Km 146.000

Maceió fue el lugar donde viví 4 años y de donde partí en 1999 con el sueño de dar la vuelta al mundo en bicicleta. Aunque no sabía bien hasta donde iba a llegar, todo comenzó aquí, en esta ciudad que posee el malecón más bonito de Brasil. Una ciudad bellísima de la cual me enamoré en 1993 cuando llegué en búsqueda de aventuras o un nuevo lugar donde vivir.

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Tenía apenas 19 años y para ese entonces ya había tomado la decisión más difícil de mi vida: romper con los paradigmas que nos impone la sociedad. Estudiar en la universidad, trabajar en una oficina, casarme y tener hijos no era lo que quería para mi vida. No se de donde salió tanto coraje, no fue fácil.

Durante el primer tiempo en Brasil viajé mucho y para sobrevivir no se me ocurrió otra cosa que iniciarme en el rubro de las artesanías, porque mis padres nunca me enviaron dinero. Ellos nunca simpatizaron con mi espíritu aventurero. De esa manera generaba dinero para  comer, porque en Brasil, casi nunca me faltó quien me abra la puerta de su casa; quizás por ello es que llevo este país en mi corazón.

02samadhiDurante un año viajé por el litoral, y luego regresé a Maceió por un amor, y aunque la relación no prosperó decidí quedarme porque me asocié con unos argentinos que acababan de abrir una agencia de turismo receptivo. Raúl, Nidia y Daniel, tres viajeros natos con años de experiencia, que me convirtieron en “un busca”. No creo que hubiese llegado tan lejos si no me hubiese cruzado con ellos. Mi trabajo era simple, captar nuevos clientes, por ello rondaba las playas frente a los principales hoteles para buscar turistas recién llegados y venderles nuestros paseos, pero también alquilaba autos y deptos, y ganaba una comisión. Con el tiempo y gracias al flujo de argentinos que visitaba Maceió nuestra agencia “Samadhi” creció, y llegamos a manejar un volumen de 3.000 pasajeros por año. Luego se sumaron Jovanio y Claudio, teníamos un equipo perfecto, éramos los mejores, y yo el mejor vendedor. Siempre fui un convencido de nuestro trabajo. Después hice el curso de guía de turismo. Por momentos sentía que tenía una vida casi perfecta, vivía en un séptimo piso frente al mar, ganaba muy bien y hasta me compré dos autos para alquilárselos a turistas.

Pero un día me di cuenta que la rutina, el confort y el esfuerzo por ganar cada vez más dinero me estaban  apartando de todo aquello que realmente me apasionaba: viajar y aventurarme al día a día. Y de esa manera mis sueños se fueron guardando en un cajón. Y comencé a estar enfadado en mi trabajo, insatisfecho y decepcionado por no satisfacer mis expectativas. Y otra vez me tocó enfrentar los paradigmas que te impone la sociedad, pero esta vez fue más difícil, por todo lo que había conseguido. Tenía 25 años y lo único que pensaba era en trabajar, ahorrar e invertir. Pensaba en mi futuro! En el maldito futuro, que por pensar tanto en él, no me dejaba vivir el presente. En cambio lo que yo si deseaba era largar todo y salir a viajar por el mundo. Alejarme de los afectos, meter lo indispensable en una mochila y aventurarme a lo que el camino te depara. Viajar a suerte y verdad. Quien no lo ha soñado?

03-en-maceioAsí, en el año 1999, casi de repente, como en un acto de rebeldía conmigo mismo, con mi trabajo y mis socios, sin ningún conocimiento en travesías de bicicleta ni en la vida outdoor, me compré una bici y me lancé a cumplir mi sueño: viajar por el mundo y estrechar mi mano con gente de cada rincón del planeta, para conocer sus culturas y sus valores; aprender de ellos.

 

En Nova Vrajadhama – Visitando una comunidad Hare Krishna

Siguiendo el consejo de Pablo, un amigo, mi primer destino fue la estancia Nova Vrajadhama en Caruaru, donde existe una comunidad de monjes Hare Krishna. Yo nunca había sentido de estos religiosos, y mi amigo tampoco quiso hablarme mucho de ellos, apenas me dijo que vivían al tope de una montaña, aislados del mundo material y que debía visitarlos antes de comenzar mi periplo. Por ello, intrigado fui a conocerlos.

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Al llegar fui muy bien recibido y me invitaron a quedarme los días que quisiese pero también a cumplir con sus programas si en verdad quería conocerlos. Así durante más de una semana los acompañé en todas sus actividades, que comenzaban a las 4.30 a.m. tras un baño de agua fría, muchas veces en el lago. Luego, todavía de noche y junto a todos los monjes de la estancia, me dirigía al templo donde pasábamos 4 horas haciendo servicio devocional, cantando mantras y asistiendo a clases del Bhagavad Gita, que es considerado la esencia del conocimiento védico. Tras el desayuno ayudaba en la cocina o trabajaba la tierra y sus cultivos,  siempre acompañado por un monje. De esta manera, aquellas personas y sus enseñanzas me marcaron para siempre.

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Al partir, los monjes me regalaron un Bhagavad Gita por Prabhupada, el fundador del Movimiento Hare Krishna en occidente, que hasta el día de hoy conservo; y también una yapa, que es como un rosario, para que cante el mantra Hare Krishna, siempre.
Y así, cantando el mantra Hare Krishna inicié mi vuelta al mundo en bici, y casi sin darme cuenta, el mantra se hizo parte de mi pedaleo, de cada día, de cada mes, en cada país, en cada continente. Y de ésta manera visité varios templos Hare Krishna en el mundo y otros lugares sagrados sin importar su religión, con el único fin de enriquecer el alma a través del conocimiento espiritual, realizando servicio devocional y adquiriendo libros que luego leía en el camino. También allí era donde agradecía por el recorrido atravesado y donde me cargaba de energía para seguir viaje.

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En muchos países de Oriente la búsqueda y conexión con Dios es el común denominador de las personas y haber sido testigo de ello fue lo más lindo que me sucedió.

Llegada a Maceió

El 30 de diciembre de 2015 llegué a Maceió tras 146.000 km pedaleados. Tras descansar unos días volví a Nova Vrajadhama en Caruaru, donde no encontré a los mismos monjes que 15 años atrás, pero si la misma energía y paz que encontré en mi primera visita. Ésta vez me recibieron Swami Dhanvantari y Daruka entre otros monjes, y aunque todos eran personas desconocidas para mi, la esencia de su conocimiento era la misma y tan amplio que conversar con cualquiera de ellos me resultaba un deleite.

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Podía pasar horas escuchándolos sin siquiera darles tiempo para ir al baño. En mi camino hacia el sur, unos meses después, visité a Jagad Vivitra que ya había conocido en el 99, pero que en la actualidad vive en la Pousada Portal dos Avatares, en Ibicoara, Chapada de Diamantina.

Conversando con los monjes, volví a indagar acerca de los mantras, y al respecto me dijeron: los mantras son sonidos trascendentales que sirven para ayudar a la persona a controlar su propia mente, para liberarla del concepto temporario. El concepto temporario más fuerte que existe es: “yo soy el cuerpo” y eso se nos enseña desde que nacemos. Debido al amor que sienten nuestros padres y al apego, nos incentivan a que nosotros somos el cuerpo y nos enseñan: mi nariz, mi mano, mi muñeco, mi cama, mi casa, mi hijo, mi madre, mi país, etc. El “yo” y lo “mío” son los conceptos temporarios que a lo largo del crecimiento de la persona van aumentando y que acaban con la muerte. Todo en este mundo material es una fuerza para que nos apeguemos a lo que vemos y sentimos.

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Los mantras son un proceso que sirven para liberarnos de ese concepto, pero no es fácil, por ello tiene que ser repetido siempre. Existen muchos mantras en diferentes religiones. La palabra religión quiere decir re-ligación y la palabra yoga quiere decir unión. Ambas palabras significan lo mismo: re-ligarse o unirse a Dios. Y al menos que una persona este libre “del yo y lo mío”, no puede unirse a Dios, tiene que estar en el concepto espiritual porque Dios es espíritu, tiene que estar en la sintonía del espíritu para conectarse. Si tu eres agua no puedes mezclarte con aceite, si tu no te identificas con el espíritu y te identificas con el cuerpo, no te puedes asociar con el Espíritu Supremo. Entonces los mantras tienen el objetivo de conectar a uno con Dios, son un proceso de pedir ayuda a Dios. Por ejemplo, el mantra Hare Krishna: Hare Krishna Hare Krishna, Krishna Krishna Hare Hare, Hare Rama Hare Rama, Rama Rama Hare Hare, es una forma de pedir a la madre Hare, a la energía material, que nos ocupe en el servicio devocional al Señor Supremo: Krishna y Rama”.

Durante varios días permanecí en la estancia Nova Vrajadhama, conversando con cada uno de los monjes de la comunidad. Cualquiera de ellos es un libro abierto y escucharlos enriquece el alma.

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Encuentros como éstos, han sido de los más interesantes en todo mi viaje. También recuerdo a Priya en India, a Ven Charnsak Kantigo en Tailandia, y a Syed y Ahmed en Bahrein. Todos ellos me resultaron personas de profundo conocimiento espiritual, personas iluminadas, que afortunadamente se cruzaron en mi camino.

Mi recorrido por el resto de Brasil me llevó primero por el litoral, costeando los estados de Sergipe y Bahía y luego hacia el interior en dirección Brasilia y Goiania, donde me encontré con otros ángeles que se encargaron de hacer fluir las cosas, quizás en el momento que más lo precisaba, porque a lo largo del último año no conseguí generar los recursos necesarios para seguir viaje.

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Primero conocí a Federico Pensado, que supo introducirme a dos empresas como Incalfer que decidió patrocinarme y La Sereníssima de Brasil que realizó una donación.
Luego en Goiania, me encontré con Amandio e Joselle a quienes conocí en Colombia, cuando recorrían América en su camioneta 4×4. Éste matrimonio que ahora patrocinado, está a punto de salir a dar la vuelta al mundo en su nueva camioneta, supo gestionar con Edson, líder de Go Ciclo, mi llegada. A la entrada de la ciudad me recibió un grupo de ciclistas que me escoltó hasta el negocio de Decatlhon de Goiania, donde me dejaron la bicicleta como nueva, y conseguí muy buena ropa de frío para Bolivia. En tanto Junior de Sonic Sport también me brindo un kit de excelente ropa para pedalear.

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En el último estado de mi recorrido por Brasil, MS, llegué a Bonito, el destino top del ecoturismo a nivel mundial. Un lugar impresionante por sus ríos de aguas transparente llenos de peces, cascadas, grutas y cavernas. Allí conté con el apoyo de Grupo Rio da Prata que me brindaron la posibilidad de conocer lo mejor del lugar: Bajar nadando los casi 2 km de extensión del río Olho de Agua, haciendo snorkel junto a incontables peces dorados que lo escoltan a uno. Un lugar único que merece ser visitado.

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Finalmente tras 8 meses de viaje dejé Brasil por Corumbá, en dirección Bolivia. Claro que cantando el mantra Hare Krishna, que no solo me protege sino que también me guía a las personas ciertas. Y ojalá que así siga siendo! Hare Krishna Hare Krishna, Krishna Krishna Hare Hare, Hare Rama Hare Rama, Rama Rama Hare Hare.

Inshallah como dicen los árabes, que significa, si Dios quiere!!

Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo