Km 13.875 – Indios Zulúes

El pueblo zulú se expande en la provincia que lleva su nombre: Kwazulu Natal, y en algunos lugares se puede sentir como si uno formara parte de la historia. Aún viven en chozas, visten sus ropas hechas de pieles de animales y mantienen sus más antiguas costumbres.

Shakaland es una aldea donde viven más de 50 indios, de los cuales muchos de ellos aún utilizan el click sound (sonidos que constituían su antigua forma de comunicación). Enock era uno de los pocos que hablaba inglés y con quien estuve varios días aprendiendo acerca de su gente. Me contaba que todavía, antes de casarse, el hombre debía pagarle al padre de la novia un determinado número de vacas.

Según sus costumbres, 11 vacas si la mujer no tiene hijos y si así fuese 1 vaca menos por cada hijo que tuviese. Pero ¡cuidado!, si la elegida fuese la hija del jefe de la tribu su precio podría superar las 30 vacas. Según la tradición el hombre zulú no compra a su esposa, sino que compensa a su padre por el esfuerzo de su educación y por la pérdida de su trabajo, ya que la mujer dejará la casa.

Pero ella aún puede elegir a su marido, no está obligada a casarse si así lo desease. Su deber antes del casamiento es alojarse en la casa de sus futuros suegros para servirlos por una semana. Una vez casada la mujer tiene su trabajo. Aunque no se le permite trabajar al igual que al hombre, le corresponde la tarea de cuidar los cultivos, juntar leña e ir a buscar el agua. Sus casas no poseen luz, gas ni agua.

El macho de la casa

04El jefe de la tribu, respetando la tradición, vestía una piel de leopardo que según me contó en su pobre inglés Él mismo mató. También me decía que a pesar de sus dos esposas vive solo, pudiendo llamar a una de ellas cuando así lo desease. Según Enock, algunos jefes de familia superan los 50 hijos y poseen varias esposas. La poligamia por estas tierras no está mal vista. El hombre zulú puede casarse con cuantas mujeres pueda, proporcionalmente al número de vacas que posea. Si tiene muchas vacas y sólo una esposa, su virilidad podría cuestionarse. Cuantas más esposas tenga, mayor será el respeto que obtendrá de su tribu.

Cuando conversé con las mujeres del jefe, ambas me aseguraron recibir el mismo trato de parte de su esposo. Cada una de ellas vive en casa propia donde crían a sus hijos, tienen su propio campo para los cultivos y sus vacas.
Así, el gran jefe, mientras se esforzaba en explicarme los secretos de sus costumbres, trataba de saber si mi familia poseía ganado, por el cual estaba dispuesto a entregarme una simpática y robusta zulú y me aseguraba una linda choza para vivir junto a ella el resto de mis días.

Sus creencias

05La gente zulú no tiene templos ni altares, tampoco sacerdotes. Creen en la brujería y en el mal de ojo, así como en Unkulunkulu (Dios). Hacen sacrificios a los espíritus de sus antepasados a cambio de protección y de salud. Piden por nacimientos, casamientos y funerales, así como por lluvias, cosechas y cultivos.
Enock, el guía, me contaba que según sus creencias el alma vive en el mundo espiritual de Unkulunkulu pero tiene su segunda casa con sus familiares.
Cuando una familia se muda, viejos rituales deben ser utilizados para calmar y preparar el alma a su nuevo domicilio, ya que los ancestros son considerados como ángeles guardianes.

El Sangoma

06Caminando por la aldea me topé con un hombre de peluca colorida. Era el brujo al que llaman Sangoma. El Sangoma es una persona de gran sabiduría, revela el pasado y pronostica el futuro. Trata enfermedades, problemas de amor y atiende cuestiones espirituales. Para sus trabajos utiliza hierbas, raíces, cortezas de árboles, piel de víbora y parte de animales muertos, entre otras cosas.

Según Enock, el hechicero esconde amplios conocimientos que conducen a su gente hacia las decisiones correctas. Su aprendizaje lleva entre 5 y 7 años: casi nada, comparado con tiempos pasados en los que el brujo se preparaba durante 25 años.

Esa misma tarde me senté en su choza. El Sangoma hizo una ceremonia para darme protección. Tomó varias hierbas junto con algunas piedras, las abrió sobre el piso, y entre súplicas en zulú a Unkulunkulu abanicó mi cabeza con su gran plumero de pelos de elefante y pidió por mi viaje. Yo, que no creo mucho en la brujería, sólo atiné a bajar la vista, crucé mis manos y le pedí a nuestro Dios que así sea.

UNA HISTORIA FASCINANTE

El pueblo que fue imperio

A mediados del siglo XVI, el hombre blanco invadía el centro de Africa. Su objetivo era cazar tantos negros como pudiese, para luego utilizarlos como esclavos en las distintas tierras que iba colonizando.
Las distintas tribus de raza negra, condenadas a la esclavitud, le escapaban a ese destino emigrando de sus tierras y abandonando casas y cultivos, pero sin perder sus más auténticas costumbres.

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Así fue como la población Nguni llegó a Sudáfrica, donde comenzó a agruparse nuevamente. De una pequeña familia nació un niño cuya madre acababa de enviudar. Su nombre fue Zulú, que significaba cielo. Junto con Zulú nació un nuevo clan y todos sus descendientes llevaron ese nombre. Poco se conoce acerca de Zulú y de sus primeros sucesores, ya que fueron tiempos pacíficos.

Sobre fines del siglo XVIII, Senzangakoma (traducido significa “El aventurero”), quinto sucesor de Zulú y jefe de la tribu, tuvo un romance con Nandi (“La dulce”) del cual nació quien llegaría a ser el más grande líder zulú.
Senzangakoma, casado con otra mujer, eludía los reiterados mensajes que Nandi le enviaba acerca de su embarazo. Sólo le contestaba diciendo que su estado era causado por un parásito del agua que hinchaba el estómago.
Por eso, cuando su hijo nació, lo llamó “Shaka”, que quiere decir “el parásito”.

El guerrero que venció a los ingleses

La niñez de Shaka fue triste y dura: rechazado por su padre y sólo querido por su madre, quien no tenía ningún poder dentro de la tribu, se convirtió en el blanco de los otros niños. Finalmente no pudieron resistir más esa vida y escaparon. La agonía que ambos sufrieron fue tan grande que Shaka juró sobrevivir al dolor y regresar para vengarse de todos aquellos que lo atormentaron.

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La gente de otra tribu lo recibió y le dio refugio. Con el tiempo escaló rangos en el ejército: empezó como un simple soldado, pero rápidamente llegó a general. Fue en este ejército que Shaka decidió cambiar las tácticas de combate. Supo que arrojar lanzas no era un modo efectivo de ataque, e inventó una lanza de mango corto que le permitiera entrar y salir del cuerpo del hombre después de ser clavada. El combate cuerpo a cuerpo en Zululand había comenzado.

Habiendo equipado a su ejército con las nuevas lanzas que él diseñó, se preparó para la conquista que por tantos años había soñado. Era tal el poder de esa máquina de combate, que descendientes de estos guerreros cincuenta años más tarde, en la batalla de Isandlwana de 1879, vencieron a las tropas inglesas, en la que sería la más grande derrota de toda la historia para un ejército inglés en manos de una tribu indígena.
Shaka no simpatizaba con la piedad. La historia lo describe como el Napoleón negro, un verdadero genio militar. Ideó la formación de ataque del “cuerno de buey”, en la cual una parte de los guerreros se escondía hasta que se desplegaban para rodear al enemigo.
Experto innato en guerra psicológica e inteligencia militar, era también un general de sus soldados, muchas veces luchando al frente de su regimiento, sabiendo el rango de cada uno de sus oficiales y llamándolos por sus nombres. Sus subordinados lo querían y lo admiraban como a ningún otro líder.

Shaka consolidó su poder y a la muerte de su padre heredó el trono. Así obtuvo el vigor de unificar todo en un solo reino, el reino de los zulúes, conocido también como “la gente del cielo”.
Su regimiento de 1500 soldados atacó a todas las tribus vecinas. Sus tierras, que en principio abarcaban 15 kilómetros cuadrados, 11 años más tarde tenían un radio de 1000 km. con un ejército superior a los 50.000 guerreros. También reestructuró el sistema social zulú, creando una fuerte administración.

Hasta hoy siete reyes lo sucedieron, pero ninguno alcanzó la hegemonía de Shaka. Su herencia aún vive a diario en las vidas de la nación zulú, orgullosa de su pasado, cultura y tradición.

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