DE NUEVO A LA RUTA

Me despedí de Daniel y bajo un cielo cubierto retomé la ruta tras varios meses sin pedalear. Dejé Nairobi, rumbo al Cairo, para así completar la última etapa africana de mi viaje por el mundo.

Cuántas cosas me han sucedido a lo largo de mi recorrido por el Este de África. No tengo dudas de que estas vivencias me acompañarán por el resto de mi vida. Cómo olvidar mis días en el sur de Tanzania, donde pedaleaba con 6 kilos menos que mi peso habitual. Caminos de arena y un sol radiante en una zona montañosa, y la bicicleta dándome problemas constantemente. Recuerdo que al llegar a Dar Es Saalam me tuve que ir directo a un hospital.

También recuerdo aquella mañana que salí de caza con los Hazdabe en búsqueda de comida, o el cocktail que tuve que probar junto con los Maasai: sangre de vaca con leche. Y mi visita al campo de refugiados en Uganda, o aquel almuerzo junto a los pigmeos…

Definitivamente el este de África me había marcado para siempre. Pero no me fui feliz de esta parte del continente, tras haber sufrido aquella noche de terror en Nairobi.

También recuerdo aquel altercado con el tanzaniano que quiso cobrarme una leche al triple. “This is Africa, man!! It is business”, gritaba el tanzaniano. Así es esta parte de África, donde el turismo llega en masa. Parece increíble, pero muchos niños que no saben hablar inglés se me han acercado varias veces, repitiéndome a tono: “give me money, give me money!!”.

Por momentos pienso que es lo primero que aprenden a decir en inglés. Basta para mí. Nueve meses de bicicleta en el este de África fueron suficientes para conocer esta parte del continente.

Zona de problemas

El norte de Kenia es una zona de conflictos con largos trechos deshabitados y caminos en muy mal estado, donde existen grupos de bandidos fuertemente armados. En varias ocasiones interceptan el paso de vehículos y los asaltan. Por eso, para atravesar los últimos 500 Km y llegar hasta la frontera con Etiopía, es preciso ir en vehículos 4×4, en caravana, y escoltados por la policía.

De esta manera, sólo pedaleé 300 Km desde Nairobi hasta Isiolo. Fueron 4 días de altas montañas con picos de hasta 3.000 metros, bastante frío y algunas lluvias. Pero la última tarde fue espectacular: durante más de una hora bajé los últimos 50 Km, hasta el lugar de donde partiría por fin para mi próxima frontera.

En Isiolo me recibió un sacerdote Keniano que estuvo conmigo hasta el momento en que arreglé el precio del camión en el cual viajaría. No son muchos los blancos que viajan por esta vía, y yo no deseaba un precio especial.

El camión trasportaba madera y en él también viajaban 10 personas, entre ellas un taxista que vivía en Nairobi, pero tenía su esposa en Moyale, frontera con Etiopía; un comerciante que trasportaba 130 kilos de tabaco, por el cual estuvimos demorados en uno de los controles policiales, y un biólogo que se había formado en Uganda, quien también era sacerdote y trabajaba como tal en la frontera.

El viaje duró dos días, debido a que tomamos la ruta más larga (via Wajir) por seguridad (luego supe que un camión que había tomado la otra vía, se desvió del camino para esquivar una parte inundada y explotó al pisar una mina).

Paramos varias veces en pequeñas aldeas para comer, o para dormir un rato, aunque siempre arriba del camión. Confieso que no fue fácil: al segundo día ya no sabía cómo apoyarme. Por momentos extrañaba mi bicicleta, aunque por más que me hubiera esforzado, nunca hubiera podido atravesar estos 500 km de una manera tan original.

Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo