voley, como si se encontraran en un club.

También visité el Museo de Ho Chi Minh, el padre de la patria Vietnamita.

Durante los últimos días recorrí Hanoi y sus alrededores, anduve por los barrios de Cau Giay y Ba Dinh, en los lagos Hoan Kiem y Ho Tay y crucé el puente Long Bien pedaleando. Pero lo que más me impresionó de la ciudad es el tráfico de dos ruedas. Según me explicaron el fenómeno de la motocicleta se remonta a no más de 10 años, cuando la mayoría de la población andaba en bicicleta. En la actualidad todas las familias tienen al menos una o dos motocicletas y todos las conducen, aunque no todos saben como hacerlo. Las mujeres son las peores, aunque los hombres me resultaron más camicaces que ellas. Por lo general nadie mira para los costados, todos aceleran y te pasan frenéticamente, te encierran y luego se frenan como si nada. Y uno debe adivinar lo que van a hacer. Pedalear en Hanoi fue una aventura y salir ileso un milagro.

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Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo