La región de los Lagos, un destino top a nivel mundial
Km 158.510

Desde Chile regresé a Argentina por el paso Hua Hum, para adentrarme en la región más espectacular del país, y sin duda uno de los lugares más lindos del mundo para hacer cicloturismo, comparable con el Parque Nacional Jasper en Canadá o la Denali Highway en Alaska.

Lo sabía, no solo porque me lo han dicho varios ciclo-viajeros que han recorrido gran parte del planeta, sino también porque Ale, mi hermano, vive allí, y él también ha viajado por el mundo y es un gran explorador de toda esta zona. Si amigos, doy fe, la región de los lagos en la Patagonia Argentina es de lo más impresionante que he visto, atraviesa 5 parques nacionales a lo largo de 500 km y lo tiene todo: paisajes alucinantes entre lagos, picos nevados y bosques, zona de acampada cada 30 o 40 km, poco tráfico, viajeros de cada rincón del planeta y mucho mejor clima que en la carretera austral, la otra opción de la región. Además, todo tipo de excursiones, actividades alternativas y deportes extremos. Por ello, este trecho de la famosa ruta 40, que se inicia en Junín de los Andes y va hasta el Parque Nacional los Alerces es una muy buena opción para aquellos que se inician en el cicloturismo, porque no se trepa tanto y porque en su mayoría la ruta es de asfalto. Por esta razón, incentivo a toda esa gente que me escribe preguntándome por un buen lugar para pedalear, no lo duden, ésta es mi elección. Y a aquellos que deciden emprender el gran desafío de pedalear toda la carretera austral, desvíense, y vengan a pedalear también esta región. No se van a arrepentir.

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Tras unos cuantos días de explorar la zona del Bolsón con Ale y de acampar en lugares dignos de un cartón postal, seguí viaje hacia Ushuaia. Corría el mejor mes del año en la región, cuando los árboles comienzan a dar sus frutos y el buen clima no te exige más que vestir una remera. No tenía ganas de irme pero el verano es corto en la Patagonia y aún me restaban más de 2.000 km para llegar a la otra punta del continente. Pero al menos me fui con 3 kilos más; saciado de los buenos asados con los que mi hermano me agasajó, justo cuando comencé a sentir que la carne me salía por las orejas. El tipo es súper carnívoro, típico de argentino. Y cuando no era con carne roja me agasajaba con truchas que el mismo pescó y guardó. La despedida fue dolorosa, como cada vez que me toca despedirme de un ser querido, familiar, pareja, un amigo o simplemente de aquel que me recibió como un hermano. A veces creo que mi alma pide a gritos que termine. 16 años de viaje, empacando y desempacando, es mucho tiempo.

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Tras acampar unos días con Ale en el parque Nacional los Alerces, mi parque preferido, seguí viaje hacia Trevelin, y de allí crucé a Chile, para pedalear la carretera Austral.

La ruta más auténtica

Desde Chile regresé a Argentina por Los Antiguos, en la pcia de Santa Cruz. Ya no pedaleaba solo, en la carretera austral me encontré con mi amigo Laurent, un francés que inició su vuelta al mundo en el año 2012. Nuestro plan era pedalear la ruta pcial 41 hacia el paso Roballos, porque según un  italiano que se cruzó con Laurent, aquella era la ruta más auténtica. Y el italiano no era un cualquiera, sino un gran cicloviajero, fanático y gran explorador de la Patagonia Chilena-Argentina, que ya había hecho 9 viajes en la región.

Pero lamentablemente Laurent y yo tuvimos que separarnos, porque tuve que detenerme en los Antiguos por 4 días. Debido a las pulgas que me agarré en Chile, me vi obligado a instalarme en un hotel, y mandar a lavar TODO mi equipaje y la bolsa de dormir. Y vaya suerte que he tenido en los Antiguos, porque la dueña del lavadero, aparte de no cobrarme nada, me presentó a Guillermo Mercado, el intendente del pueblo, quien decidió patrocinarme durante mi recorrido por su pcia. Y como si esto fuera poco, me regaló una caja de 2 kilos de cerezas de primera calidad. Deliciosas. Cabe mencionar que con 2,5 millones de kilos de cereza en ésta última temporada “Los Antiguos” es el mayor productor de cereza en Argentina, reconocida mundialmente; y es donde se celebra la fiesta nacional de la cereza, todos los años en el mes de enero.

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Así, empachado de cerezas, pero ya sin pulgas, recorrí la ruta pcial 41 de la pcia de Santa Cruz, una ruta de ripio en bastante mal estado y despoblada,  que sube y baja sin dar tregua.
Un lugar donde la naturaleza se manifiesta en todo su esplendor y donde cambia el paisaje abruptamente, de la meseta al bosque de montaña, y de éste al vasto paisaje cordillerano otra vez.

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Si bien el camino es solitario, en la zona existen un par de estancias, por lo que uno puede contar con la ayuda local. En mi caso antes de llegar al paso Roballos fui muy bien recibió por el Gaucho Ortiz, que custodiaba una tierra en lo más alto de la ruta. Propio de una postal, el gaucho que vivía en una minúscula casa de chapa, al verme pasar, me llamó casi desesperadamente y me invitó a que pase la noche allí. Debido al intenso frío y viento que había en la zona yo prefería seguir pedaleando, pero ante la insistencia del hombre acepté; porque tal vez, nunca más tendría una oportunidad de compartir con un gaucho como tal. Por miedo a más pulgas, armé la carpa, porque incluso es más satisfactorio para mí, es mi cuarto privado. Luego ya con ropa seca me senté junto a la salamandra a tomar mate con el gaucho. Pese a que no acostumbro, tomé mate hasta el cansancio. Me sorprendió la más absoluta soledad en la que vive, su única compañía es el perro que no se aleja de él ni un minuto, y el caballo que está afuera. La casa no tiene agua ni luz, solo una radio a pila que apenas sintoniza. Según me contó Ortiz, allí pasa los 6 meses del “verano” trabajando para un estanciero, que periódicamente lo abastece con carne y otras necesidades. Aquella noche, el gaucho no escatimó, hizo un guiso con carne de carnero y papas; y casi que me lo devoré todo yo. Fue el guiso más sabroso que comí en toda mi vida.

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Desde el paso Roballos, me regresé a Chile para pedalear el último trayecto de la carretera austral.

Los milagros existen

El último cruce por la cordillera lo hice desde Villa O´Higgins, Chile hacia el lago del Desierto, Argentina. Para realizar ese cruce conté con la ayuda de mi amigo francés, Laurent. De haberlo hecho solo, hubiese sido un martirio, porque el sendero que se extiende por 6 km hacia el control migratorio de Argentina es totalmente intransitable de bicicleta, y hay que empujar el camino entero. Tras el trámite de rigor con gendarmería, por haber llegado casi de noche, pudimos acampar en la margen del lago, junto a todos los viajeros que van y vienen, de un lado para el otro. El lugar no tiene instalaciones de ningún tipo, pero el paisaje es majestuoso, la montaña Fitz Roy de fondo incluida. Para seguir viaje hacia la ruta que te lleva a Chaltén, hay dos opciones, o caminas otros 12 km por un sendero mucho más difícil que el anterior, o pagas un pasaje de barco, caro, para seguir viaje. El francés prefirió la opción de más aventura y por ir con la bicicleta no tan cargada como yo, tardó 2 días,  en los que caminó 12 horas. Yo preferí tomarme el barco que atraviesa el lago del desierto hacia Punta Azul, de donde ya podría seguir pedaleando. Y tuve suerte, porque al contarle mi historia a la tripulación del barco conseguí  el pasaje de cortesía. Gracias a la empresa Exploradores del Desierto.

Pedaleé durante 3 hs en dirección al Chaltén bajo una lluvia intensa. No había un lugar para cobijarse, por ello llegué empapado. A mi llegada los hostels estaban llenos y deambulé bajo lluvia por el pueblo entero buscando un lugar donde hospedarme. Titiritaba de frío, tenía las zapatillas con agua, los dedos congelados y  mi campera impermeable totalmente mojada. Sólo quería instalarme, estaba exhausto por el cruce de la cordillera y preocupado ante tanta incertidumbre. Sentía tristeza, no tenía más fuerzas para nada y deseaba más que nunca que un milagro sucediese. Fue de repente que me gritan: “PABLO QUE HACES ACÁ?  No lo podía creer, el milagro que tanto precisaba había sucedido. Era Seba, un mendocino que conocí en México en 2013. Seba estuvo viajando 3 años a dedo por todo Latinoamérica, nos cruzamos 3 veces en su viaje, y en dos ocasiones me tocó a mi darle una mano. Fue un abrazo intenso, emocionante, hasta las lágrimas. Inmediatamente Seba junto a su amigo Kai, me llevaron a su casa y me cocinaron un buen plato de comida caliente. Pocas veces imploré al cielo como aquella vez. Estaba más claro que nunca: “todo lo que das en la vida, vuelve”.

8La última vez que me había cruzado a Seba había sido en el 2014 en Mérida, Venezuela. Y aquella vez Seba y Sergio estaban tocando fondo, estaban prácticamente sin un peso y por ello les regalé 100 usd. A mi no me faltaba dinero, yo venía de Colombia donde había vendido muy bien. No es lo primera vez que lo hago, siento placer cuando puedo ayudar un viajero digno de quitarse el sombrero. Afortunadamente pude quedarme en la casa que cuidaba Seba, tantos días como precisé para reponer energía. Y no solo yo, también Laurent que llegó un día después.

El viento de la Patagonia, tu mejor aliado o el peor enemigo

Rumbo a Ushuaia, el francés y yo seguimos pedaleando, pero nuestras rutas se abrieron nuevamente en la bifurcación hacia Calafate. Laurent ya había estado allí años atrás, por ello siguió en dirección sudeste con viento a favor. Sepan amigos cicloviajeros que el viento en la Patagonia Argentina tiende a soplar desde noroeste en dirección sudeste. Es por ello, que aquel que pedalea de norte a sur pegará siempre menos viento en contra de quien lo hace en sentido inversa. Finalmente, en mis últimos 35 km hacia Calafate, pegué viento de frente, pero de aquellos que te tiran de la bicicleta, de aquellos que bien podrían tirarte debajo de un vehículo y matarte, si la desgracia te acompaña. Por ello un espejo es siempre, siempre, siempre: “FUNDAMENTAL”. Me tomó más de 4 hs llegar a Calafate.

Hace poco, un chino que pedaleaba por el mundo hacía unos años, murió en la ruta 3 (Argentina) atropellado por un camión. Aquella ruta es muy peligrosa para pedalear, porque bordea el Atlántico y suele tener mucho, pero mucho más viento que la ruta que se extiende paralelo a la cordillera. Conozco cicloviajeros que debido al fuerte viento tuvieron que refugiarse en una gasolinera por 4 días, y que finalmente optaron por subirse a una camioneta para desaparecer del lugar. Me cuesta creer que la desgracia del chino no esté relacionada al viento. Por ello, quien decide pedalear desde o hacia Ushuaia, no debería tomar esa ruta, por más experimentado que el viajero sea. Más aún, sabiendo que la mayoría de las rutas en argentina no tienen banquina/arcén. No es ninguna novedad, el viento en la Patagonia Argentina es el peor enemigo del cicloviajero, por ello aconsejo usar la aplicación Windy o Windgurú que pronostica la intensidad del viento y su dirección. Y seguir a rajatablas la lógica de que cuando hay viento con ráfagas superior a 50 o 60 km/h, es mejor no salir.

Desde Calafate, visité el Glaciar Perito Moreno, situado en el Parque Nacional Los Glaciares, declarado patrimonio Mundial de la Humanidad, sin duda uno de los lugares más bellos e impresionante que he visto en todo mi viaje por el mundo. Llegar allí a última hora, cuando todos los micros se estaban yendo, me permitió gozar del lugar en pleno silencio y soledad, lo que hizo que el lugar sea más sorprendente aún. Luego los guardaparques me cargaron en una camioneta y me llevaron a la salida del parque, que dista 35 km, porque está prohibido acampar. De nada sirvió la cortesía que tenía y el permiso “de palabra” que las autoridades del parque me habían dado en Calafate.

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La Patagonia profunda

Si bien la ruta de los cicloviajeros sigue hacia Torres del Paine, Chile, que es conocido mundialmente por su naturaleza salvaje y paisajes extraordinarios, yo preferí seguir viaje por Argentina, porque no acostumbro hacer trekkings, aparte su política de ingreso y alojamiento mediante reservas no ayuda a los viajeros independientes, esto es debido a la excesiva cantidad de gente que lo visita, que al final acaban transformando la belleza del lugar. Vale informar, según me contaron, los senderos de los trekkings en Torres del Paine, se convierten en una fila india en la que si caminas rápido le pisas los talones al que va delante de ti, y si lo haces despacio, te lo hacen a ti. Sólo en Enero de 2017 entraron al parque más de 47.000 personas. Según un amigo español los trekkings que parten del Chaltén hacia el Fitz Roy, son tan bellos como los de Torre del Paine, pero la gran diferencia es que en el lado argentino son gratis y hay mucha menos gente, resaltó.

10Hacia el sur me lancé a hacer los últimos 940 km en dirección Ushuaia, no quería ver más turistas en masa, sólo pensaba en enfrentarme posiblemente a mi último gran desafío y llegar a destino. Lo sabía, estos últimos km por la Patagonia Argentina serían una etapa dura, de esas que te exigen al máximo. El desierto patagónico te pone a prueba todo el tiempo y te exige como pocos lugares en el mundo. Sos vos y la naturaleza, la cruel naturaleza. Aquí se ponen a prueba todos tus conocimientos; de cómo sobrevivir viajando en una bicicleta, de cómo enfrentar el clima, de que tu cuerpo responda y principalmente de que tu fe no te abandone. Aseguro, que quien pedalea esta zona se recibe de guapo. Aclaro que guapo en argentina significa también ser lanzado, valiente. Las distancias entre las escasas poblaciones o paradores te exigen planificar cada día detalladamente, por ello tuve días de 149 km, y hasta de 174 km. El viento a favor se convierte en tu mejor aliado, pero no siempre, porque a veces es traicionero y tras una curva te pega de frente. Igual te sientes afortunado si no llueve, porque cuando lo hace, el frío te llega hasta los huesos, no tienes donde cobijarte, eres tú y el maldito clima. “Pero a quien se le ocurre venir a este lado del mundo tan indefenso como puedes estarlo en una bicicleta. Solo a  un loco” Si, así es como te sientes en tu minúsculo transporte en la infinidad de la Patagonia. El desafío es sobrevivir y avanzar. Me encanta, cada día que alcanzo el objetivo me hago más fuerte. Sin duda que esto podría ser una buena terapia para aquellos que precisan de convicción en la vida. Que manera de exigirle al cuerpo y a la mente.

Nunca bajé de los 125 km diarios. Bastaron 7 días para llegar a destino. La buena planificación es el secreto para sufrir menos. He dormido en la policía y en una oficina de turismo en Tierra del Fuego, del lado chileno. ¿Como no te van a ayudar cuando te ven viajando en bicicleta con estas condiciones climáticas? No les queda otra, y aparte porque te admiran. La gente en esta región del planeta te ayuda, como lo es en Mongolia o en Tíbet, donde el clima es extremo. También me recibió linda gente en Rio Gallegos y Río Grande donde pude quedarme un par de días. Gracias a Dios, porque en los días siguientes llovió y hubo viento superior a los 50 km/h. Y claro que me tocó la carpa, esa que está siempre ahí, cuando todo falla, porque te cogió el viento, la lluvia, o simplemente porque fue imposible llegar a destino. Allí un buen equipo es el que te salva, mi bolsa de dormir es de 15º bajo cero, se la cambié al Biciclown cuando me lo crucé en Mongolia. El venía del Tíbet y yo iba hacia allá con una bolsa de 5º bajo cero. “Pasarás frío” me anticipó, y me la cambió. Es la providencia que se manifiesta en el camino, siempre lo supe. Como aquella mañana en la infinita recta de la pcia de Santa Cruz. Había arrancado a las 06.00 am porque no había viento, el sol ni siquiera había salido, hacía un frío de coño y a la media hora ya tenía los dedos de los pies congelados. Hasta que de repente un auto me pasa y se detiene. Era Martín Gamboa para invitarme unos mates. Bendita Providencia!

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Tierra del Fuego, el fin del mundo

Camino a Toluim me encontré con Laurent que venía de Chile. Éste también es de los duros, como todos los que pedalean por aquí. Todos van con su cocina, su comida contada a rajatablas y su fuerza interior que los hace avanzar contra ese clima hostil característico de la Patagonia. Esto no es para cualquiera, mi respeto a cada uno que ha transitado por estas rutas en bicicleta.

12Una vez en Toluim fuimos a la panadería “La Unión”, famosa entre los cicloviajeros que recorren la Patagonia, porque su dueño, Emilio alberga a cuanto ciclista pase por allí. Los primeros dos que llegan duermen en cama, si están libres. Los otros se tiran en el piso en un gimnasio que está disponible para sus empleados. Pero no importa, al fin y al cabo es un lugar bajo techo, con baño y hasta donde uno se puede cocinar. Y encima gratis, hasta facturas te traen en la mañana, y en mi caso Emilio me dio hasta la merienda para que me lleve en el camino. Cuando nosotros llegamos había otros 12 ciclistas. El tipo tiene un corazón gigante. Pero más allá de su bondad, Emilio es un loco lindo. En abril de 2018 terminará su proyecto que representó caminar 4.255 km uniendo La Quiaca – Ushuaia. “El objetivo será concientizar a la gente sobre dos causas: “Basura Cero” y “Malvinas”, me dijo.

Los últimos km hacia Ushuaia fueron de una belleza impactante. Tierra del Fuego posee unos paisajes espectaculares.

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La llegada a Ushuaia fue conmovedora, por fin alcanzábamos el otro extremo del continente.  Laurent y yo habíamos partido en el verano 2012 desde Norteamérica. El francés inició su viaje en el extremo norte de Canadá que representó el inicio de su vuelta al mundo en bicicleta. Yo partí de Alaska con el fin de recorrer el último continente en mi vuelta al mundo en bicicleta. En mi caso fueron más de 55.000 km para los que precisé 57 meses, casi 5 años. Que lo parió! Casi 1.000 km por mes, un número extraño si se tiene en cuenta que en la última semana recorrí 940 km.

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Lo que éste número no refleja son las paradas; que en muchos casos se tornan lo más interesante del viaje. Y más si estas envuelven una historia de amor. Y en este continente los tres grandes amores del viaje estuvieron presentes, uno italiano, uno mexicano y uno brasilero. Pero eso es un capítulo aparte que seguramente contaré en el libro. Pero es obvio que los besos y las caricias son mucho más apasionantes que la mejor de las rutas. De no haberme subido a un proyecto como el de dar la vuelta al mundo en bicicleta, seguramente que hubiese terminado con esposa e hijos, trabajando quien sabe dónde y de que. Créanme que la renuncia es la cualidad que más he desarrollado. Tal vez la más difícil de todas. Y claro que mi egoísmo fue también el que me ha llevado a terminar el viaje, soltero y sin hijos. Bien Pablito!!!!

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A nuestra llegada a Ushuaia, Laurent fue recibido por Javier, un boliviano que al consultarle no dudó en abrirme las puertas de su casa. Una vez más me convenzo de que los bolivianos son buena gente. Forjamos una linda amistad, tanto como para que Javier se compre una bicicleta para pedalear con nosotros al parque nacional Lapataia, y para que unos meses después estuviese en el Obelisco el día de mi llegada. Una semana nos quedamos en su casa, trabajando en la computadora, descansando y en mi caso vendiendo el documental en el centro de la ciudad, donde vendí más de lo que imaginaba. Bien Ushuaia.

17Tras una muy buena estadía en la ciudad más austral del mundo Laurent regresó a Francia a buscar más sponsors y organizar su etapa venidera. En tanto yo volé a Bariloche y luego me fui al Bolsón, donde me instalé para unas mini-vacaciones en una de las cabañas de mi hermano con mi chica, que vino de Brasil, y a quién tuve que enseñarle a andar en bicicleta. El colmo!

 

Si deseas conocer más acerca de mi viaje, consigue el Documental: Pedaleando el Globo