Tierra de avestruces, km 12.470

Nunca imaginé que mi pedaleada podría intercalarse con la cabalgata sobre un avestruz.
Cuando Innocent, el guía que hablaba español mezclado con inglés, me preguntó si me animaba, no lo dudé ni por un segundo.

Según Innocent, el avestruz macho sólo resiste personas de hasta 75 kilos. Pero tuve suerte y este pajarraco de 130 kg no percibió que yo estaba dos kilos por encima del límite. Además ya estaba allí, el animal me miraba y parecía esperarme, no iba a dejar de vivir esta experiencia por nada del mundo.

Cabalgar un avestruz no es tan fácil como subirse a un caballo. Sus patas son largas, por lo que es necesario treparse desde un cerco. El guía explicaba que convenía taparle la cabeza, evitando así que el bicho se perturbe y te sacudiera.

Cuando estuve bien afirmado sobre el lomo, tomado de sus grandes alas como si fueran riendas, Innocent le sacó la capucha y el bicho empezó a correr de un lado para otro, sin dirección. Con un poco de miedo y respeto hacia el ave, me agarraba tan fuerte de sus plumas como podía, mientras el gerente de la estancia me gritaba: ¡cuidado con ese avestruz que corre mucho! Sin previo aviso noté que estaba más cerca del piso que del cuello del avestruz, entonces solté sus alas y abrí mis piernas tan rápido como pude para caer parado justo detrás de él, lo cual me dio miedo pues se me ocurrió que tal vez este querría desquitarse y podría patearme como un caballo. Pero el avestruz no patea. Picotea. Ya una vez abajo el bicho se dio vuelta, me miró, me miró bien fijo… y se fue caminando con tranquilidad para buscar a su próximo jinete.

Indudablemente era un bicho experimentado: sabía que es preferible ser amable y pasear personas, a que estos lo terminen saboreando en algún restaurante de la zona.

Oudtshoorn

Hace varios días que estoy en ruta. Mi ritmo es pausado, aunque muy observador. En algunos lugares se percibe en la mirada de la gente secuelas del apartheid, eliminado en 1994, cuando Nelson Mandela ganó las elecciones. Hasta ese momento, los blancos fueron los dueños del poder político en este país de mayoría negra.

Oudtshoorn, capital del avestruz es uno de los destinos mas buscados por el turismo alternativo. 350 granjas son las que monopolizan el 70 % del mercado mundial. 750.000 avestruces, 7 por cada habitante de esta pequeña ciudad aunque gran potencia industrial.

La historia del avestruz se remonta a la mitad del siglo XIX, alcanzando su apogeo en los años previos a la primer guerra mundial, cuando en Oudtshoorn había mas de un millón de ellos. Europa compraba gran parte de la producción de plumas para la utilización de las mismas en el uso de los sombreros, moda de la elite de ese entonces.

Hoy Oudtshoorn a recuperado su posición a nivel mundial nuevamente con la cría de avestruces, aunque esta vez no con sus plumas y sí con la venta de su carne para países como Inglaterra, Francia, Portugal y Alemania entre otros. Solo Brasil sobresale en la compra de plumas, las que son utilizadas para los vestidos de las bailarinas de comparsa en época de carnaval.

Los números me sorprendieron: de lunes a jueves y de un shock eléctrico matan 750 avestruces y los viernes 500. Y aunque este puede vivir 60 años, a los 14 meses pasa a la parrilla. Su carne roja puede ser confundida con un bife de cuadril bien jugoso y aunque no lo probé, dicen que es muy sabroso.

El tamaño del huevo, es similar a una pelota de rugby, y con el se puede preparar tortilla u omelete para 15 personas. Y si uno quiere el huevo duro habrá que esperar una hora y media para su cocción. Cuidado con el que tiene alto colesterol!! , ya que un huevo de avestruz equivale a 24 de gallina.

Dicen que el avestruz no sabe contar, ya que pierde la cuenta de cuantos huevos pone y aunque lo normal es poner entre 15 y 18 huevos entre los meses de julio y diciembre al quitarle los mismos llega a poner a veces hasta 60 huevos, quedándose la hembra con los últimos 15. Luego habrá que esperar 42 días para que nazcan.

Después de tres días en la estancia Safari, donde aprendí mucho sobre avestruces, volví a la ruta.

Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo