Km 135.620

Lo primero que me venía a la mente cuando pensaba en recorrer éstas islas era el paraíso: el mar de aguas cristalinas, inmensas playas de arena blanca y hasta palmeras inclinadas. Imaginaba a su gente, de mayoría afrodescendiente, simpática y curiosa, viviendo de la pesca y agricultura principalmente; y hasta a veces ajena al turismo. Creía que por estar en bicicleta llegaría a los mejores lugares, que podría acampar y disfrutar de fabulosos atardeceres, hacerme amigo de la gente. Creía que recorrer estas islas sería fácil y maravilloso.

Antes de viajar para las islas me detuve casi un mes en Medellín, Colombia, durante la época de fiestas. Aprovechando el flujo turístico que tiene la ciudad salí casi todos los días a vender mi documental y gracias a Carlos y Diego di una charla de mi viaje donde asistieron 100 personas. La gente de Medellín me trató de primera y ya antes de partir tenía los fondos para los 9 vuelos y los 6 trayectos de barco que me llevarían a lo largo de 12 países: Curazao, Trinidad y Tobago, Granada, San Vicente y Las Granadinas, Barbados, Santa Lucia, Martinica (Francia), Dominica, Puerto Rico (EE.UU.), República Dominicana, Haití y Cuba.

Para ello tuve que deshacerme de 25 kilos de equipaje (que dejé en Colombia), porque los aviones que vuelan entre isla e isla son pequeños y con el pasaje apenas incluyen un bulto sin costo. La bicicleta, como segundo bulto pagaría casi siempre entre 40 y 60 USD, siempre y cuando haya disponibilidad de espacio. Me ponía muy nervioso volar, no solo por la incertidumbre que tenía de llegar con mi bicicleta a destino, sino por las sorpresas que me llevaba cada vez que la desarmaba y armaba. Mi tercera bicicleta está vieja, lleva más de 80.000 km.

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En Saint Vincent

En las islas no hay turismo alternativo, no hay mochileros, ni hostels, ni campings, y todo es caro. Por ello llegaba y salía del aeropuerto siempre pedaleando, y en cada país contaba con alguien que me recibiera en su casa por un par de noches. Luego, con una idea más clara, salía a darle una vuelta a la isla, que nunca superaba los 200 o 300 km. Me demoraba varios días porque la mayoría de ellas tienen unas cuestas terroríficas.

El caribeño si bien es curioso y en la mayoría de las veces ha sido amigable, a la hora de pedirle por un lugar para acampar se transformaba. El afrodescendiente no está acostumbrado a que venga un blanco en bicicleta y le pida montar la tienda en el jardín de su casa o vecino a ella. No entra en su cabeza porque aquí no hay cultura de camping. Y si antiguamente la había en alguna isla como me dijeron, la violencia o los robos la han hecho desaparecer. Cualquier persona que escuchaba mis intenciones de acampar me insistía en que no lo haga, que tenga cuidado. Algunas veces intenté acampar en la playa, pero cuando cae el sol, el ambiente se pone pesado porque la poca gente que queda comienza a beber. De todas maneras al menos una vez acampé en la mayoría de las islas. Me dirigía a los afrodescendientes porque son los que habitan las islas, pero nunca me permitían acampar donde yo pedía, sino lejos, bien lejos de ellos, justificándose con la violencia del lugar o con alguna estupidez. Ni una vez se me acercaron para preguntarme al menos si necesitaba de agua. No me parecieron personas hospitalarias, casualmente la mitad de mails que mandé fueron dirigidos a los afrodescendientes, pero los que me recibieron fueron siempre blancos, mestizos e indios.

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Acampando en Barbados

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Grenada

“Son negros resentidos” me dijo un periodista en Curazao, cuando quien pasó adelante nuestro nos ignoró totalmente al pedirle que nos saque una foto. Y mucha gente coincide. No es muy difícil comprenderlo, ya que todas estas islas estuvieron marcadas por más de 300 años de esclavitud y el 80 % de la población son descendientes de esclavos. Me imagino que hasta el concepto “blanco de mierda” fue transmitido de padre a hijo, de generación en generación. Y no creo que en la actualidad sea muy diferente cuando son los blancos, descendientes de los colonos que no solo poseen una gran parte de las tierras, sino que también controlan un número importante de los sectores económicos, en particular el de la agricultura, mientras que gran parte de la población negra vive en la extrema pobreza.

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Con Pablo

Pablo, un rasta que conocí en Santa Lucia, me dijo al respecto: “Es como si hubiese supremacía blanca, los blancos son gerentes de los hoteles, de las empresas, los capitanes de los barcos, los dueños de los supermercados. El peor problema es que ese dinero no se invierte aquí, ni siquiera lo gastan, se lo llevan”.

En cada isla que visite me detuve un par de días en la capital para exponer mi viaje y vender. Lo hacía durante 4 o 5 horas y en varias ocasiones tuve que lidiar con gente odiosa y borracha. En Granada se me acercó un tipo totalmente ebrio y aunque no era mi tipo de cliente le conté muy por arriba de mi viaje. No le caí bien, lo noté en su mirada, de rabia. Le molestaba verme allí, cautivando la curiosidad de la gente, ganando dinero. Por ello se encargó de espantar a quien se detenía a conversar conmigo. Luego comenzó a agredirme verbalmente. Caminaba y comía alrededor de mi bicicleta, escupía cerca de mí. Era un tipo mayor de 50 años, pero grandote y sus músculos bien marcados. Buscaba pelea. De repente me dio una palmada en la espalda, que fue más un golpe y se fue. Me dolió pero pensé que terminaba allí y no hice nada. Pero al rato volvió y me tiró otro golpe. Bendita sea mi suerte, porque un oficial de policía que no estaba lejos de mi lo vio. Se acercó justo cuando estábamos desafiándonos e intervino, le habló en creole, en tono amenazante y el tipo se fue. Minutos después yo hice lo mismo y no volví más.

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Grenada

A la población indígena de las islas también le gusta beber. Atravesé cada uno de sus territorios y desde la mañana ya se los puede ver que no consiguen mantenerse en pie. El alcoholismo es un problema serio en las islas, también la violencia de género y la criminalidad. La gente en el Caribe vive con la paranoia del robo, es la historia en común de casi toda la gente que conocí. A Thierry, por ejemplo, quien me recibió en Dominica le acababan de robar a mi llegada, era la séptima vez que le sucedía en un período de 6 años.
A los ladrones de Curazao les encanta rondar los estacionamientos de autos y romper cristales para robar. Es común ver cristales rotos en los estacionamientos y también roban con machete, como le pasó a una pareja que iba de auto delante de mí en una ruta secundaria.

De a poco el paraíso que pensaba encontrar se fue desmoronando, no solo por los episodios que me tocaron vivir sino por querer encontrar la playa perfecta. Las playas del norte de Curazao, por ejemplo, son las más lindas en la isla, tienen un mar turquesa como ninguno, pero la arena tiene tanto coral que no se puede caminar descalzo. Algunas de ellas son privadas y para entrar hay que pagar 10 USD.

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Curazao

En Granada y SVG (San Vicente y Las Granadinas) hay cientos y cientos de botes, de todos los tamaños y parecería ser el lugar perfecto para navegar, porque hay muchas islas pequeñas que esconden paraísos perfectos, como lo es el parque nacional de Tobago Cays, donde tuve la suerte de llegar con los guarda-parques. Me ahorré 100 USD y nadé con tortugas, pero también me hubiese gustado intercambiar algunas palabras con ellos. Estuvimos un día juntos y no hablamos una palabra, solo me dijeron cuando los filmé desde el bote: “Aquí no podes filmar, necesitas un permiso especial”, era mentira, obviamente que estos tipos estaban cansados de trabajar con turistas y les molestaba que un gringo los filme, y más aún si este gringo viajaba gratis por orden del jefe.

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Barbados

Según me dijo Luca, un italiano que trabaja en la zona hace 4 años, SVG es el país más pobre de América después de Haití, y es donde más robos a los barcos suceden, justo cuando la gente baja a tierra. El italiano y su novia argentina Lucrecia hacen charters en un bote de 3 millones de USD y al conocer mi historia decidieron patrocinarme con un día a bordo, que por ir solo tiene un valor de 1.000 USD. Aquel día me sentí como Don Johnson de división Miami.

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En viaje a SVG

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Luca y Lucrecia

Las playas de Barbados por lo general no tienen palmeras, sino pinos. Tampoco hay mucha sombra donde resguardarse, pero al menos existen baños y duchas públicas a diferencia de todas las islas que visité. De todas maneras Barbados me pareció la isla más bonita, la más rica. Es segura, dicen que no hay crimen y tampoco sentí esa mirada con recelo de su gente; posiblemente porque la mayoría de las personas trabaja directa o indirectamente con el turismo, la principal industria y el poder adquisitivo es mucho mayor que cualquiera de sus islas vecinas. A diferencia de las otras islas, Barbados tiene buen servicio público de transporte y es plana. De elegir una isla creo que sería ésta donde volvería y tal vez Martinica, aunque ésta última es una de las más contaminadas y caras.

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Barbados

Según Yoham, un francés amante del ciclo-turismo quién me recibió en Martinica y que en la actualidad ejerce como maestro, la explotación agrícola intensa del monocultivo de plátano fue causa de la deforestación y contaminación a gran escala. “Durante décadas los terratenientes blancos o Bekes, como son conocidos en la isla, fumigaban con aviones utilizando un pesticida extremadamente tóxico y de larga permanencia en el medio ambiente: la clordecona, aún cuando se sabía que esta sustancia química era cancerígena. Como consecuencia no sólo los campos donde fue cultivado el banano están contaminados, sino también las vertientes de esas tierras, los acuíferos, ríos, manglares y el mar. Por ello existe la prohibición de pescar a lo largo de las costas de Martinica. Según el Instituto Nacional del Cáncer, hace unos años la isla presentó la tasa más elevada de incidencia de cáncer de próstata en el mundo, y eso está vinculado a la clordecona”, me dijo Yoham.
Según me contaron, son los bekes también los que controlan la importación y exportación. Los dueños de los supermercados son 4 o 5 familias que se ponen de acuerdo sobre los precio imponiendo márgenes exorbitantes. El precio de la comida en Martinica es uno de los más caros en todas las islas que visité. El kilo de tomates por ejemplo, nunca baja de 5 o 6 euros.

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Con Eva y Yoham

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Martinica

Otro país que visité fue Dominica, una isla diferente porque los atractivos no son las playas, sino la montaña, el trecking, las cascadas y los baños en aguas termales. Comparada con las islas vecinas hay poco turismo, por ello todo es más autentico y la gente te sonríe, especialmente si te ven empujando una bicicleta en una de esas carreteras que tienen 25º de inclinación. Aquí encontré un buen lugar para acampar, con sus propias termas. Págame lo que puedas me dijo June, el rasta dueño del lugar.

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En las aguas termales de Dominica

También la isla de Santa Lucia tiene cuestas terroríficas para pedalear y al igual que las islas vecinas, ha convertido el deterioro de la industria bananera y el ascenso de las tasas de desempleo y subempleo en mayores niveles de pobreza. Esta isla pasó de unas manos a otras 14 veces! Los últimos fueron los británicos que le concedieron su independencia en 1979. En la actualidad la isla es invadida por cruceros, llegan hasta 4 en un día, pero este no es un turismo rico, porque la mayoría llegan en la mañana y se van en la tarde. Son pocos los locales que se benefician con esos miles de turistas que llegan casi diariamente. En el interior la gente es muy pobre y en cada pueblo que visité encontraba jóvenes esperando ansiosamente a que llegue algún turista para que los contrate como guías.

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Los Pittons, St Lucia

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Interior de St Lucia

Trinidad es la otra isla diferente porque no vive del turismo, es una isla que tiene petróleo, industrias y mucha población al igual que tráfico, demasiado para la infraestructura de la isla. Me sorprendió la cantidad de población india y como a pesar de los siglos mantienen su cultura y sus tradiciones. En mi recorrido por la isla visité un par de templos que rinden tributo las deidades hindúes, y junto a uno de ellos presencié una ceremonia de cremación. El 50 % de la población en Trinidad es descendiente de los indios que llegaron por medio del imperio británico para sustituir a los esclavos 200 años atrás. El otro 50 % de población es de descendencia africana, que como esclavos trabajaban en las plantaciones de tabaco y caña de azur. En este país me recibió Anderson Modeste, un abogado descendiente de ambos grupos étnicos. De casa muy pequeña, pero corazón bien grande.

También quiero agradecer a las personas que con mucho cariño me recibieron en sus casas, en su hotel o me ayudaron con algún traslado:
Matthis y Yohanna, Carlos y Jos en Curazao
Anderson, Trinidad y Tobago
Danny Donelan, Kim y Lylette en Granada,
Luca y Lucrecia, https://www.facebook.com/MOUNBEU
Jade de Union Island, www.grenadines-bougainvilla.com
Rob en Bequia, Cecile en San Vincent, SVG
Capitan Elvis Gooding (Jade Sun)
Fatima y Sarah en Barbados
Liz y Peter en Rodney Bay, Simon Bryan de Igy Marina, St Lucia
Martín y Mónica en Soufriere, St Lucia: http://www.stluciacrystals.com/
Uta Verena y Tania de Balenbouche State, St Lucia http://www.balenbouche.com/
Yoham y Eva en Francois, y Manuel, Fede, Nacho y Luis de Mourne Rouge, Martinica
A Thierry y June en Dominica.
Ti Kwen Glo Cho Hot Springs, Dominica (tikwenglocho@gmail.com)