Tierra de Heidi, el interior de Suiza – Km 31.290

Mi camino en Suiza siguió hacia Interlaken, una de las primeras regiones del país que se abrieron al turismo a mediados del siglo XIX. Hoy la ciudad vive casi exclusivamente del turismo, con esquiadores en invierno y ómnibus de visitantes en verano.

Durante mi recorrido por las zonas del interior del país, fui descubriendo la forma de vida de quienes viven en el campo. Casi todos tienen ganado propio y un corral muy grande para sus animales; también acostumbran almacenar los pastizales para ellos, es que los inviernos son largos y crudos, quizás uno de los motivos que marca la personalidad de los suizos. Las calles de los pueblos que atravieso están vacías, puede que sea parte de sus costumbres: estar más tiempo adentro, el de no ser tan sociables.

Lo noto en la calle, a veces la gente me mira, parecería que les intriga de donde vengo o los kilómetros que tiene mi bicicleta; Así y todo son muy pocos los que se me acercan y me preguntan o los que simplemente me sonríen. A algunos los miro y los saludo pero enseguida me dan vuelta la mirada, como si se escondiesen.

Pero como en todos lados, también existen de las personas bien amables o serviciales, los que al preguntarles por un camino, se ofrecen con su coche y me acompañan hasta él.

Finalmente, mi camino hacia Lucerna y Zurich continuó bajo la lluvia, aunque los dos últimos días salió el sol. Lucerna, como bien me habían dicho, es una ciudad bellísima, con solo 60.000 habitantes, similar a una maqueta. Luego, me dirigí a Schwyz, donde todo se asemejaba a la tierra de Heidi: grandes montañas con sus pastos verdes y sus delicadas casitas. Por momentos me sentía como en un cuento.

Allí fui a ver a la gente de Victorinox, a quienes les había presentado el proyecto meses atrás. Y no tuve suerte, durante mi camino a Schwyz me cansé de llamar al responsable de sponsors. Y luego cuando me presenté en su oficina me informaron que acababa de tomarse unas vacaciones. Todavía me cuesta creerlo, en África conseguí 25 sponsors y aquí en Europa ninguno.

Zurich, una noche movidita

A Zurich llegué sobre el mediodía, y después de recorrer un poco la ciudad, paré en una de sus principales calles a vender mis muñequitas. Allí conocí a unos chicos, mezcla de latinos con europeos, que tenían una banda de música y esa misma noche darían un concierto en su casa. Entre ellos había un argentino, un boliviano y un mexicano, quienes enseguida me explicaron que era una casa ocupa y que si lo deseaba, también podía quedarme a dormir.

Más tarde conocí Gavin, un sudafricano que deambulaba sin dirección, llevaba una pequeña mochila y no tenía donde dormir. Tras conversar varios minutos, me preguntó: ¿vos donde vas a dormir? …..justo a mí me va a preguntar, pensé en voz baja.

Y me dio pena. En Suiza la gente es muy fría, y sabía que a él nunca lo convidarían a algún sitio para pasar la noche, entonces le conté lo de la casa ocupa y combinamos para encontrarnos allá.

Yo llegué primero, había gente de varias nacionalidades, como unas 30 personas, y algunas no del todo amigables, había cacerolas con fideos, bebidas y bastante hierba. Los pibes tocaban una barbaridad, todos estaban eufóricos y era una verdadera fiesta. Pero por momentos comencé a arrepentirme de estar allí. Estaba cansado y quería dormir.

A los 10 minutos llegó el sudafricano y tras él la policía, los vecinos se habían quejado por el gran barullo. Algunos chicos fueron a hablar con los oficiales para impedir su entrada mientras que mi amigo Gavin que recién llegaba y para peor de colado, comenzaba a ganarse el odio de los demás. Yo no entendía nada, sólo escuchaba al sudafricano me decía bastante preocupado: “tenemos que salir de aquí, hay un montón de policías en la puerta que llegaron detrás de mí; parecería que fui yo quien los guío hasta aquí”. Era obvio que no era así, solo se trataba de un golpe de mala suerte. Pero la poli estaba allí, y amagaba a entrar.

Enseguida pensé: “Mierda!!! Lo único que faltaba: sin comerla ni beberla, es ir en cana, …con la bicicleta y todas mis cosas”. Y entre nubes de humo y bastante asustado no supe que hacer; y dudaba entre escapar o hacerle frente a la situación; pero por suerte se negoció: se cortó la música y la poli se fue.

Luego me explicaron que fumar en Suiza no es tan grave, y es cierto, a lo largo del país me crucé con gente que se armaba sus porros en la calle o en plazas con la misma naturalidad que si estuviesen en sus casas.

Pablo Garcia en Suiza - Vuelta al mundo en bicicletaFinalmente alrededor de las 02.00 A.M. encontré un lugar donde acostarme y dormir, y el sudafricano no dudó en hacer lo mismo.

A la mañana me despedí de mi amigo Gavin que se quedó en al casa y opté por seguir mi camino; y tras dar unas vueltas en la ciudad partí rumbo a Wil, situada a unos 40 km de la frontera con Austria. Allí, todo fue más tranquilo; me alojé en lo de Bárbara, una amiga austriaca que había conocido en el sur de Francia y descansé; al menos por unos días, tras este duro recorrido por Suiza.

Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo