A lo largo de mi viaje conocí las creencias de las tribus africanas, me relacioné con católicos protestantes, con evangelistas, conocí espiritistas y hasta un curandero que era aclamado por la fe de miles de personas. En medio oriente me interioricé por el Islam y también por el judaísmo; y cuando llegué a la India conocí el Sikhismo, el Hinduismo y el Budismo.

Pero cuando con Clara llegamos a Matura y pedaleamos a Vrindavan entendí que nos encontrábamos en uno de los lugares más sagrados de toda la India y del mundo entero, porque se cree que éste fue el lugar dónde 5000 años atrás nació y vivió Krishna.

Para las principales tradiciones hindúes Krishna es una de las principales encarnaciones de Vishnu, (el Dios de la preservación y alimentación del mundo) pero para el vaisnavismo (devotos de Krishna) Krishna es la fuente de toda la realidad material así como de las encarnaciones divinas, y por lo tanto es visto como la “Suprema Personalidad de Dios”.

Conocí al Movimiento Hare Krishna en el año 99, cuando inicié mi viaje de bicicleta en Brasil. Fue en aquel entonces que cansado de mi rutina diaria quise descubrir otras filosofías de vida y por ello me interesé en los monjes Hare Krishna, cuando un amigo me aconsejó ir a conocerlos. Vivían en una comunidad en las afuera de Caruarú en el estado de Pernambuco, en lo alto de una sierra, a unos 800 mt de altitud, casi aislados. Allí pasé más de una semana, donde me acogieron de una manera muy cálida, y aunque bajo un régimen demasiado austero me invitaron a sus programas diarios transmitiéndome sus enseñanzas. Y por ello cuando dejé el lugar no era más el mismo. A mi partida de la comunidad, que casualmente era el inicio de mi vuelta al mundo en bicicleta, los monjes me regalaron un Bhagavad Gita que llevo conmigo hasta el día de hoy y también una yapa Hare Krishna, que es tipo un rosario, para que cante el mantra. Según ellos para que proteja mi alma. Con los años, el mantra se hizo parte de mi pedaleo, y el Bhagavad Gita mi libro de cabecera. Por ello estar en India y llegar a la tierra de Krishna tenía un valor agregado para mí.

La Sociedad Internacional para la Conciencia de Krishna (ISKCON), tiene como fin principal promover el bienestar de la sociedad humana enseñando la ciencia de la conciencia de Dios (la conciencia de Krishna) de acuerdo con las Escrituras védicas de la India, especialmente el Bhagavad Gita.

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El Bhagavad Gita es la esencia del conocimiento védico y uno de los mayores clásicos de filosofía y espiritualidad del mundo. Se presenta en forma de un diálogo entre Krishna y Arjuna en pleno campo de batalla. Arjuna representa el papel de un alma confusa sobre su deber y recibe iluminación directamente de Krishna que lo instruye en la ciencia de la auto-realización. El Bhagavad Gita es un libro dirigido a las almas condicionadas que no tienen conocimiento de la vida espiritual.

Según las enseñanzas de Su Divina Gracia A.C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada, (el fundador del Movimiento Hare Krishna en occidente), todos los seres humanos en el mundo material estamos afligidos, en cierta manera por algún tipo de tormento. La causa es el deseo de gratificar los sentidos y por ello debemos transmigrar de un cuerpo a otro, lo que se conoce como reencarnación.

La primera lección en la sabiduría védica es que no somos cuerpo, sino alma espiritual, partículas del Espíritu Supremo, pero debido a que nos olvidamos nuestra verdadera identidad nos identificamos con el cuerpo. Por ello nuestro cuerpo actual es el resultado de una larga serie de acciones y reacciones experimentadas en esta y otras vidas previas. Esta ley de la naturaleza es conocida en sánscrito como ley del karma, en palabras simples: cada acción tiene una reacción. El que actúa de manera justa recibe buenos resultados en la vida siguiente, y el que actúa de un modo negativo tiene que experimentar reacciones adversas en esta misma vida o en un próximo nacimiento.

El Bhagavad Gita también expone los diferentes tipos de yoga y meditación para librarse de la ley del karma y obtener conocimiento trascendental, y explica los tres modos de la naturaleza material y la perfección de la renuncia.

El Gita ha influido desde siempre a los pensadores de la India, como Mahatma Gandhi que decía: “Cuando las dudas se apoderan de mí, cuando me enfrento visiblemente con decepciones y no me resta ninguna esperanza, recurro al Bhagavad Gita y encuentro un verso que me conforta. Entonces empiezo a sonreír en medio de abrumadoras tristezas. Aquellos cuya meditación se inspiran en el Gita sentirán una alegría que se renueva a cada instante y descubrirán nuevos significados a cada lectura”.

Nuestra experiencia en Vrindavan fue más que fuerte; dicen que es un lugar sacrosanto y que tira afuera todo lo malo y lo bueno de uno, como ningún otro lugar. Quizás por ello Vrindavan no nos resultó un lugar cualquiera; porque nos puso a prueba, porque debido a la difícil cotidianeidad de la India y a la convivencia de 24 sobre 24 estábamos desgastados; pero supimos reaccionar y aunque en el final no lo creíamos dejamos la ciudad como de costumbre, juntos y agarrados de la mano más que nunca; y aunque por unos días sin las bicicletas.

Como dos turistas

Agotados de las bicicletas y de las dificultades que implican viajar con ellas en un país donde todo es precario, sucio y superpoblado decidimos dejar las bicis en Vrindavan y aventurarnos las últimas tres semanas de nuestra estadía para conocer los puntos de mayor interés que nos restaban, y por ello lo hicimos con una mochila, como dos simple turistas, o como diría Clara como gente normal.

La primera ciudad fue Agra, donde visitamos el Taj Mahal, el templo que fue construido por un emperador Mongol en el siglo XVII para conmemorar a su segunda mujer que falleció al dar a luz a su décimo cuarto hijo. En la actualidad la construcción que duró 20 años es el monumento mas visitado en toda la India. En principio, cuando llegamos a la ciudad y lo vimos de afuera no me pareció gran cosa, pero una vez que entramos realmente me resultó asombroso.

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Luego nos fuimos a Jaipur, la capital del estado del Rajastán que según nos dijeron algunos viajeros es la parte más bonita de la India, por su desierto “fabuloso”. El viaje demoró 6 horas para recorrer los 200 km que la separan, pese a que este trecho es autopista. Todavía me cuesta creerlo! Jaipur es una ciudad de 3 millones de hab., pero que no parece de la India, porque es mucho mas civilizada y limpia, su gente es tranquila, no tocan bocina y no acosan al turista para venderle cualquier cosa. Son unos verdaderos señores. Allí vistamos el fuerte Amber y la ciudad vieja que se destaca por su gran bazar con todos sus negocios pintados de rosa. Y seguimos viaje.

Cuando llegamos a Udaipur comencé a extrañar la bicicleta y a preguntarme por que visitábamos aquellos lugares que son invadidos por los turistas y relatados por las guías como un lugar de fábulas, cuando en realidad no tienen nada. Y Udaipur es uno de ellos, porque no tiene nada, excepto un palacio y un lago, que en su centro tiene un hotel pintoresco y carísimo que ni siquiera se puede visitar. Y por ello nos fuimos al otro día, como dos verdaderos turistas, como aquellos que pasan más tiempo subidos a un autobús que recorriendo un lugar, sintiéndonos un poco tontos.

Pero finalmente tras 15 horas de viaje llegamos a Jaisalmer donde todo prometía cambiar. La ciudad vieja es la parte más interesante, está cercada por un muro y alberga un palacio, algunos templos y pequeños hoteles. El fuerte es un laberinto de estrechas calles situado en lo alto de una colina a 80 mt de altitud y por ello con vista única del lugar. Desde allí contratamos un camel safari, una excursión de dos días y una noche para recorrer el desierto, que en el fondo no es tan desierto. El único lugar bueno fue la duna gigante donde acampamos para pasar la noche. Claramente que tras haber recorrido los desierto de Danakil en Djibouti, el Sahara en Túnez y el de Wadi Rum en Jordania, éste nos pareció apenas un lugar para llevar turistas.

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Luego viajamos a Delhi donde recibimos la visita de mi hermano que mezclaba sus vacaciones con negocios, por ello juntos recorrimos todos los mercados de la ciudad, otra vez. Allí festejamos el cumpleaños de Clara y también presenciamos el ramadán en la imponente mezquita de Jama Masjid, que como siempre es un espectáculo único y conmovedor. Luego volvimos a Vrindavan, prendimos las bicis y nos fuimos a pasar los últimos días de nuestra estadía a Varanasi.

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